En plena pandemia, y justo antes de que el gobierno de Cataluña nos confinara dentro de nuestros municipios, me escapé a disfrutar de un soleado día de otoño en uno de los montes más populares de Girona, un belvedere privilegiado sobre los grandes del Pirineo gerundense, como el Puigmal o el Bastiments, así como de todo el prepirineo desde la Sierra del Cadí hasta las últimas estribaciones de la cadena a orillas del Mediterráneo. Desde Bruguera o el Coll de Jou, en la carretera que une Ribes de Freser con Ogassa, el acceso es sencillo y por ahí suben la gran mayoría de excursionistas. Yo decidí acceder por el Norte, partiendo de Ribes de Freser, lo que me permitía gozar de una ascensión más solitaria y de mayor exigencia física. Interesantemente, esta es una excursión accesible en transporte público, utilizando el tren que une Barcelona con Puigcerdá y Latour de Carol. Un buen madrugón el día 24 de Octubre, y a las nueve pasadas llegaba sin novedades a la estación RENFE de Ribes.

Desde la estación me dirigí al centro del pueblo, caminando en paralelo al río. Las restricciones ya en vigor habían dejado un ambiente mortecino, y al pasar junto a la plaza del pueblo me alegró ver que se estaban montando algunos puestos del mercadillo, pero los bares se encontraban cerrados. Necesitaba desesperadamente un café, y seguí callejeando hasta las inmediaciones del la estación del cremallera de Nuria, donde finalmente encontré un bar donde me sirvieron un café que puede tomarme de pie junto a la entrada. Desde allí atravesé el aparcamiento de la estación buscando la ruta que sube detrás. Cruzando las vías y rodeando las instalaciones por la izquierda la pista entra en el monte y gira a la derecha para volver a pasar por encima de la estación, dejando a la izquierda el acceso al camping. A este paseo lo llaman de Santa Caterina y encuentro a mi izquierda una fuente de excelente agua y mucha tradición en la comarca, la de la Margarideta. Unos cientos de metros más adelante la pista continúa recta en dirección al centro del pueblo (por ahí pasaría a la bajada) y el ramal que debo seguir parte hacia la izquierda, junto a una nueva fuente, con otro giro de casi 180º subiendo decididamente a través del bosque. El terreno está embarrado.

Tras otros pocos cientos de metros, y tras tomar un breve atajo entre los pinos, reaparezco en un cruce con la pista donde hay un poste indicador. Para el Taga, seguir de frente. Da un tiempo de entre 2h40min y 3 h.

El camino sigue trepando por el bosque con fuerte pendiente, traza algunas curvas, pasa junto a un prado ganadero y se adentra en el bonito Bosc del Rei, donde las balizas nos indican la buena dirección, aunque en algún punto se vuelve más confuso.


Antes de emerger a un collado más abierto con intersección de pistas, hay que buscar una traza que sube hacia la derecha.

Se sale a un cruce de pistas, hay que proseguir por la que sube, hacia la derecha.


La pista prosigue con algunos zigzags, alternando bosque y zonas más abiertas. El paisaje otoñal es sugestivo.



Llegando al Plan de la Macana, abandonamos la pista principal que sigue hasta Bruguera y atacamos la pendiente dura que nos conduce, casi en línea recta, a la cima. Estamos a poco más de 1400 m y nos quedan otros 600 m de desnivel hasta arriba.


El camino a tomar está claro, recto hacia la cumbre. Al principio se tiende un poco a la izquierda, buscando una alambrada que nos sirve de referencia. El sendero, ahora bastante más estrecho atraviesa los prados antes de entrar en un bosque rado.

En este segundo sector de la excursión la pendiente no da tregua y se va ganando altura rápidamente. Nos dirigimos a un primer hombro bien visible desde el collado.


Una vez alcanzado el hombro, la arista norte del Taga se nos manifiesta sin obstáculos. Hay que remontar las praderías, junto a la alambrada, hasta coronar la antecima. No puedo evitar advertir la similitud del paisaje con la de las colinas escocesas. Una montaña herbosa y muy pendiente, el sendero embarrado, la alambrada que sirve de guía durante la escalada…

Meto buen ritmo y remonto la empinadísima ladera. A medio camino me detengo y disparo una foto a la cresta, que ya se va distinguiendo mejor.

Finalmente llego al final de la cuesta, donde el terreno se vuelve algo más rocoso y hay algún paso donde se pueden usar las manos. Se llega a la discreta antecima, donde hay que cruzar a la izquierda de la alambrada para coger el senderillo que en suave subida me depositará en la cima, con su buzón y su vértice geodésico. Mientras que por esta vertiente he subido solo, la cumbre está ya abarrotada por la gente que ha llegado por la mucho más breve cara sur.


Llego a la cumbre sobre las once y media, 1h 56min después de haber salido desde el bar cerca de la estación de cremallera. He subido a muy buen ritmo para salvar los 1100 m de desnivel desde el valle. Estoy contento, después de que en las últimas semanas el mal tiempo me hubiera frustrado dos salidas al Pirineo Aragonés, a Ordesa y los Picos del Infierno. El fin de semana sucesivo me espera otra salida, nuevamente a los Infiernos, y las sensaciones son buenas. Me siento a almorzar con calma, y después me dedico a la fotografía. Las panorámicas desde aquí son excelentes, con la cadena axial y los gigantes Puigmal y Bastiments, el Cadi y las sierras prepirenaicas.








Después de casi una hora de disfrutar en la cima, con buena temperatura y mejor panorama, regreso por el mismo camino, con la intención de pillar el tren de las dos y media. Al inicio de la arista norte, me paro para tirar la foto. La pendiente es efectivamente fortísima.


Durante el descenso hasta la pista voy corriendo casi todo el tiempo, intentando, y consiguiendo, no caerme. Una vez alcanzada, bajo con más calma volviendo sobre mis pasos. En una breve parada, controlo la actualización diaria de datos del coronavirus. Son muy negativos, y ya voy asumiendo que la salida del próximo fin de semana a Pirineos tampoco va a poder ser. Efectivamente, entre el lunes y el jueves se suceden el cierre de la comunidad de Aragón y la de Cataluña. Cuando llego a Ribes, cinco horas escasas después de salir, aprovecho para disparar una última foto a este monte estupendo. Que por desgracia es hasta fecha de hoy mi última ascensión. Qué bonita era la libertad, y cómo se echa en falta cuando te la arrebatan. Habrá que ver si la recuperamos algún día. En esas estamos.




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