La bonita pirámide del Aragüells, bien individualizada al final de la abrupta Cresta de Cregüeña que desciende del Pico Maldito, ofrece una rápida ascensión y una visión privilegiada sobre el gran Lago de Cregüeña. Se trata de uno de los «tresmiles» más fáciles del Pirineo, ubicado a la sombra de las mayores alturas de la cordillera, en la vertiente meridional del Macizo Aneto-Maladeta. Una pista en regular estado, de 8 kilómetros de longitud, remonta el valle de Vallibierna desde el Pla de Senarta, junto a la cola del embalse de Paso Nuevo, seis kilómetros al norte de Benasque por la A-138. Al final de esta pista se llega al Refugio de Pescadores de Coronas, junto a un pequeño aparcamiento. Este es el punto de partida para algunas de las mejores actividades del macizo, las vías normales al Aneto, Tempestades, Russell o Vallibierna, y escaladas de prestigio, como las crestas de Cregüeña y Llosas o la canal Estasen. En temporada de verano el acceso de vehículos particulares está prohibido y hay que valerse de un servicio de autobús lanzadera, bastante caro y con pocas frecuencias, por lo que es importante planificar la excursión conociendo los horarios. Eso, o remontar a pie desde el fondo del valle, lo que supone llevar el desnivel a 1700 m y, para la mayoría de montañeros, alargar la salida a dos días.
A principios de Octubre ya se puede acceder libremente en coche y la pista, bien mantenida, es practicable con un coche normal. Había diseñado un programa relajado, con vivac a las orillas de los estupendos Lagos de Coronas. El otoño estaba siendo benigno, sin nieve ni demasiado frío, y era muy tentador poder disfrutar una vez más del firmamento nocturno, terso y estrellado, de la alta montaña. Sin embargo, la previsión meteorológica para el domingo era muy desfavorable, con lluvia y viento ya desde la madrugada. Así que adelantamos la salida desde Barcelona para poder completar la excursión el mismo sábado, bajando tarde para dormir en Benasque. Y así llegamos al aparcamiento de Coronas, ya desbordado, a las once de la mañana. Conseguimos aparcar los tres coches al borde de la pista y echamos a andar sobre las once y cuarto. Hay quien no está del todo convencido de salir tan tarde, pero no todo el grupo podía el viernes a última hora, y hay que jugársela a una ascensión rápida, no hay alternativa.

Comenzamos a caminar por la senda hacia Vallibierna y Llauset, sin apenas pendiente. Hace muchos años que no venía por aquí y el tramo hasta el cruce donde debemos abandonarla se me hace largo. ¿Lo habremos perdido? Imposible, se trata de la vía normal del Aneto, tiene que estar señalizada. Empezaba ya a preocuparme, pero al cabo de quince minutos he aquí nuestro camino.

Camino que empieza a subir de forma cada vez más decidida dentro del pinar. Está perfectamente marcado, pero las grandes piedras y las raíces de los árboles lo hacen algo incómodo.

Vamos bastante rápido, la verdad es que no nos sobra el tiempo y no se puede disfrutar de la excursión con toda la calma que nos gustaría. En el grupo hay quien insiste en que lloverá por la tarde. La previsión realmente indica que el cambio de tiempo llegará por la noche. Pronto salimos del bosque y progresamos entre canchales.


Unos 50 minutos después de salir alcanzamos el borde del rellano que alberga el Ibonet de Coronas, el más bajo y pequeño de los Lagos de Coronas. Nosotros proseguimos por el sendero sin detenernos. Zigzagueamos entre lajas de granito y depósitos morrénicos.


«Nos pararemos a tomar algo en el Ibón Medio de Coronas, ya falta poco». Y como suele pasar, siempre falta algo más de lo esperado. Pero al cabo de hora y media de caminata, y tras vadear el desague del Ibón Inferior, los alcanzamos. Es aquí donde teníamos previsto vivaquear. Los recordaba de cuando hace muchos años subí al Aneto. Se trata de un lugar espléndido, un hotel exclusivo. Aquí la senda se bifurca, la traza que va a buscar el Collado de Coronas y el Pico de Aneto parte hacia la derecha, subiendo entre el Ibón Medio y el Superior. Nosotros descendemos a las orillas del Ibón Medio y nos concedemos un bien merecido descanso.


Nos encontramos a 2700 m de altura, a menos de 400 m de desnivel de nuestro objetivo. Remontamos la pequeña cresta que domina el ibón, alcanzando una zona llana donde las amplias plataformas de granito albergan múltiples vivacs con vistas hacia el lago y las grandes crestas de la Maladeta y Cregüeña, ahora ya ocultas por las nubes que han ido entrando insidiosamente. Enfilamos la traza que nos conduce al collado de Cregüeña, entre el Aragüells y la Aguja Juncadella. Al principio avanzamos por sucintas alfombras herbosas, para entrar enseguida en un caos de grandes bloques, en el que algunos hitos dispersos ayudan con la orientación. El sendero aparece y desaparece…


El avance por este terreno es incómodo, pero finalmente alcanzamos el collado, a 2914 m, y damos vista al magnífico Lago de Cregüeña. Nuestro sendero emprende el descenso hacia allí, y más abajo, siguiendo el barranco de Cregüeña hasta su final en el valle del Esera y la carretera de Benasque. Esta vía es la más dura y salvaje para alcanzar el Aragüells, y combinada con la que estamos siguiendo nosotros constituye una ruta soberbia de dos días. En previsión de que la niebla vaya a más y nos quedemos sin panorama, nos hacemos una foto con el lago detrás.

En nuestro caso, debemos girar a la izquierda para remontar la cresta somital del Aragüells. Tendencialmente, hay que mantenerse a la izquierda del filo. Una traza de sendero se insinúa al principio, pero pronto se desdibuja y hay que proseguir de forma más o menos intuitiva.

El grupo se dispersa y yo me desvío excesivamente hacia la izquierda, lo que me obliga a algún paso de escalada sencilla, pero la roca aquí es excelente. Y en breve alcanzo la cumbre. Son las dos y cuarto y hemos tardado tres horas justas desde los coches. Sopla viento fresco y la visibilidad es mala, pero no parece que vaya a llover. ¡Lo logramos! Hemos sido más rápidos que la borrasca.


Emprendemos la bajada por el mismo camino hasta el collado. En eso que esperamos al resto del grupo se discute la posibilidad de ir a por un segundo tresmil, la Juncadella, que tenemos justo al lado. Al final acordamos renunciar, es ya tarde, estamos muy contentos con nuestra cumbre y nos apetece un descenso relajado, sin prisas. El tiempo parece que se aguanta. De hecho la visibilidad ha mejorado algo.




Regresamos a las inmediaciones del Ibón de Coronas donde hacemos una nueva pausa. Este lugar es encantador. Saludamos a algunas personas que bajan del Aneto. Estar aquí es una gozada, ahora podemos disfrutar con calma de la montaña.

Volvemos más o menos por donde habíamos subido. Hay múltiples senderillos que conducen más o menos al mismo sitio. Vadeamos el torrente más abajo que a la ida. El tiempo se va poniendo realmente fosco.

Alcanzado el Ibonet, decidimos volver por el mismo camino. Hay un sendero alternativo, según parece menos pedregoso, que parte al otro lado del lago, por la derecha hidrográfica del torrente, y lleva directamente al aparcamiento. Pero no queremos perdernos y que nos pille la tormenta.

Sin más incidencias, llegamos a nuestros coches sobre las cinco y media. ¡Hasta nos sobra tiempo! Esa noche dormiremos en un albergue en Benasque para volver a casa con calma el domingo. Y esa noche se celebra la cumbre como es debido, en un restaurante de Benasque, mientras fuera ya ha comenzado el diluvio.






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