A pesar de una falsa alarma a principios de Octubre, el invierno 2021-2022 se resistía a llegar a los Pirineos. Nuestra salida de Progresión de Alpinismo del Club amenazaba por tanto con convertirse en una agradable excursión otoñal a una montaña sencilla pero alta y con soberbias vistas. La Coma d’Or (2826 m) se sitúa en la Cerdanya francesa, encima de Porté-Puymorens. Una abrupta cresta lo separa del más célebre Puigpedrós de Lanos, mientras que el gran Lago de Lanos los separa del concurrido Carlit (2921 m), el techo de los Pirineos Orientales. Con sus 900 m de desnivel impone una ascensión satisfactoria y poco complicada; en verano es popular como meta de senderistas y en invierno de raqueteros. En nuestro caso, una entrada de aire ártico a primeros de noviembre cubrió de nieve las vertientes septentrionales en medio de una ola de frío que prometía una sensación térmica de -15ºC en las cumbres.

Mapa de la excursión. Subida por el valle de García y bajada por el de Cortal Rosso.

El sábado quedamos en el aparcamiento del Coll de Puymorens (1920 m). La nieve, casi totalmente ausente en la vertiente española, iba apareciendo tímidamente según remontábamos el valle por la carretera estatal francesa. Los pueblos que atravesamos tenían un aspecto mortecino. En los Pirineos es así, se atraviesa la frontera y el contraste humano es llamativo. El lado francés suele ser austero, por no decir inhóspito en ocasiones… Alcanzamos finalmente el puerto, donde el Sol lucía espléndido. Las montañas vecinas, con Fontfreda-La Mina al Oeste justo encima de nosotros y los cordales de Coma d’Or y Fontviva hacia Oriente, aparecían ya cubiertas de nieve. Hacía mucho frío, en torno a 0ºC con viento fuerte de norte. Vestirse rápidamente y no demorarse mucho en partir. Así, a las 10 de la mañana, nos pusimos en marcha. Cruzando la carretera, comenzamos a caminar por la ancha pista que entraba en el valle d’En Garcia, coincidente en su primer tramo con el sendero balizado del Camí del bons homes. Se atraviesa un paso canadiense y al poco encontramos la intersección con una pista que llega por nuestra derecha. Regresaremos por aquí. Cruzamos el torrente, pasando a su orilla derecha, y en el cruce posterior giramos a la derecha, remontando el valle. Estos primer tramo es cómodo y con pendiente escasa.

Vista hacia atrás, con el pico de FontFreda dominando la estación de Porte-Puymorens.
Y la vista hacia arriba…

La pista desciende a las orillas del río a unos 2,5 km de la salida y 2150 m de altura. A partir de aquí sigue subiendo trazando zigzags que se pueden atajar por sendero. Cuando entramos en sombra el frío se hace aún más punzante. A 2258 m y casi 4 km de la salida la pista, ya cubierta de nieve helada, finaliza en un rellano, a paertir del cual hay que atravesar decididamente a la derecha y empeza a remontar la loma que tenemos encima. Hay sendero, pero solo es visible a ratos, y subimos por terreno nevado entre arbustos.

Aproximándonos al final de la pista. Nos dirigimos al collado que se distingue al fondo. Foto Héctor Cayuela.

Tengo que ir abriendo huella, la pendiente aumenta y la progresión se hace más penosa.

Empezamos a remontar la loma que nos conducirá hasta la collada d’En Garcia. Foto Héctor Cayuela.

Llega un momento en el que alcanzo un rellano a la izquierda de un promontorio. La nieve es más profunda y el viento sopla furibundamente, levantando la nieve polvo y arrojándola contra el rostro. Las temperaturas extremadamente frías de los últimos días han impedido la transformación de la nieve, que permanece suelta y sin cohesionar. En estas condiciones los crampones y el piolet resultan innecesarios. Aún nos quedan unos 100 m de desnivel hasta la Portella d’En Garcia, a la que accederemos por una inclinada rampa. Me detengo para reagrupar al equipo. Cuando me quito los guantes para buscar algo en la mochila siento que las manos se me pueden congelar en pocos minutos.

Avanzando azotados por el viento. Foto Héctor Cayuela.

Un último esfuerzo y finalmente alcanzamos la Portella, a 2534 m, tras 1 hora y 40 minutos de camino. Ante nosotros por fin se descubre un espléndido panorama, con la Coma d’Or y el Puigpedros de Lanos frente a nosotros. El viento sigue soplando, aunque menos fuerte. Un breve descenso nos deja al pie de la subida final.

Bajada después de la Portella d’En Garcia, con el Puigpedros de Lanos (izqda.) y la Coma d’Or (dcha.) frente a nosotros. Foto Nico Pilloud.

Dejanos abajo a la derecha el pequeño Estany de Coma d’Or y atacamos la fase final de la subida. Nos quedan 320 m de desnivel. La pendiente, sin ser excesiva, se hace notar. La nieve polvo se sigue pisando bien bien, ni nos hundimos ni se encuentra helada, El espesor es aún escaso y eso nos evita preocuparnos de avalanchas.

Remontando la pendiente desde el collado. Se divisa el lago, que ya ha empezado a helarse, en una pequeña cuenca, dominado por el cordal que separa los valles de Garcia y Cortal Rosso. Se distingue la traza en la ladera, a la derecha.

Vamos rodeando la redondeada mole del Cap de llosada por su vertiente septentrional. Hacemos un alto para reagrupar el equipo.

Descansando con el Cap de Llosada de fondo. Foto Héctor Cayuela.

Desde este punto la cumbre se ve ya muy próxima. El Puigpedrós de Lanos está ahí mismo, tan tentador… Sin embargo, su vía normal pasa por detrás, por el lado oriental. La cresta afilada que lo une a la Coma d’Or es delicada y requiere habilidades de escalada.

Nuestro dúo de montañas. Ya podemos intuir las dos cumbres, de igual altura, de la Coma d’Or.

La vista se abre hacia el norte, hacia el valle de Pujols y Bésines.

Hacia el Norte. El Pic d’Auriol (izqda.) domina el valle de Bésines.

Un último esfuerzo, por una pendiente venteada de nieve fina y endurecida, nos conduce a un amplio collado que nos da vista a la vertiente opuesta, con el Lago de Lanos al fondo. La cumbre se encuentra apenas a cincuenta metros a nuestra izquierda.

Collado final y cumbre.

Es la una menos veinte, hemos tardado poco más de dos horas y media. No está mal, el grupo ha respondido y ahora sólo nos queda disfrutar. Las vistas son soberbias, el cielo límpido, la visibilidad de decenas de kilómetros. Sacarse los guantes para disparar las fotos es una carrera contra el tiempo. En pocos segundos las manos quedan insensibles por el intensísimo frío. La sensación térmica, tal y como apuntaban las previsiones, está bien por debajo de los -10ºC.

Vista desde la cumbre hacia el Oeste. Distinguimos el valle por donde hemos ascendido (en la línea de sombra). En el extremo izquierdo se adivina el valle de Cortal Rosso, por donde bajaremos. Foto Héctor Cayuela.
Vista desde el collado hacia el Sureste. Distinguimos el Lago de Lanos y la pirámide del Carlit (2921 m), la cumbre más alta de la Cerdanya.

La cumbre es estrecha y no es fácil hacerse la foto de cumbre. La cumbre Norte, con un pequeño hito, está muy próxima. Hay un paso delicado, con un bloque extraplomado sobre la vertiente oriental, justo al inicio. Nos parece que nosotros estamos más altos, así que nadie se plantea llegar hasta allí.

Vista hacia la cumbre Norte. Más allá, la cresta hacia el Puigpedrós de Lanos. Foto Héctor Cayuela.
Foto de cima. El autor, con pantalón anaranjado, sostiene el lado izquierdo de la bandera.

No nos demoramos mucho tiempo e iniciamos el descenso en dirección sur, comenzando por alcanzar el pequeño promontorio nevado a la derecha del collado. El viento sopla furibundo.

El promontorio cercano a la cumbre a partir del cual comenzaremos el descenso de verdad. Foto Héctor Cayuela.

A partir de aquí ya descendemos con decisión. Hay un sendero camuflado a tramos por la nieve, que baja cercano a los vertiginosos acantilados de la vertiente oriental. Pasaremos por el Pico de Cortal Rosso, totalmente anónimo. El camino es seguro y sencillo.

Iniciando la bajada. Nos mantenemos cercanos al acantilado, dirigiéndonos hacia el valle (zona con menos nieve). Foto Héctor Cayuela.
Hacia el Pico Cortal Rosso. Foto Héctor Cayuela.

Superado el Pico Cortal Rosso, a unos 2600 m de altura y al pie de una escarpadura, encontramos finalmente un rincón resguardado donde pararnos a comer. Es la una y media y finalmente podemos detenernos con calma y disfrutr del día. Desde aquí se distingue mejor el Lago de Lanos, que visto desde la cumbre aparecía como partido en dos.

Lago de Lanos y Carlit a la derecha.

Cuando nos ponemos en marcha tomamos una traza clara e hitada que nos lleva en dirección Oeste-Suroeste. Aquí no controlamos la traza GPS, y perdimos nuestro itinerario original, que preveía proseguir hacia el Sur en dirección a la Portella de Lanos, por donde transita la Alta Ruta Pirenaica que debemos tomar.

Bajando por le camino «equivocado».

No es un error grave. Este sendero nos llevaría, tras un largo flanqueo ascendente, de vuelta al Estang de Coma d’Or. Decido seguir hasta interceptar el recién nacido Riu de Cortal Rosso, y a partir de aquí seguir hacia el sur, paralelos a su cauce, hasta llegar al valle principal, atravesar a la orilla opuesta y coger la Alta Ruta Pirenaica. Proseguimos bajando por este sendero, que pese a estar muy bien marcado, nos da algunos problemillas. Y es que nos encontramos en una vertiente norte, frecuentemente sombreada, donde encontramos abundante hielo, también en algunas travesías relativamente expuestas sobre el río. Hay que ir con precaución. En un cierto punto entramos en el bosque y tenemos que ir sorteando placas de hielo. Finalmente salimos y nos vuelve a dar el sol. La orilla opuesta del valle está totalmente desprovista de nieve. Empiezo a pensar que quizá sea buena idea abandonar el camino que llevamos.

Apenas salidos del bosque.

Más abajo hay un tramo donde el sendero es aún practicable, pero a partir de un cierto punto se sumerge en una umbría profunda y cubierta de nieve. Decido que justo antes cambiaremos de orilla y daremos un rodeo.

Vista hacia el fondo del valle. Cambiamos de orilla a la altura del primer árbol en sombra.

Vadeamos sin dificultad el torrente y tomamos un senderillo que sube ligeramente y discurre paralelo al río durante unos metros. El camino que traíamos aparece totalmente congelado y sin huella. Enseguida llegamos a la altura de la presa y encontramos un comodísimo «camino» hormigonado, por encima de la conducción de aguas, que trazando un amplio rodeo en horizontal nos lleva hasta la pequeña central hidroeléctrica, a donde desciende el torrente emisario del Estang de Coma d’Or. De aquí parte la pista que nos devolverá al punto de partida.

Después de cambiar de orilla, vemos el amplio llano de Bac de Cortal Rosso, y bien marcada en ladera la pista de regreso. Foto Bartolomé Martos.
El camino hormigonado de la conducción de aguas.

A nuestros pies se encuentra el llano de Bac de Cortal Rosso, un encantador terreno de prados a través de los cuales discurre el río trazando meandros. Comentamos que sería un excelente lugar de acampada para futuras aventuras por la zona. Por ahí discurre la traza de la Alta Ruta que habíamos abandonado y que reencontramos un poco más adelante. Hemos alargado el recorrido en aproximadamente un kilómetro. A partir de este punto no nos queda más que, a buen paso y en descenso muy suave, recorrerr los 6 kilómetros que nos separan del Coll de Puymorens y de los coches. Llegamos a las cuatro de la tarde, con el cielo cubierto y con la tormenta azotando el Pico de la Mina y el valle de l’Ariege. Veinte kilómetros más abajo el Sol resplandecía sobre Puigcerdá.

Datos técnicos:

Longitud: 17,3 km

Cota mínima/máxima: 1918 m / 2826 m

Desnivel positivo: 956 m

Tiempo total: 6 h 10 min.

Grado (invernal): F

Traza GPS: https://www.wikiloc.com/hiking-trails/coma-dor-2826-m-6-11-2021-90706307. https://ridewithgps.com/trips/78217843

Perfil altimétrico de la excursión.

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