Más de 5 años de mi vida han transcurrido por encima del paralelo 56ºN, como emigrante en Escocia por motivos de trabajo. Esta fue una buena ocasión para descubrir las míticas Highlands, las Tierras Altas, unas montañas tan antiguas como remotas. A diferencia del resto del Reino Unido, la densidad de población en Escocia es relativamente baja, y la mayoría se concentra en el Central Belt, la franja delimitada por Edimburgo al Este y Glasgow al oeste. Más hacia el norte, al otro lado del Muro de Antonino, otrora el límite septentrional del limes romano, habitaban las indómitas tribus de los pictos. Este carácter salvaje permanece en las Tierras Altas, donde las ciudades se concentran en la periferia, bien en la resguardada costa oriental (Aberdeen, Dundee, Inverness) o en el piedemonte meridional, al borde de los grandes ríos navegables Forth y Tay (Stirling y Perth), dejando el interior casi despoblado. La Falla del Great Glen, entre Inverness y Fort William, es un accidente geológico de primera magnitud (el Lago Ness se encuentra contenido en ella) que divide en dos las Tierras Altas: los Montes Grampianos, al este, y las North West Highlands, al noroeste. Estas dos regiones concentran casi todos los Munros de Escocia.

¿Qué que es un Munro? Empecemos por quién era el tal Munro.

Sir Hugh Munro, cuarto Barón de Munro y autor de la primera lista de picos escoceses de más de 3000 pies. By Alistair Munro – https://www.scotsman.com/200voices/innovators/sir-hugh-munro-scotlands-mountain-hero/, Public Domain, Link

Como todos sabemos, el alpinismo moderno nació con la Ilustración y se desarrolló a lo largo del siglo XIX como una mezcla de ejercicio espiritual aristocrático y exploración científica. Durante la segunda mitad de este siglo aparecen los primeros clubes de montaña, siendo pionero el Alpine Club británico, fundado en 1857, y seguido a los pocos años por los de otros países orográficamente más favorecidos, como Austria, Italia o Alemania. Sir Hugh Munro nació en Londres meses antes de la fundación del Alpine Club, y tras su traslado a las posesiones familiares en el Angus escocés no tardó en descubrir los placeres de las caminatas por las inmensidades desoladas de los vecinos Cairngorms. Viajó extensamente por el mundo y fue uno de los miembros fundadores del Scottish Mountaineering Club en 1889, pero si por algo se le recuerda es por su lista de los picos escoceses de más de 3000 pies (914,4 m), con una prominencia mínima de 30 m sobre su collado más elevado. Publicada en 1891, supuso una sorpresa, ya que hasta entonces se creía que sólo existían 30 picos con tales características, en vez de los 283 que Sir Hugh había identificado, y de los que prontamente se convirtió en epónimo. Desde entonces, con la mejora de los instrumentos de medición, la lista ha sufrido sucesivas adiciones y sustracciones, para acabar fijada en los 282 actuales. Esta lista ha supuesto un acicate cada vez mayor para los excursionistas locales, ansiosos de incorporarse al club de los compleatists, la élite de aquellos que han pisado todas y cada una de las cimas y de la que, curiosamente, Sir Hugh no forma parte…

Mi lista personal de Munros visitados, en azul, 149 del total de 282. Del sitio walkhighlands.co.uk basado en cartografía OpenStreetmap https://www.openstreetmap.org/

Existiendo tal elenco, y con la ayuda de libros, mapas, y el utilísimo sitio web de Walkhighlands, era inevitable caer en la tentación, y descubrir las montañas escocesas guiado por la mágica lista y el espíritu del buen tachamontes. Por motivos de cercanía, y es que en Escocia las distancias son grandes, no sólo caminando, sino también en lo referente a horas de coche, los Cairngorms han sido mi terreno de juego favorito. Lugar remoto y con un encanto muy particular, pero que queda para futuras entradas del blog. En esta ocasión nos encaminamos a una de las principales atracciones turísticas de Escocia, Glencoe.

Glencoe, una de las maravillas naturales de Escocia. Foto del National Trust for Scotland. https://www.nts.org.uk/visit/places/glencoe

El visitante que recorre la A82, desde Glasgow hacia Fort William, una vez ha superado Bridge of Orchy, se encuentra frente a un violento cambio de paisajes. Se ha bordeado el Loch Lomond y atravesado las Highlands meridionales y súbitamente las montañas desaparecen. Durante unos kilómetros la carretera atraviesa el extremo sur de un paraje singular, el Rannoch Moor. Una vasta planicie pantanosa, una extensión inacabable de brezales y turberas donde no vive nadie y donde no penetran otras carreteras que ésta. Y al oeste, hacia donde nos dirigimos, surgen nuevas montañas con un perfil diferente, picos de aristas vigorosas que se elevan bruscamente a derecha e izquierda del valle que recorre la carretera, buscando el Atlántico en Ballachulish, apenas unos kilómetros más abajo.

Los Highlands son montañas muy antiguas. Hace 450 millones de años la orogenia caledoniana dio lugar a una cadena montañosa de más de 5000 km de largo cuyos restos vemos hoy en Escocia, Irlanda, Noruega, Groenlandia y el noreste de Norteamérica. Los sedimentos submarinos fuertemente metamorfizados por el calor y la presión durante esta orogénesis forman la roca base del Glencoe, que sin embargo.. es un volcán. Volcán surgido hace unos 400 millones de años, y en el que el colapso de la bóveda de la cámara magmática originó la caldera que formó este glen. Como curiosidad, fue éste el primer caso reconocido de caldera volcánica en rocas de semejante antigüedad. Los restos del edificio volcánico constituyen ahora las montañas que enmarcan este estupendo valle, y cuyo relieve abrupto ofrece una abundancia de vías de escalada de la que pocos otros lugares en Gran Bretaña pueden presumir. Para que nada falte existe también aquí, al inicio del paso llegando desde el interior, una pequeña estación de esquí aún en funcionamiento.

Volviendo a la escalada, existe en Escocia una particular trinidad de crestas, aéreas, vertiginosas y que suman a la satisfacción deportiva el goce estético. Todas ellas accesibles al caminante que sin ser experto escalador, posea pie firme y ausencia de vértigo. La reina indiscutible es la cresta de Cuillin, en la isla de Skye, que normalmente se recorre en un mínimo de dos días y presenta dificultades técnicas significativas. Las otras dos son An Teallach, en el remoto noroeste, y la que nos ocupa ahora, Aonach Eagach, nombre gaélico que significa «cresta mellada». No sin motivo. Se extiende a lo largo de 9 km desde la Devil’s Staircase al este hasta el Pap of Glencoe al oeste, si bien desde el punto de vista alpinístico se suelen considerar los aproximadamente 3 km desde la cima de Am Bodach, pasando por el Munro Meall Dearg y hasta el Sgorr nam Fiannaidh. Es un tramo de arista afilada, a veces muy estrecha, frecuentemente expuesta, erizada de torres y pináculos que, salvo algún rodeo ocasional, deberemos superar uno tras otro. Una vez emprendida, no hay vías de escape seguras hacia ninguna de las dos vertientes, factor a tener muy en cuenta en caso de mal tiempo o si la travesía se acomete en condiciones invernales, cuando puede requerir técnicas alpinísticas en sentido estricto. En condiciones normales, las trepadas (y destrepadas) son fáciles, sobre roca (andesitas y riolitas fundamentalmente) con buen agarre. Yo realicé la travesía en Octubre de 2014, con buen tiempo y poca gente en la cresta. La combinación de sol otoñal, vastos horizontes y el silencio sólo roto por la berrea de los ciervos en el fondo del valle, acompañó a una salida divertidísima, con la dosis justa de adrenalina para disfrutar plenamente de la montaña. Uno de mis mejores días, sino el mejor, en las montañas escocesas, pese al inconveniente logístico de tener que volver a recuperar el coche por la carretera asfaltada de Glencoe. La ruta que seguí fue la más habitual, atraversando de este a oeste y descendiendo para rodear el Pap of Glencoe hasta alcanzar la carretera. Unos 16 km y 1100 m de desnivel en ascenso.

Mi ruta partiendo del aparcamiento de las Three Sisters hasta las inmediciones del Albergue de Juventud de Glencoe. Regresé a pie por la carretera trazada en amarillo hasta enlazar con la A82, en verde. Mapa Ordnance Survey extraído de Walkhighlands. Contains Ordnance Survey data © Crown copyright and database right 2013 http://www.walkhighlands.co.uk https://www.ordnancesurvey.co.uk/

Siendo Glencoe un lugar de alta densidad turística, abundan los aparcamientos a lo largo de ambos bordes de la carretera. No siempre es fácil acertar con el layby apropiado para la ruta que queremos emprender. Para la Aonach Eagach deberemos buscar uno de dimensiones bastante reducidas, a la derecha llegando del interior, 300 m después de cruzar el torrente Allt-na-Reigh («unión de las tres aguas»). Coordenadas 56°39’59.8″N 4°58’56.6″W. Conviene llegar pronto porque el aparcamiento se llena rápido, y además así minimizaremos el riesgo de atascos y aglomeraciones en la cresta.

El camino, bien marcado aunque estrecho y muy empinado, arranca en el extremo oriental del aparcamiento. Esta es otra de las características de las montañas de Glencoe que lo hacen asemejar a nuestro Pirineos o Cordillera Cantábrica, o a los Alpes. No es necesaria una aproximación de muchos kilómetros por el fondo de los valles antes de comenzar la ascensión propiamente dicha, como es común en los Montes Grampianos. Aquí aparcas y el camino empieza a trepar de inmediato, sin pausa hasta la cumbre. Hoy en cambio la cumbre no es el objetivo, sino su acceso. Nuestro primer objetivo son los 943 m de la cumbre de Am Bodach, secundaria del Munro principal Meall Deargh. Para llegar aquí tendremos dos alternativas. Una bifurcación al poco del inicio nos permite elegir entre el sendero más breve y pendiente, a la izquierda, y el más cómodo a nuestra derecha. Sin mayores complicaciones técnicas llegamos a la cumbre, y es aquí donde comienzan las primeras emociones. El paisaje se abre sobre todo Glencoe y sobre una de las aristas que se precipita en el vacío observamos el característico espolón llamado The Chancellor. Nosotros abandonamos esta cumbre por un camino bien marcado hacia el noroeste, que se interrumpe súbitamente sobre un cortado vertical que hay que destrepar. Desde arriba impresiona. Se trata de una serie de lajas lisas, con importante exposición, que vistas desde abajo se asemejan al espinazo de un animal prehistórico. Se ataca con pie firme y mucha calma; si no está húmedo se hace sin demasiados problemas. Una vez abajo reaparece el camino que nos conducirá, sin demasiados problemas, a la cumbre del Meall Dearg (953 m). Hasta aquí lamento no poder mostrar fotos, las tenía pero se perdieron en infortunadas circunstancias…

Inicia el descenso por un camino bien marcado, ahora vemos toda la cresta hasta el Sgorr nam Fiannaidh. Penachos errantes de niebla ocultan ocasionalmente la vista.

Cresta desde el Meall Dearg
Avanzando y acercándonos a la chimenea

Tras un primer tramo sin apreciables dificultades, llegamos a uno de los pasos más famosos de la cresta, una chimenea vertical de 15 m que asusta un poco, pero cuya escalada es fácil y muy divertida.

Sí, hay que subir por aquí…

Continuamos hacia arriba por la cresta, por el sendero bien marcado, sin grandes dificultades y gozando de buenas vistas.

La vertiente contraria de Glencoe y más allá.

Y a continuación entramos en el paso clave de la ruta, los «Crazy Pinnacles», una sucesión de trepadas y destrepadas emocionantes, menos difíciles de lo que aparentan. Hay que estar atentos, hacer algún movimiento acrobático y mover bien los pies, eso sí. Un montañero con chaqueta azul iba delante de mí y puede servir de referencia para adivinar los pasos.

Crazy Pinnacles. Toca subir.
Siempre arriba.
El montañero azul nos marca la vía.
No way out of the ridge.
Se pasa entre la cumbre y el espolón a la izquierda.
Otra torre a superar.
Observado desde lo alto.
Las últimas dificultades.

Según vamos coronando las sucesivas torres, la silueta del Sgorr nam Fiannaidh se va acercando. Un insidioso destrepe vertical que obliga a una maniobra un tanto forzada marca el final de las verdaderas dificultades. A partir de aquí la cima poco individualizada del Stob Coire Leith es nuestro próximo objetivo.

Acercándonos al Stob Coire Leith, detrás el Sgorr nam Fiannaidh.

Después de esta antecima, sólo nos queda la cómoda subida por buen sendero hasta el segundo Munro del día, el Sgorr nam Fiannaidh (967 m), punto más alto de la cresta. Desde aquí el valle de Glencoe y la A82 aparecen muy próximos. Una opción sería dejarse caer por las pendientes de derrubios y hierba, directos al glen. Sin embargo, las guías desaconsejan esta opción, parece que el terreno sumamente inestable y resbaladizo ha provocado bastantes accidentes, algunos mortales. Otra opción para el regreso es darse la vuelta por el mismo camino. Pero no quedan muchas horas de luz y no es plan rehacer la cresta con prisas. Decido entonces volver por la vía más segura, también más larga. Continuar hacia el oeste por sendero, bordeando la curiosa bóveda del Pap of Glencoe, para salir al asfalto a las afueras de la localidad de Glencoe.

Apenas iniciado el descenso del Sgorr nam Fiannaidh, vista hacia el fiordo del Loch Leven. En la orilla sur se intuye la pequeña localidad de Ballachulish.

Descenso cómodo, gozando del día y con la satisfacción de haber completado la mítica cresta de Aonach Eagach. Me tomo con calma la larga caminata por el asfalto de vuelta al coche. Días así merecen la pena, sin duda. Escocia luce hermosa bajo el sol.

Una respuesta a «Aonach Eagach, vértigo en Escocia»

  1. […] hablé extensamente en una entrada anterior acerca de las maravillas del Glencoe, ese valle flanqueado por dos majestuosas cadenas de […]

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