En la cadena axial de los Pirineos, equidistante del Atlántico y el Mediterráneo, a medio camino entre los valles del Louron y el Ésera, y muy lejos de cualquier acceso motorizado, se encuentra el Pico de Gourgs Blancs. Una montaña airosa, bien individualizada, que desploma unas impresionantes paredes sobre la vertiente francesa y, al otro lado de una cresta erizada de espolones, una cara sur laberíntica, modelada por un caos rocoso que impone trepadas delicadas y dificulta notablemente la orientación. Parece ser que la etimología de su nombre estaría relacionada con los hoyos o pilancones que se forman en el lecho de los remansos de los torrentes («Gorgas» en aragonés, «Gourgs» en occitano); en cualquier caso haría referencia a depresiones del terreno en las que perduran los neveros hasta bien entrado el verano.

Mapa de la zona de los Picos Gourgs Blancs y Clarabides. Mapa Alpina.

Este es uno de los pocos tresmiles principales del Pirineo que no ofrece ninguna vía de ascensión «fácil», lo que sumado a su remota ubicación, su prominencia y no ser satélite de ningún pico mayor, acrecienta su prestigio para el montañero medio. Se trata también de un buen ejemplo de cómo el retroceso de los glaciares puede dificultar el acceso a las cumbres. Las antiguas vías normales, que alcanzaban la brecha de Gourgs Blancs, entre el pico homónimo y su vecino oriental, el Jean Arlaud, se desaconsejan hoy en día, ya que discurren por corredores muy empinados y descompuestos, con grave riesgo de caída de piedras. Hoy es preciso alcanzar los puertos de Gías, al Oeste, o de Oö, al Este, y desde ellos acometer laboriosos recorridos de cresta para alcanzar el punto más alto. La vía oriental obliga a atravesar la cumbre del Pico Jean Arlaud (3065 m), con pasos de hasta IIIº en subida y un rápel en el descenso hacia la brecha de Gourgs Blancs, y desde aquí por fácil sendero hasta la cima; la fuerte exposición de la vertiente este del Jean Arlaud hace que esta vía se use casi exclusivamente en sentido ascendente. Por su parte, la vía occidental desde el Puerto de Gías es mucho más compleja en cuanto a orientación, si bien permite el acceso técnicamente más sencillo a la cumbre principal (IIº- en terreno caótico). Si además queremos añadir a la ruta los dos tresmiles secundarios de la cresta, la Punta Lourde-Rocheblave (3104 m) y sobre todo la Torre Armengaud (3114 m), habrá que estar muy atentos para encontrar los pasos justos que permitan rodear los obstáculos más relevantes de la cresta (IIº+). Hay algunos hitos, pero la ruta no es obvia, y perderla supondría enfrentarse a tramos que exigen auténtica escalada. En esta reseña se describe la subida a Gourgs Blancs desde el Puerto de Oô y el descenso hacia el Puerto de Gías por la vía «normal»; nuestra intención era pasar por los dos tresmiles secundarios, pero no supimos localizar la vía correcta. En esto reside buena parte del encanto y el carácter de esta montaña, en la que la utilidad de las trazas GPS es sólo relativa, e incluso el haberse equivocado una vez no garantiza acertar en la siguiente ocasión.

Vista general de la ruta circular desde el Ibón de Gías. Se alcanza el puerto de Oô para subir al Pico Jean Arlaud y se alcanza la cumbre del Gourgs Blancs por su lado oriental. Se desciende abandonando la cresta a la altura de la antecima W, yendo directamente al Puerto de Gías sin pasar por la Torre Armengaud y la Punta Lourde-Rocheblave.

Nuevamente coordinando un grupo del Club Alpino Barcelona, volví a uno de los mejores emplazamientos de vivac del Pirineo, el Ibón de Gías. En 2021 habíamos estado aquí para subir a los sencillos Picos de Clarabide, La visión del poderoso Gourgs Blancs nos puso los dientes largos, y menos de un año después regresamos para apurar la tarea pendiente. Nuevamente el plan era de dos días, y así el Sábado 2 de Julio repetimos la larga caminata desde el aparcamiento de Estós al Refugio, y de ahí la masacrante subida al Ibón de Gías con toda la impedimenta de vivac a cuestas. Dos diferencias importantes respecto al año anterior: una, que siendo inicio de estación, los torrentes bajaban impetuosos, el Ibón Bajo de Gías tenía agua y los bosques vestían un verde rabioso; dos, que el Refugio de Estós bullía de vida, en marcado contraste con el ambiente zombi de 2021, consecuencia del circo grotesco montado por nuestros políticos a cuenta del Covid. Ya decía Aristófanes hace 2400 años que las cualidades necesarias para convertirse en gobernante en una democracia eran dos, ser un ignorante y un granuja. Y hemos comprobado que la gran mayoria de nuestros próceres las poseen generosamente, lo unicó que varía de uno a otro es el porcentaje de estulticia y el de corrupción. Pero me estoy yendo del tema… Decíamos que el 2 de Julio repetimos la larga marcha hacia el Ibón de Gías…

Sábado 2 de Julio, Aparcamiento de Estós-Ibón Superior de Gías

Salimos a las 11.45 del aparcamiento de Estós remontando el valle hacia el refugio, distante 9 kilómetros. El calor es más soportable que el año pasado, y esto se agradece.

El torrente de Estós desciende impetuoso este año.

Pasamos por la Cabaña del Turmo, que anuncia la proximidad del Refugio de Estós, punto de parada obligado para reponer fuerzas.

La Cabaña del Turmo, aquí estamos de nuevo.
Las cumbres de la cadena del Perdiguero ya visibles.
El sendero, ya cerca del Refugio de Estós. Foto Pablo Tello.

Llegamos al refugio a las dos y cuarto y nos detenemos durante una hora. Encontramos a un grupo que sube a Clarabide al tiempo que nosotros, lo que visto la hora nos sorprende. ¿Querrán vivaquear también en el Ibón de Gías? Después ya veríamos que no era el caso… La pendiente subida desde el refugio al ibón fue «dulcificada» por las nubes que nos protegieron del excesivo calor en una zona muy expuesta, así como por el sonido de las aguas del Torrente de Oô durante el primer tramo.

Equilibrismos para salvar la acequia que canaliza el torrente de Oô. Foto Pablo Tello.
Buscando el torrente. Foto Pablo Tello.
Vadeando el torrente. Al fondo el canalón herboso-rocoso por donde debenos ascender. Foto Pablo Tello.
La dura subida después de pasar el río. Foto Héctor Cayuela.

El vadeo del torrente requiere ciertas acrobacias, pero solventándose sin incidentes. La dureza posterior se hace notar, el viento fresco sobre la camiseta sudada me acaba por destemplar, haciendo muy sufrida la parte final de la subida.

El Pico de Gías, a la izquierda, y Gourgs Blancs-Jean Arlaud, a la derecha, dominan el ascenso. En rojo la ruta que seguiremos al día siguiente.
Atraversando el caos rocoso justo antes del último tirón hasta nuestro vivac. Abajo, muy al fondo, el valle de Estós que hemos remontado horas antes. Foto Pedro Arenas.

El lago inferior de Gías, rebosante de agua, anuncia que ya nos falta muy poco. Son las cinco de la tarde pasadas y el estrecho sendero serpentea a media ladera sorteando bloques.

Frente al lago inferior de Gías. Foto Pablo Tello.

Finalmente alcanzo el ansiado y ya conocido lago superior de Gías poco antes de las cinco y media, un alivio visto que mi estómago todavía sigue inquieto y destemplado. A lo largo de esa tarde iría volviendo al orden sin mayores complicaciones. Encontramos casi todos los vivacs disponibles, salvo el que ocupan otras dos personas y su perro. Acabamos decidiéndonos por los de la orilla occidental del lago, a ras de agua. El año pasado teníamos mejores vistas pero nos tocaba caminar para abastecernos de liquido.

Nuestro grupo, ya instalados en los vivacs. Foto Mauricio Muñoz.

El grupo con el que coincidimos desde el refugio llega finalmente y siguen rectos hacia el Clarabide Oriental. Llegarán arriba con las últimas luces para participar en una pintoresca actividad reivindicativa «por la libertad de los pueblos». Consiste en iluminar toda la cadena pirenaica desde el Atlántico al Mediterráneo encendiendo focos en los picos más prominentes a lo largo de la cordillera. Por lo que me parece entender las víctimas de esa falta de libertad serían los pueblos vasco y catalán, y los opresores los Estados español y francés. Coincidiendo con ellos en que la libertad peligra, en mi opinión se equivocan de enemigo. Pero por la noche tenía su encanto contemplar el punto de luz allá arriba, y siempre es mejor quedarse con el romanticismo compartido y el gusto por la belleza de las montañas que con las diferencias políticas que nos pudieran separar. Y es que la belleza del atardecer y la noche llena de estrellas no nos defraudaría es esta ocasión. No, nunca defrauda…

Esos atardeceres al raso… Foto Mauricio Muñoz.

Domingo 3 de Julio, Ibón Superior de Gías-Gourgs Blancs-Aparcamiento de Estós.

Después de haber pasado la noche sobre una laja de granito a escasos centímetros del agua toca levantarse, desayunar y salir a las 7.10 con las primeras luces. No veremos el sol hasta alcanzar el puerto de Oô, el amanecer astronómico ha tenido lugar antes de las seis y media, pero en esta cubeta glaciar las montañas de la divisoria nos cierran el horizonte noreste. En la vertiente francesa seguramente ya estarán disfrutando del calorcito. Partimos con las legañas puestas, ya nos iremos espabilando según nos acerquemos al primer punto clave de la jornada. Ahora de lo que se trata es de no perder los escasos hitos y no salirse de la traza. Se rodea el lago por el lado sur y terreno mayormente herboso para luego girar al norte y enfilar hacia el poco marcado puerto de Oô a través de bloques, lajas y gravas.

Aún quedan neveros que hay que atravesar con cuidado. Foto Pablo Tello.

Algún nevero duro impone prudencia en la mañana oscura y fría. Miro hacia arriba y me pregunto cómo superar la muralla al pie del Jean Arlaud para alcanzar el puerto. Sé que el sendero existe, pero no tiene nada que ver con el que conduce al collado «hermano» de Gías, al oeste. Sin embargo los hitos nos van conduciendo progresivamente hacia la izquierda, por una traza sin complicaciones que ataca la pared apuntando justo a la base de la pirámide del Jean Arlaud.

Aproximándonos al Puerto de Oô. Foto Marie Codina.

Unos pocos zigzags y el Sol ya nos acaricia, estamos llegando…

Vista hacia la cresta del Seil dela Baquo, casi llegando al collado. Foto Marie Codina
Ultimos pasos antes del collado. Foto Pablo Tello.

Hay que usar las manos en la trepada final, que no tiene mayor misterio ni peligro. Y ahí estamos, son las ocho de la mañana y ya tenemos frente a nosotros la tan temida cara este del Jean Arlaud.

En el puerto de Oô. Foto Pablo Tello.

Desde el puerto de Oô la panorámica hacia el lado francés es magnífica. La cresta del Seil dela Baquo a nuestra derecha, y frente a nosotros la de Gourdon-Spijeoles, con el Lac Glacé a sus pies. Inevitable detenerse y sacar fotos, pero el Jean Arlaud nos llama. Nos preparamos, poniéndonos los arneses y los cascos. Subiremos sin encordar, aunque tendré a mano la cuerda de 30 m en caso de que alguien necesitara aseguramiento.

La cresta fronteriza del Seil dela Baquo, con abundantes neveros en la vertiente septentrional. Foto Pablo Tello.

He leído mucho sobre esta subida, sobre su exposición, sobre gente que se encuerda y gente que no. Somos un grupo de 10 y espero que no haya problemas. Parto cauto y con bastante respeto ante lo que me espera. Una fácil trepada por buena roca me conduce a la característica vira herbosa que atrraviesa la pared, y que debo seguir hasta casi su final, en la embocadura de una chimenea que la surca verticalmente.

La vira herbosa que nos onduce a la chimenea. Foto Marie Codina.

Espero a que llegue alguien más a mi altura y entro en la chimenes, herbosa en su parte baja. Identifico en la pared a mi izquierda un paso que me permite salir de ella y mediante una breve subida en adherencia, fácil (II) pero muy expuesta, evitar la parte técnicamente más compleja de la chimenea, con cierta escasez de presas. Sólo Pedro y yo pasamos por aquí, el resto del equipo prefiere permanecer dentro de la chimenea, donde alguna zona con menos presas eleva el grado hasta el III, si bien resulta bastante menos impresionante que la vía «fácil» por fuera.

Primera parte de la chimenea. Abajo a la izquierda se aprecia la vía de escape al exterior, que transcurre en paralelo a la «cresta». Foto Mauricio Muñoz.

La roca tiene excelente adherencia y en pocos metros alcanzamos el evidente punto de reentrada a la chimenea, ya en su parte alta y exenta de dificultades significativas. Alcanzamos una repisa segura y esperamos la llegada de nuestros compañeros.

En la parte alta de la chimenea. Justo por encima del alpinista se aprecia la reentrada desde la vía exterior. Foto Pablo Tello.
Saliendo de los problemas. Foto Marie Codina.
La satisfacción de haber superado el paso clave. Foto Héctor Cayuela.
Zoom. Allá abajo, dos montañeros atravesando un nevero en el lado francés. Foto Marie Codina.

Un miembro del equipo tiene alguna dificultad en el último tramo, pero no es necesario sacar la cuerda. Una vez reunidos todos, prosigo hacia la izquierda, iniciando una travesía oblicua hacia el extremo meridional de la cresta somital. El primer tramo tiene su insidia, hay que superar longitudinamente una placa fisurada inclinada hacia el vacío. En alguna reseña la he visto cotada como III, en mi opinión no supera el II, pero hay que moverse con tiento. Después, algunos hitos nos van guiando por trazas de sendero y terreno sin complicaciones, más allá de algo de piedra suelta y el patio a nuestra izquierda…

Terreno más sencillo y estupendos panoramas. Foto Héctor Cayuela.

Una vez alcanzado el pequeño rellano al pie de la cresta no hay más que remontar hacia la cumbre bien visible a la derecha. Este es un buen punto de pausa para tomar fotos.

Llegando al rellano en el extremo de la cresta. Foto Marie Codina.

La roca sigue agarrando perfectamente, la exposición impone respeto y una vez en la cresta hay que hacer alguna fácil acrobacia, pero no pasa nada, ya estamos casi en la estrecha y escénica cumbre del Jean Arlaud.

Hacia la cresta final. Foto Nicolas Pilloud.
Tramo final de cresta desde la cima. Foto Pablo Tello.
Ahí estamos, en la cima del Jean Arlaud. Foto Pablo Tello.

Llego a lo más alto a las nueve en punto. La nueva topografía aragonesa nombra este pico como Tuca de O, pero casi todos lo conocen como Pico Jean Arlaud, bautizado en homenaje a uno de los padres del pirineísmo y pionero del himalayismo francés, fallecido en la cresta del Gourgs Blancs en 1938. Desde los 3065 m de su cima el paisaje se encuentra dominado por el Gourgs Blancs, ahí mismo, a pocos cientos de metros a vuelo de pájaro, mostrando una silueta piramidal característica, tan distinta a la que exhibe desde el lago del Gías, el punto más alto y poco marcado de una larga muralla erizada de bloques. Hacia el Norte y el Oeste se aprecian cercanos los tresmiles Belloc y Spijeoles sobre los pequeños lagos de Isclots. Hacia el sur, el Posets y sus 3375 m dominan el horizonte.

Gourgs Blancs desde las inmediaciones de la cima del Jean Arlaud. Foto Héctor Cayuela.
Picos Spont e Isclots y lagos homónimos. Foto Marie Codina
Posets, con los picos de Gías y Clarabides en primer plano. Foto Héctor Cayuela.

No nos demoramos mucho en cumbre, que nos quedan muchos kilómetros por delante…Comenzamos a bajar por la vertiente occidental, totalmente en sombra, por terreno pedregoso, yendo a buscar el reborde sur del espolón, y luego girando a derecha. Hay un salto de II que tenemos que encontrar y es aquí donde empezamos a liarnos. Hay quien sigue la traza hasta el final, completando otro giro de 90º hacia la derecha y acabando por asomarse a los abismos de la vertiente norte. A mí me parece localizar una repisa unos cinco metros por debajo del sendero, a la altura del segundo giro a derechas. El descenso «a saco» se me antoja algo complicado, pero unos pocos metros más adelante encuentro una bajada lateral muy cómoda, que sólo exige un paso largo al final. Efectivamente, hay una traza de sendero que sigue bajando hacia la derecha, es por aquí! Aviso a mis compañeros y les voy dando indicaciones para descender hasta donde yo me encuentro. La mayoría bajan frontalmente, no es tan difícil, pero hasta que todos lo consiguen pasa tiempo…

Destrepando el primer salto del descenso del Jean Arlaud. Foto Mauricio Muñoz.

Desde la repisa vamos contorneando la cara oeste del pico para ir a buscar el segundo y más largo destrepe, que nos depositaría en la brecha del Jean Arlaud. Desde aquí arriba no parece tan difícil, puede ser un II+/III-. Según va llegando la gente, muchos se animan a destreparlo, con precaución se hace sin problemas. La instalación de rápel, un cordino que rodea una gran roca, se encuentra unos pasos más arriba, y visto que hay alguien que está sufriendo más de lo debido en escaladas y desescaladas, ahora sí que saco la cuerda y montamos el rápel,

Preparando el rápel. El descenso se realiza a través de la fisura entre los dos alpinistas de arriba a la izquierda y el situado abajo. Foto Héctor Cayuela.

Vigilamos a los que van bajando «a pelo» y a continuación mandamos rapelando a la persona que iba más flojilla. Yo desciendo el penúltimo y cuando Nico se descuelga por fin podemos recoger la cuerda y dar por terminado el descenso.

Allá voy. Foto Mauricio Muñoz.

Son ya las diez y diez, hemos tardado demasiado en el descenso del Jean Arlaud, entre las dudas para encontrar los pasos y la lentitud propia de un grupo de diez personas. Frente a nosotros, el fácil sendero de subida al Gourgs Blancs, y a ambos lados de la angosta brecha, las vertientes francesa y española, por donde acceden las antiguas vías normales de esta gran montaña.

Glaciar residual hacia el lado francés de la brecha. Foto Mauricio Muñoz.
Pedreras en la vertiente española, con el lago de Gías allá abajo. Foto Héctor Cayuela.

La roca cambia y el buen granito del Jean Arlaud se va entremezclando con esquistos poco consistentes, de tonos marrones y rojizos, durante la subida al Gourgs Blancs. La única complicación que encontramos se limita a tramos de cierta exposicion, sin tener apenas que apoyar manos. Son sólo unos 100 m de desnivel que una vez salvados nos depositan en la airosa cima del Gourgs Blancs (3129 m), con su cruz y placa conmemorativa de Jean Arlaud. Son las diez y media. Objetivo conseguido!

Llegando a la cumbre del Gourgs Blancs. Foto Pablo Tello.
Foto de cumbre. Bartolo Martos.

El día da gusto, sin apenas rastro de nubes, excelente visibilidad y temperaturas agradables. Aún divisamos abundantes neveros en este inicio de verano, aunque es inevitable pensar que a los pies de esta montaña, hasta hace bien poco, existían glaciares propiamente dichos, y cuya desaparición, aquí como en muchos otros lugares, afea las montañas y las hace más peligrosas.

Vista hacia el cordal Belloc-Spijeoles-Gourdon, tresmiles franceses.
Vista hacia el este, el Jean Arlaud se ve pequeño ahora. El Perdiguero dominante detrás y al fondo el Macizo de la Maladeta. Foto Pablo Tello.

Permanecemos media hora en la cumbre y emprendemos lo que esperábamos que fuera un corto descenso antes de coronar los dos tresmiles secundarios de la cresta occidental del Gourgs Blancs, la Torre Armengaud y la Punta Lourde-Rocheblave. Habíamos leído varias reseñas que avisaban de la facilidad de desorientarse y acabar metidos en marrones. La cresta integral requiere escalada auténtica, luego era imperativo comenzar a descender para bordear las dificultades entre la antecima W y la Armengaud antes de desviarse a la derecha y regresar a la cresta. Ignorando un primer corredor a nuestra izquierda alcanzamos la mencionada antecima y localizamos una traza hitada que baja con decisión por una canal más o menos ancha.

Vista atrás hacia el punto más alto desde las inmediaciones de la antecima W. Foto Mauricio Muñoz.

Algo de piedrilla suelta, penachos de hierba y buenos bloques de granito que obligan a destrepes sencillos. Progresamos bien, vigilando los hitos. A nuestra izquierda una cresta bien marcada delimita el corredor, a la derecha en cambio el vacío es notable.

Al inicio de la bajada. Foto Marie Codina.

Llega un momento en el que el camino principal sigue bajando por el canal que estamos siguiendo, pero una traza parece desprenderse hacia la derecha. A los pocos metros se alcanza una estrecha vira muy expuesta, inclinada sobre una profunda vaguada pedregosa, y que unos 50 m más allá alcanza una arista sobre la que diviso lo que podría ser un hito. ¿Será ésta la vía de acceso a la Torre Armengaud? Decido no seguir por ahí, lo encuentro arriesgado, sobre todo yendo con un grupo numeroso. Así que hacia abajo todo recto. Pronto alcanzamos un característico paso bajo una roca suspendida. Un aparatoso hito sobre ella nos indica que vamos por buen camino. Cabe preguntarse, ¿buen camino hacia dónde? En el peor de los casos estaremos siguiendo la vía «de escape», perdiéndonos la vía hacia los tresmiles secundarios de la cresta.

El característico bloque suspendido bajo el que pasamos. Foto Pablo Tello.
El camino prosigue por el canal. Hay que llegar hasta el final bajo la muralla rocosa que divisamos al fondo. Foto Pablo Tello.

Seguimos bajando hasta tener a vista el final del canal que seguimos, que se dirige hacia la parte baja del precipicio que hemos sobrevolado a nuestra derecha. Este último tramo, que vira de S hacia SW, impone algunos pasos de desecalada fácil antes de alcanzar la pedregosa hondonada. Nos ha llevado media hora perder los primeros cien metros de desnivel desde la cumbre.

Ultimos destrepes antes de alcanzar el fondo del canal. Foto Nicolas Pilloud.

Desde aquí el panorama se aclara. Dejamos de descender de cara al lago de Gías y el senderillo empieza a discurrir a media ladera, remontando ligeramente para dirigirse a un hito bien grande sobre el filo de la arista frente a nosotros.

Ultimos destrepes. Detrás se aprecia la traza que seguimos. Foto Nicolas Pilloud.

Una vez alcanzado el mencionado hito, ya está claro que se han terminado las complicaciones. Hemos seguido, y estamos siguiendo, la vía normal directa a la cumbre principal del Gourgs Blancs desde el Puerto de Gías. La que aparece indicada en el mapa Alpina, y que puede apreciarse en la primera imagen de este post. El descenso prosigue suave por terreno poco comprometido, bien hitado y sin pérdida posible hasta desembocar en la cresta occidental del Gourgs Blancs ya en las inmediaciones del mencionado puerto. Pero antes de alcanzarla, y cuando ya habíamos dado por perdida la Torre Armengaud, he aquí que cruzamos un corredor de aspecto asequible que se eleva recto a nuestra derecha. Un hito marca su entrada. ¿Y si es éste el acceso a la Torre Armengaud? Nos detenemos, deliberamos, parece bastante probable de hecho… Y pese a la inmejorable meteo desistimos. Eran las doce pasadas. Si esa noche hubiéramos dormido en el lago de Gías o en el Refugio de Estós, y con nueve horas de luz por delante, no habríamos dudado un momento. Pero ese mismo día teníamos que volver a Barcelona, y el lunes a trabajar. Dos días es demasiado poco para esta colección de estupendas montañas.

Echando un ojo hacia la cresta W del Gourgs Blancs, en dirección a la Punta Lourde-Rocheblave, que nos hemos perdido. Foto Nicilas Pilloud.

Ya pensando en cuándo volver para ajustar las cuentas pendientes, y de paso añadir Saint-Saud y Camboué a la caza de tresmiles, nos acomodamos en un rellano pocos metros por encima del puerto de Gías para quitarnos los arneses, comer algo y disfrutar de la sensación de que las dificultades ya han concluido y que hemos coronado dos picos de esos que te dejan contento. De esos a los que va poca gente, pese a superar los 3000 m y dar nombre a todo un macizo.

Un descansito antes de reemprender el descenso al lago. Foto Pedro Arenas.

Nos ponemos en marcha con presteza y rápidamente llegamos hasta el collado, donde el buen sendero, ya viejo conocido, nos devolverá a nuestro vivac. En la parte alta hay tramos de mucha gravilla suelta que obliga a hacer equilibrios. Marie baja lanzada, estilo cabra pirenaica…

Empezando a bajar hacia el Lago de Gías. Foto Héctor Cayuela.

En la parte baja hay que buscar la mejor ruta entre grandes bloques, pero a la una y diez ya estamos de vuelta a orillas del Ibón de Gías. Nuestras cosas, discretamente recogidas, ahí siguen. Es el momento de almorzar algo y reconstruir nuestras pesadas mochilas para deshacer el largo camino de vuelta. No sin antes echar una última ojeada a la montaña que hoy ha contemplado nuestras andanzas.

A punto de despedirnos, hasta pronto. Foto Héctor Cayuela.

Salimos poco antes de las dos y conseguimos estar de vuelta en el aparcamiento a las seis, a pesar de una larga parada en el Refugio de Estós que aprovechamos para celebrar el éxito de la salida. Hemos ido a buen ritmo y podemos estar de vuelta en casa a una hora razonable. Hemos disfrutado mucho, pero se echa en falta algún día más, para aprovechar bien la larga aproximación y la abundancia de grandes montañas accesibles desde este valle. Un grupo pequeño y en forma, en los largos días de inicio de verano, puede acampar en el Ibón de Gías, y afrontar una cabalgada formidable: el Jean Arlaud, Gourgs Blancs y sus dos satélites, más Saint-Saud y Camboué, y los tres Clarabides junto con Pico de Gías. Al día siguiente se puede bajar hacia el lado francés e ir a buscar el Seil della Baquo, o encadenar Gourdon y Spijeoles. O, en travesía, cruzar hacia el magnífico Lago del Portillón y su refugio, para subir hacia Lliterola y el Perdiguero, y regresar a la carretera de Benasque por los valles de Lliterola o Remuñe. Pocas zonas del Pirineo ofrecen un mayor abanico de posibilidades y tantos tresmiles a disposición del coleccionista.

Datos de la actividad

Longitud: 32,5 km

Desnivel: 2150 m

Dificultad: PD+ (II+ / III en roca en la subida al Jean Arlaud)

Equipamiento: Botas de montaña y bastones. Casco, arnés, cuerda auxiliar de 30 m, descensor, 2 mosquetones algún cordino.

Traza GPS (Wikiloc) aquí. Han sido eliminados los puntos a lo largo de la cresta que pudieran llevar a confusión, intentando mantener la traza más directa posible. En terreno tan confuso, es importante poseer buena capacidad de navegación y no fiarse únicamente de los tracks.

Perfil altitudinal de la salida completa.
Perfil altitudinal de la subida a los picos desde el Lago de Gías.

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