Una excursión antigua, otra más de la prolífica estación 2007. Día 4 de Noviembre y las primeras nieves ya han cubierto las cumbres. Ascensión solitaria en el sector más solitario de los Alpes. Occitania profunda, valles de viejos burgos despoblados. Los cuatromiles quedan lejos, así como los senderos de gran recorrido más populares y las estaciones de esquí. El Monviso al norte actúa como imán de masas en estas tierras del Piemonte Occidental. Por el lado francés el Parque del Mercantour goza de una cierta popularidad. Pero estos son los dominios de los viejos oficios, de una ganadería que también está en regresión, y más recientemente, del lobo que ha vuelto a enseñorearse de estos parajes. Tienen una belleza única estas montañas, y este cordal fronterizo erizado de picos de más de 3000 m se asemeja sorprendentemente a ciertas zonas del Pirineo Central.

La ruta GPS que enlazo está realizada sobre mapa y es la correcta, pero no es exactamente la misma que yo seguí. Aquella salida la realicé sin GPS, sólo con mapa y brújula, a la antigua.
El objetivo original de esta salida era realmente el pico Mongioia, de 3340 m. Estamos en los alpes cozios meridionales, y desde esta montaña hasta el mar ya no hay picos más altos, con la excepción del Chambeyron, con sus 3400 m largos. Como comentaba, el lugar es atractivo y apartado de los senderos más trillados. Al norte, el Monviso, el Pelvoux y los Ecrins se llevan todo el protagonismo. Al sur, los Alpes marítimos y el Mercantour se han puesto bastante de moda últimamente. Para llegar hasta aquí es preciso llegar casi hasta aproximarse a Cúneo, remontar la ValVaraita, pasando por Sampeyre, y a la altura de Casteldelfino, al pie de ese coloso del ciclismo llamado Colle dell’Agnello, coger a la izquierda la carretera que remonta el valle del Varaita hasta el final del asfalto en la aldea de Sta. Anna di Bellino. Todo este valle es muy sombrío, y la despoblación lo hace aún más deprimente. Todo estaba cubierto de nieve e hielo. 1800 m de altitud. Echo a andar entre sombras, pero ya muy próxima se vislumbra la luz…


Y de pronto el valle se abre. Luz y calor por fin. A mi izquierda las caras norte de las montañas están congeladas. Yo en cambio debo subir por una ladera sur, y en este primer tramo casi no hay nieve.

La ascensión se divide en 3 tramos bien definidos. El primero es de muy fuerte pendiente que nos conduce hasta el valle suspendido de Riu, un verdadero «paraíso pastoral». Aquí hay muy poquita nieve.

Aquí hay una escuela de escalada, con vías hacia este curioso picacho.

Comienzan a aparecer las montañas del cordal fronterizo con Francia, en la región del Ubaye. Esa casita que se ve al fondo es una de las bordas pastoriles que jalonan el Val de Riu, y que marca el final de la primera parte de la ascensión.

Hela aquí, más de cerca. Estamos a 2430 m y ya vemos aparecer la nieve. Según remontemos el falso llano del valle de Riu encontraremos más y más.

El camino transcurre junto al río. En mitad del valle me detengo y miro atrás.

Y llego al final de esta segunda etapa. A unos 2550 m aparece el cruce que a la derecha me llevería hacia el paso de Fiutrusa, que comunica con el val de Chianale, al norte…

..y a la izquierda, el que a mí me interesa.

Hay que remontar un escarpe por la izquierda del río, según se sube. El camino está bastante bien marcado y no presenta demasiada dificultad, pese a la presencia de nieve a tramos. A la derecha, al fondo, está el monte Salza, detrás de ese otro pico destacado que parece (pero no es) más alto.

Superado el resalte, se sigue remontando el río, que permanece a nuestra derecha. Ya todo está cubierto de nieve y hay alguna huella. Aquí comienzan los problemas de orientación. El Mongioia estaría a la izquierda y el Salza a la derecha, pero a mi izquierda sólo veo canales nevadas sin rastro de camino. Así que me voy manteniendo por el recorrido más intuitivo, por la derecha, que es además por donde van las huellas. A 2800 m de altura me detengo a disfrutar del paisaje.

Subo y subo. Sé que no debo tirarme muy a la derecha, pero sólo consigo meterme por una zona de bloques grandes que me hace perder tiempo y fuerzas. Pues nada, todo por la derecha, que parece el camino bueno, que debería llevarme al paso Mongioia, con su refugio y su laguito, a 3080 m. El problema es que según mi altímetro ya he superado esa altura y sigo subiendo. ¿Donde está el collado? Cuando el aparato me marca unos 3200 m por fin parece que llego a la cresta. Bien, esto es un collado. Si es el que busco, el Mongioia estaría al norte, a mi derecha. Pero resulta que no, que está a mi izquierda…

Si quiero coger la vía normal debo llegar hasta el lago, que está helado, y el pequeño refugio, que se distingue sobre la cresta a la izquierda. Hay huella hasta allá, así que esa persona ha tenido la misma «confusión» que yo. No está muy lejos, pero ando ya apurado de tiempo y no me sobran las fuerzas. Justo a mi derecha hay un pico bien destacado, con cruz. Una pendiente empinada, pero está aquí mismo. Ese tiene que ser el Salza, de 3326 m y al norte del Mongioia. Vamos a por él, que también merece la pena.
En plena subida hay que tomar resuello, y una fotico…

Y ya estamos arriba…

Las vistas son grandiosas. Dirección noreste, tras la llanura, cubierta de niebla, se adivinan los altos Alpes.

Dirección sureste. Estos son los Alpes hacia el Mediterráneo. Imponentes.

Hacia el sur, siguiendo la cresta, el Mongioia. Que queda para otro día.

Hacia el suroeste, ambiente más seco. Se vislumbran los Alpes Provenzales.

Hacia el noroeste, los cordales que rodean el colle Agnello (se ve el trazado de la carretera internacional) y más al fondo, los potentes glaciares de los Ecrins, los cuatromiles más meridionales de la cadena.

Y finalmente, hacia el Norte, el Rey de los alrededores. El Monviso, que con sus 3841 m fue considerado en tiempos el pico más alto de los Alpes, dada su gran prominencia, que diríamos ahora.

Va siendo hora de bajar. Desciendo al collado. Son ya las 14.30 y aunque me encantaría hacer el Mongioia, me convenzo de que no hay tiempo. Empiezo a bajar por donde he subido. Hago una foto con mi conquista del día en primer plano.

Empieza a caer la sombra sobre mi camino, situado en una ladera Este, aunque el valle del Riu allá abajo permanece soleado aún.

Es decir, que tampoco puedo perdr mucho tiempo, ya que me queda bastante camino. Desciendo, pues, sin prisa pero sin pausa. Bueno, hice una pequeña parada para comer algo en mitad del valle del Riu, ya totalmente en sombra. El frío de Noviembre se dejaba notar. Por fin llegué al final de este valle, que acaba haciéndose muy largo, sobre todo con la nieve blanda, y cogí el camino, que ya sobre seco, desciende decidido hasta Sta Anna. Ya quedaba poca luz en el ambiente…

… pero llegué al coche con los últimos rayos de luz crepuscular, sin tener que desenfundar la frontal. Pese a haber tenido que cambiar de objetivo, fue una excursión sumamente satisfactoria. Ya «sólo» quedaban casi tres horas de conducción de vuelta a casa…




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