El Rocciamelone es un monte popularísimo situado sobre la ciudad piamontesa de Susa, muy cerca de la frontera francesa, pudiéndose acceder por el Túnel de Frejus y los puertos de MontCenis y MontGenevre. Por su situación, altitud y sencillez técnica es un pico idóneo como aclimatación para los cuatromiles, muy cercanos, del valle de Aosta.
Durante siglos se le consideró el pico más alto de los Alpes. Seguramente algo tendría que ver el tremendo desnivel que eleva desde la ValSusa, más de 3000 m a pico sobre esta antigua ciudad romana. Esto no desanimó al noble Bonifacio Rotario, obispo de Asti, que el 1 de Septiembre de 1358 ascendió a la cumbre para agradecer a la Virgen el haber salido vivo del cautiverio sarraceno durante las Cruzadas. Como prueba de tal agradecimiento cargó hasta la cima una estatua votiva de Nuestra Señora. Al amigo Rotario se le considera el fundador del alpinismo, y de paso de la tradición de adornar las cumbres con imaginería religiosa variada. La estatua de Rotario está ahora en la iglesia de Susa, pero no por ello la cumbre ha dejado de ser una de las más humanizadas de los Alpes.
Bueno, pues a diferencia de Rotario yo tengo coche, y me aprovecho de la carretera/pista que desde Susa sube hasta un aparcamiento a 2100 m, con lo que me ahorro más de la mitad del desnivel. Cosas del progreso… Hace un día espléndido, soleado, templado, con una brisa fresca que mitiga el calor de este 23 de Junio de 2007. Estoy a pocos minutos del Refugio de la Riposa. Pese a ser sábado, hay poquísima gente en la montaña. Esto ya se adivina con sólo ver los pocos coches que hay…

Son las 11 de la mañana. Empiezo a subir una fuerte pendiente, entre prados con algunos pinos aislados.

Y voy divisando mi objetivo. El Rocciamelone es el pico más a la derecha. Justo a su derecha, la antecima, y bajo ese espolón rocoso a la izquierda se encuentra el refugio Ca d’Asti (2854 m), mi primer objetivo.

Me cruzo con una sola persona que desciende, llegando al refugio en 55 minutos. Voy rápido y me siento bien. Desde aquí se ve la pirámide del Monviso, hacia el sur.

Esta ermita de planta circular se encuentra a pocos metros del refugio, que aún permanece cerrado. El próximo fin de semana abre, y con ello aumentará la afluencia.

Tras un breve descanso y un trago de agua, echo una ojeada a lo que me queda. El camino se mete en la pedrera, primero va todo hacia la derecha, traza un zigzag para volver hacia el collado a la izquierda de la antecima y allí vuelve a girar a la derecha, para alcanzar primero la antecima, también llamada La Crocetta por esta cruz de hierro.

Sólo quedan 200 m de desnivel hasta la cumbre. Ahora el camino se introduce por la vertiginosa cara Este, subiendo en zigzag hacia la cumbre.

Este tramo es técnicamente un pelín más complejo que lo que he hecho hasta ahora, y hay algunas cadenas que aseguran los pasos expuestos. Pese a los restos de nieve, me parece mucho menos fiero de lo que dicen las guías. Quizá enfatizan el «peligro» de este tramo porque hay mucha gente sin experiencia en montaña que sube a este monte. Sea como sea, a las 2 horas y 5 minutos de haber salido del parking, estoy en la cumbre. he subido muy rápido y estoy contento.

En esta cima hay muchas cosas, vayamos por partes. Primero, el hito de cumbre y una mesa de orientación, cubiertas por la nieve.

El Refugio Santa María, siempre abierto, aunque también medio sepultado.

Naturalmente, no falta una gran estatua de la Madonna (colocada hace un siglo), y la cruz.


Y un busto del rey Vittorio Emmanuele II, montañero, cazador, ecologista a su modo…

Ahora miremos a nuestro alrededor. Hemos subido por la cara Sur, limpia de nieve. Sin embargo, la cara Norte está ocupada por un glaciar, que en esta época del año aún luce esplendoroso.

Hacia el Oeste vemos el paso de MontCenis, con su lago, y al fondo, los glaciares de la Vanoise.


Y bajando más hacia el sur distinguimos el macizo de Ecrins, con el Pelvoux (izqda.) y la trapezoidal Barre des Ecrins destacada.

Si miramos hacia el ENE vemos en el fondo del valle el lago de Malciussia. De allí arranca la otra vía normal italiana al Rocciamelone.

Comienzo a bajar volviendo sobre mis pasos. Desde la cima la cara Este, sobre Susa, impresiona.


Y aquí empiezan las cadenas que permiten asegurarse en el tramo más expuesto. Dan tranquilidad, sobre todo en los puntos donde hay nieve dura.


Y ya de vuelta a la Crocetta. Desde aquí queda una placentera y fácil bajada.

En la pedrera que sigue a la antecima evito los zigzags del camino bajando todo recto hasta el refugio Ca d’Asti. Desde aquí hacia abajo ya el camino es excelente y se disfruta a tope. Así, a las 15.00 llego al aparcamiento y me premio con un trago de este agua tan rica.

Uno de los tresmiles alpinos que más he disfrutado, probablemente el que más. El tiempo perfecto y la poca gente contribuyeron a una experiencia estupenda. En pocos días todo estaría mucho más concurrido, culminando en la romería de la Madonna del 15 de Agosto, una de las tradiciones más enraizadas en la cultura popular del valle.




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