1 de Agosto. Tentativa al Obergabelhorn (4063 m; 850 md).

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Rutas normales a la Zinalrothorn y el Obergabelhorn, desde la Rothornhütte.

Pirámide de cuatro aristas, ascendida por primera vez por Jakob Anderegg y Horace Walker en 1865, por la vertiente este. La vía normal (AD-, hasta II+ en roca en la Wellenkuppe; pendientes de hasta 50º en la arista de nieve final), que seguiremos, transcurre por la Arista NE, pasando por la Wellenkuppe (3900 m). Mismo material que para el Zinalrothorn, añadiendo algunos tornillos de hielo para asegurar en la arista de hielo final.

El día siguiente partimos un poco más tarde en dirección al Obergabelhorn. Se sale del refugio en dirección contraria a la del Zinalrothorn. Empezamos pisando morrenas y pronto tenemos que ponernos los crampones para atravesar el Triftgletscher, describiendo un amplio arco en torno al circo. En el último tramo, ya con considerable pendiente, aparecen algunas grietas considerables, pero fácilmente evitables, antes de salir al panorámico hombro nevoso sobre la rocosa arista E de la Wellenkuppe. Aún no son las siete de la mañana, hace un sol estupendo y el Cervino y el Monte Rosa lucen próximos.

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El Cervino dominante, con la Dent d´Herens a su derecha.
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La cúspide nevosa de la Wellenkuppe.

Si bien la estampa habitual de la Wellenkuppe (3903 m), es la una cúpula alba, la escalada en roca más seria del día nos la encontramos precisamente ahora, debiendo remontar la arista este. Se inicia flanqueándola por la izquierda, y siguiendo por un corredor se pasa a la arista, que recorremos durante unos 100 m hasta una cabeza rocosa que debemos rodear por la izquierda. La escalada no pasa de II+ y hay seguros instalados a lo largo de la ruta. Subimos a base de largos, con Garo asegurándonos. Pese a ello, hoy no me siento muy a tope físicamente y avanzo con alguna dificultad, aunque nada comparado con los apuros de la Binerplatte el día anterior.

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Primer tramo de la escalada, el rellano del que hemos partido se distingue bien abajo.

En las inmediaciones de la mencionada cabeza rocosa hacemos una breve parada. Después continuamos a lo largo de la arista, con abundantes placas, hasta llegar al límite de la nieve, no lejos de la cima.

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Escalando por placas en la segunda parte de la arista rocosa.
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Descanso una vez finalizada la escalada. Detrás de nosotros, el Zinalrithorn y el Weisshorn.

Aquí nos tomamos un nuevo descanso para comer algo y volver a ponernos los crampones. En poco tiempo estamos en la cima de la Wellenkuppe y contemplamos el majestuoso Obergabelhorn por primera vez. Contrariamente al día anterior, cuando la nieve dificultaba la escalada sobre roca, empezaba a intuir que aquí el problema podría ser el contrario, el hielo duro aflorando en el inclinado y sumamente expuesto tramo final. Bajamos brevemente por una cómoda ladera hasta coger la arista de nieve, que se estrecha gradualmente hasta el pie del Gran Gendarme, un afilado diente que se interpone en nuestro paso y que debemos superar casi hasta su cima. La escalada, que llega a III, está muy bien protegida con anclajes y cuerdas fijas, y disfruto mucho más que en la arista de la Wellenkuppe.

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En plena escalada al gran Gendarme. Abajo al fondo nuestra huella sobre la nieve.
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Saliendo de la escalada del gran Gendarme.

Una vez superado el Gran Gendarme, la arista vuelve a ser nevosa, con cornisas a la izquierda y una caída vertiginosa a la derecha. Hay que proceder con precaución. Tenemos huella, y delante de nosotros distinguimos a una cordada que ya encara la última pared helada que conduce a la cumbre. No obstante, la nieve a tramos está dura, hay que pisar con determinación y autoasegurar bien con el piolet.

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Atravesando la arista de nieve en horizontal. De fondo el Gran Gendarme y la Wellenkuppe.

Tras un tramo más o menos horizontal, iniciamos el ataque de la rampa final. La nieve cada vez está más dura, la inclinación crece y a veces hay que progresar clavando las puntas delanteras de los crampones. La cordada que nos precede va abriendo huella con gran lentitud. Siempre he sido más solvente técnicamente en hielo que en roca, pero aquí huelo el peligro. Hacemos una parada, asegurándonos a distancia unos de otros, y discutimos qué hacer. Yo planteo que deberíamos darnos la vuelta. La nieve está muy dura, y más arriba se adivina hielo vítreo entreverado de rocas inestables. Susana acepta inmediatamente. Garo también, no sin antes preguntar si estamos seguros de nuestra decisión. Nos ve en condiciones de llegar y se comporta profesionalmente, pero creo que él también tiene muchas ganas de hacer cima por puro placer. No es esta una de las cumbres habituales para él…

Emprendemos, pues, la retirada con mucho cuidado, asegurando los largos hasta regresar a la relativa seguridad del tramo horizontal de la arista. Es frustrante renunciar cuando se está tan cerca, a sólo 150 m de la cumbre.

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Desescalando la rampa final. Más arriba, la cordada por delante de nosotros.

Al alcanzar el Gran Gendarme respiramos aliviados, el tramo más expuesto ha terminado. Tiramos algunas fotos.

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De regreso al Gran Gendarme, nos podemos relajar y sonreír para la foto.
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Grietas abiertas como fauces al fondo de la pendiente que bordeamos.

Súbitamente un alarido, agudo y prolongado, rasga el silencio. Nos volvemos, escrutamos la ladera helada del Ober en busca de las dos personas que iban delante de nosotros. No vemos nada, no los distinguimos, pero sobre todo no hay rastro de deslizamientos o caídas de piedras. Imaginamos que, puesto que no hay indicios de accidente y tampoco los vemos a ellos, han alcanzado la cumbre y el grito era de alegría. Nos parece un poco demasiado pronto considerando el ritmo al que iban subiendo, pero nos resulta la explicación más plausible. Así que nos quedamos tranquilos para reemprender la marcha y descender el gendarme sin mayores problemas. Según remontamos la corta cuesta que nos devolverá a la cumbre de la Wellenkuppe, el tiempo empieza a dar claras señales de cambio. Arriba del todo, el cielo ya ha cambiado de color y amenaza tormenta. Hay que apresurarse.

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Obergabelhorn desde la Wellenkuppe. Las nubees de tormenta empiezan a cubrir el cielo.
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Bajando de la Wellenkuppe.

La decisión de retirarnos fue providencial. El marrón se nos echa encima en plena desescalada (sí, esta palabra no se ha inventado con el Coronavirus) de la arista rocosa de la Wellenkuppe. Empiezo a percibir un zumbido justo detrás de mi cabeza. Sé de lo que se trata, Garo me confirma que la punta de mi piolet está chisporroteando, y en pocos minutos estalla la tormenta. Los relámpagos y truenos retumban demasiado próximos. Empieza a granizar. Nos concentramos para seguir descendiendo lo más velozmente posible sin cometer errores, y así alcanzamos al hombro de la arista donde ya nos encontramos mucho menos expuestos. Además la tormenta parece remitir. Ha pasado el apuro, y nuestros pensamientos se dirigen ahora a los dos compañeros que hemos dejado en el Obergabelhorn, a quienes la tormenta habrá alcanzado en una posición mucho más precaria que la nuestra. Volvemos sobre nuestros pasos por el Triftgletscher y finalmente alcanzamos el refugio. El último kilómetro, en horizontal por la morrena, se me hace eterno.

En el refugio comemos, reposamos y recogemos nuestras cosas. Damos aviso de las dos personas que se encuentran por encima de nosotros, y que aún no han dado señales de vida, esperando que nada les haya sucedido. Esa noche nosotros dormiremos en el Hotel Trift, a medio camino hacia Zermatt. De nuevo en camino, el tiempo parece aguantar, pero media hora antes de llegar revienta una nueva tormenta. Los rayos caen lejos y no nos preocupan, pero llueve con furia brutal. Entramos en el vestíbulo del Hotel Trift chorreantes. Dejamos las botas empapadas junto con piolets y crampones bajo las escaleras que conducen al piso superior, y nos cambiamos allí mismo sin esperar al guarda de este hotel/refugio. La bienvenida es cálida y las habitaciones limpias y cómodas. Tras dos intensos días los placeres sencillos de la civilización, como una ducha caliente, ropa limpia y una cena abundante, son aún más placenteros. La sorpresa que nos llevamos por la noche es la fiesta con fuegos artificiales incluidos. Resulta que ese día se celebraba la fiesta nacional de Suiza. No estaba nada mal para celebrar los éxitos recientes. Además, en el caso de Susana, el Zinalrothorn había sido su primer 4000. Un estreno de prestigio.

2 de Agosto. Descenso a Zermatt.

La gozosa sensación de desayunar algo diferente a pan gomoso con mermelada y nutella en envases monodosis, y sobre todo a una hora humana, y sin prisas… Por si fuera poco, el Sol luce fuera y podemos gozar de la terraza con calma. Nos aprovechamos de que disponemos de algún tiempo para extender nuestras prendas empapadas por los alrededores, para que se medio sequen antes de meterlas en la mochila.

En la erraza del Hotel Trift.
Mirando atrás, mientras esperamos que se nos seque algo la ropa. La Wellenkuppe nos muestra desde aquí su cara más rocosa.

A las once y media comenzamos a bajar por el buen camino hacia el valle. Al poco rato alguien nos alcanza. Para nuestra sorpresa, y alegría, se trata de la pareja que subía por delante de nosotros en el Obergabelhorn. Y es ahí donde nos felicitan por haber tomado la decisión correcta retirándonos. Resulta que el grito que habíamos escuchado era el de ella al patinar y precipitarse pendiente abajo; gracias a Dios el tornillo de hielo había aguantado el tirón, de otra forma aquello habría podido acabar en tragedia. Tras el incidente se dieron la vuelta y la tormenta les pilló en plena arista, pero pudieron protegerse de alguna manera y alcanzar el refugio ya de noche. Los abrazamos, nos despedimos y les dejamos bajar por delante de nosotros. Pocas veces una retirada en la montaña me ha dejado una satisfacción tan grande.

Bajando a Zermatt, recién salidos del refugio.
Atravesando las cabañas de Edelweiss.

Atravesamos Edelweiss y sus simpáticas cabañas con bar incluido y llegamos a Zermatt, donde en el arranque del sendero encontramos a otros escaladores que nos piden información sobre los picos. De ahí callejeando hasta el coche, y a emprender viaje hasta el valle del San Gottardo, donde nos esperan la paredes rocosas de Bergseeschijen y sus divertidas vías de escalada. Pero eso ya será materia para otro post…

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