Hace más de cuatrocientos millones de años, durante el período Silúrico, el choque del minicontinente de Avalonia con Laurentia dio lugar a la orogénesis caledoniana, formándose las montañas de lo que hoy son las Islas Británicas y el Oeste de Noruega. Uno de los últimos acontecimientos de esta orogenia fue la intrusión de un vasto plutón granítico que crearía lo que hoy conocemos como el macizo de los Cairngorms, en el corazón de los Montes Grampianos escoceses. Este es el macizo más importante de Gran Bretaña, pese a que la fama, en su condición de techo del Reino Unido, se la lleve el Ben Nevis. De los seis picos más elevados, cinco se encuentran aquí. De este vasto altiplano, producto de millones de años de erosión y surcado por profundos valles de origen glaciar, emergen remotas crestas descarnadas, azotadas por el viento, muy lejos de toda civilización.

La impresionante wilderness de la Escocia Central estaría delimitada por las carreteras A9, de Pitlochry a Grantown-on-Spey, la A939, de Grantown-on-Spey a Ballater, y la A93, de Ballater a Blairgowrie. Los valles del Glen Dee, Glen Geldie y Glen Feshie la dividen en dos mitades, correspondiendo la septentrional al macizo de los Cairngorms. Hay dos bases que permiten adentrarse en estas montañas. Por el norte, la pequeña ciudad de Aviemore, la «mini-Chamonix» británica, con sus hoteles, albergues y negocios de montaña; en sus inmediaciones existe incluso una pequeña estación de esquí y un funicular que lleva a turistas y esquiadores hasta los 1245 m de la cima del pico Cairn Gorm. Por el sur, en cambio, Braemar ofrece aproximaciones más largas y austeras. Esta diminuta localidad, en cuyas inmediaciones se encuentra la residencia real de Balmoral, es sede de los más célebres «Highland Games» y asimismo conocida por ser la más fría de toda Gran Bretaña
El objetivo en esta fresca mañana de mediados de mayo es enlazar tres Munros (así se denominan las cumbres escocesas que superan los 3000 pies, o 915 m): se comienza por la undécima montaña más alta de Gran Bretaña, el Beinn a’Bhùird (1197 m), cuya cima, como sucede con frecuencia en este macizo, no es sino una prominencia en una elevada meseta. Desde aquí, avanzando hacia el Oeste, alcanzaría el Beinn a’Chaorainn (1082 m) y el Beinn Mheadhoin (1182 m), al otro lado del paso Lairig an Laoigh. Una larga ruta circular de casi 50 km.

El punto de partida se sitúa en el parking de Linn of Dee, un agradable lugar donde el río Dee se encajona formando una serie de pozas en un entorno boscoso, muy apto para el turismo familiar. Hay que entrar en el casco urbano de Braemar y seguir las indicaciones. Una estrecha carreterilla asfaltada corre paralela a la orilla izquierda del Dee, hasta cruzarlo por un original puente de piedra y girar 180º para regresar hacia el Este por la orilla opuesta. El aparcamiento se encuentra a la izquierda de la carretera, pocos metros después del mencionado puente.

Después de colocar el ticket de aparcamiento en el salpicadero (2 libras en 2016), inicio mi camino. Son las ocho menos veinte, el tiempo está nublado y posiblemente la visibilidad allá arriba no sea muy buena… En fin, me pongo en camino hacia el Derry Lodge siguiendo las indicaciones, a través del bosque. ¡Qué familiares estos primeros pasos, todavía somnolientos, por terreno conocido! Cruzo un puente y una cancela para enlazar con una ancha pista forestal al cabo un kilómetro escaso. Cerrada a la circulación motorizada, permite cómodas aproximaciones utilizando la bicicleta, que suele dejarse en las inmediaciones del Derry Lodge, 5 km más allá. Una de las cosas que más me gustaron del hillwalking en Escocia es la confianza con que la gente deja sus bicis en mitad de la nada, sin temor a que nadie las robe… Recorro la pista a buen paso y en breve alcanzo el característico puente que permite cruzar el ancho y caudaloso río Lui para pasar a la orilla izquierda. Aquí se une a otra pista, que llega desde el vecino Mar Lodge, y al cabo de otro kilómetro encuentro mi desvío, bien señalizado con un mojón de piedras. Aquí es donde empiezo a subir en serio. Se trata de un camino que sale a la derecha, en ángulo recto, y comienza a remontar la ladera para alcanzar, apenas 100 m más arriba, un paso encajonado, el Clais Fhearnaigh, donde encuentro una recogida laguna que alberga una nutrida colonia de patos. Desde aquí el sendero desciende suavemente hasta enlazar con otra ancha pista, en un nuevo valle, el Glen Quoich. Esta es la ruta «normal» del Beinn a`Bhùird, que parte desde Allanaquoich, situada al final de la carretera del Linn of Dee. Camino junto al caudaloso Quoich, con pendiente muy suave, por cerca de un kilómetro antes de llegar a uno de los puntos más incómodos de la excursión, el vadeo del Allt an Dubh-Ghleann, afluente del Quoich. Paso haciendo equilibrios, saltando de piedra en piedra e intentando evitar sumergir los pies en la briosa corriente. Lo consigo… más o menos.
Al otro lado del río la pista continúa, siempre en dirección Norte y al cabo de poco rato comienza a ascender más seriamente, rodeando el airoso pico de Carn All na Beinne por su ladera oriental. La niebla ya ha entrado y asciendo entreviendo a mis pies, muchos metros más abajo, el cauce del Alltan na Beinne. No hay nadie hoy en esta montaña. Ni siquiera se dejan ver el ciervo o el lagópodo. Estoy solo, avanzando por este sendero, embarrado pero ancho y bien cuidado. Parece que hasta hace pocos años una monstruosa cicatriz, en forma de pista de bulldozer que llegaba casi hasta arriba, afeaba el acceso a esta montaña. No es un caso único. En el Beinn a`Ghlo, una treintena de kilómetros hacia el sur, había encontrado algo similar. O en Glen Lyon, uno de los parajes más bucólicos del Perthshire, para dar servicio a las instalaciones hidroeléctricas. Sin embargo aquí el National Trust of Scotland había hecho un buen trabajo, permitiendo al brezo recuperar el terreno perdido y regenerando la montaña.
Al cabo de unos cuatro kilómetros de subida sostenida la pendiente decrece y me doy cuenta de que estoy llegando a un collado. El altímetro marca casi 1000 m y es ahora cuando debo desviarme un poco a la derecha, dirección NE, para ganar la cresta somital. El camino, ahora un poco menos bueno, vuelve a ganar altura con una travesía oblicua por la ladera. Ya están aquí los primeros neveros. Alcanzo la cresta en las inmediaciones del collado que separa la cima principal de la antecima sur, que he dejado a mis espaldas. Hay cornisas de nieve colgadas sobre la vertiginosa vertiente oriental, que me impiden asomarme para contemplar el recóndito Dubh Lochan. Sin embargo, la niebla se ha levantado y puedo disfrutar de buenas panorámicas.


Desde aquí resta una suave subida de algo más de un kilómetro hasta la cumbre principal, un punto anónimo señalizado por un montón de piedras en medio de la tundra helada. Son las diez y veinte. He empleado dos horas y cuarenta minutos en recorrer los casi quince kilómetros desde el aparcamiento. Me invade una satisfacción un poco tontorrona por mi performance física hasta este momento. Hace fresco aquí arriba, y bastante. Humedad por dentro y por fuera, sudor y niebla…


Diviso mi siguiente objetivo desde aquí. Debo bajar a una cuenca herbosa encharcada al pie del anfiteatro dominado al norte por el Beinn a’Chaorainn. Navego a ojo, sin un sendero definido, pero por terreno cómodo, descendiendo en dirección W, al inicio con fuerte pendiente, después más suavemente, hasta alcanzar las turberas del Moine Bhealaidh. He aquí, una vez más, la pesadilla del hillwalker en Escocia. El Peat bog. El Fucking Bog. En una ocasión hasta se me tragó una bota. Afortunadamente pude recuperarla. Cuántas imprecaciones al viento no habré soltado… Esta es una de las cosas de Escocia que no echo en falta.

He tardado una hora desde el Beinn a`Bhùird, y mi segundo objetivo está ya a la vista. Hay que localizar el camino que sube desde el Derry Lodge.

Vuelvo a resoplar cuando el desdibujado sendero comienza a subir, con considerable inclinación, nuevamente hacia el norte. Lo bueno es que dejo atrás la turbera. La última parte discurre por terreno pedregoso. Se sale a la cresta a escasos metros al este de la cima. Son las doce menos cuarto, y he recorrido ya veintiún kilómetros. La fatiga empieza a hacerse notar, pero ahora puedo disfrutar de un paisaje diferente, más montañero. El Beinn Chaorainn goza de una posición más centrada en el macizo, y se aprecian bien todas sus grandes montañas. Al norte, el Bynack More y el Cairn Gorm. Hacia el este, el Beinn a’Bhùird. Al sur, el redondeado Beinn Bhreac pocos kilómetros más abajo y las lejanas montañas del Perthshire. Hacia el suroeste las crestas del Derry Cairngorm y al oeste el Ben Macdui, el pico más alto del macizo y segundo de toda Gran Bretaña.




Después de las fotos de rigor y de comer algo tomo el bien marcado sendero que se precipita hacia el valle del Derry. Y digo bien, precipita. Es empinadísimo y pedregoso, me exige precaución y pie firme. A la una y cuarto alcanzo el amplio camino que remonta el Glen Derry en las inmediaciones del Lairig an Laoigh, el histórico paso que conecta Braemar con Aviemore a través del Glen Derry, el Glen Avon y el Glen More. Debo descender por aquí hasta la confluencia con el valle del Coire Etchachan. Esto significa perder altura, hasta por debajo de los 600 m… para tener que remontar otros 600 hasta la última cumbre del día. Cuando llego me concedo unos minutos de descanso y un breve refrigerio.

Desde aquí nos domina el abrupto Stob Choire Etchachan, el pico situado en el extremo sur del plateau del Beinn Mheadhoin.

Vadeo el río no sin alguna dificultad, y comienzo a remontar el valle Etchachan, al principio por suave pendiente, que muy pronto se vuelve exigente.Recuerdo el camino, por aquí se sube al Ben Macdui partiendo desde Braemar. Este valle tiene mucho ambiente, rodeado por paredes casi verticales. Además el tiempo parece definitivamente mejorar, lo que contribuye a resaltar la belleza del lugar.

Son casi la una y media cunado alcanzo el Loch Etchachan, a 920 m. Aquí mi camino se desvía hacia la izquierda, directo al Ben Macdui. El paisaje aquí es sugestivo, ¡parece casi un lago alpino!

Hay que ignorar asimismo el camino que baja al Loch Avon, y girar 90º en dirección NNE buscando el senderillo que trepa por la empinada cresta SW del Beinn Mheadhoin. Las piernas ya pesan a estas alturas. Me detengo y puedo disfrutar de una más amplia panorámica sobre el lago y el Ben Macdui.

Lentamente supero los más de 200 m de desnivel que me separan del amplio plateau herboso somital, donde la pendiente cede hata casi desaparecer. Supero fácilmente la antecima S, a 1163 m, y me dirijo a la cima principal, bien reconocible por su torre de bloques graníticos.

Trepar hasta el punto más alto requiere una divertida escalada fácil. Yo ataco la torre «por detrás».

Y finalmente, ¡aquí estoy! Son las dos en punto. He caminado durante treinta kilómetros. A 1182 m es ésta la última, y más hermosa cumbre del día. Con magnífico panorama.


Un día que había comenzado envuelto en brumas y termina alegre y soleado. El mes de Mayo en Escocia puede ser estupendo si el tiempo acompaña. Ahora sólo me resta una larguísima bajada de más de quince kilómetros. Vuelvo sobre mis pasos hasta el Glen Derry, que desciendo sin mayor novedad hasta el Derry Lodge, una vieja quinta de caza victoriana (actualmente cerrada al público) enclavada en un estupendo paraje, con agua, prados y bosques de pino caledonio. Un auténtico campo base desde el que todas las cimas de la mitad meridional de los Cairngorms están al alcance de la mano.

Desde aquí cojo la amplia pista del Glen Lui que en cinco kilómetros prácticamente llanos me devuelve al aparcamiento de Linn of Dee, donde llego a las cinco y diez de la tarde, tras nueve horas y media de actividad. ¡Una jornada muy satisfactoria en las Highlands!
La traza GPS se encuentra aquí.





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