Plano de la excursión.

La cadena prepirenaica declina definitivamente al este de la Sierra del Cadi-Moixeró, donde la cima de la Tossa d’Alp (2536), degradada por remontes y pistas de la estación de esquí de Masella, representa el último dosmilquinientos del prepirineo por Oriente. El cordal prosigue por las Fonts del Llobregat y la Sierra de Montgrony, abandonando el carácter rocoso y agreste que mantiene al oeste del Coll de Pal (2105 m) para dar paso a amplias praderas de montaña y bosques de pinos (rojo y negro) y abetos. Se trata de una sucesión de cimas herbosas y redondeadas que van degradando desde los 2409 m del Puigllancada, justo al este del mencionado Coll de Pal, hasta los 1250 m de la Muntanya d’Hortellfet, encima de Ribes de Freser. Aquí hay tres cimas puntuables para el reto de las 100 cimas de la FEEC, el propio Puigllancada, la cima de la Creueta (2067 m) y Costa Pubilla (2056 m), que se pueden enlazar en una larga caminata desde el Coll de Pal hasta Campelles y Ribes. Aparte de por su longitud este recorrido sería sencillo, dado el muy moderado desnivel y la ausencia de dificultades técnicas, si no fuera por los inconvenientes logísticos; se necesitan dos coches, y el tiempo de conducción entre los puntos inicial y final es muy largo.

Sin embargo, la línea de cercanías de tren R3, Barcelona-Puigcerdá, facilita la realización de esta travesía, utilizando las estaciones de la Molina y Ribes, permitiendo además vías de escape gracias a los apeaderos de Toses y Planoles. Eso sí, pagando el precio de 700 m de desnivel positivo extra. Seguramente en invierno existe la posibilidad de utilizar los autobuses que suben a la zona alta de la estación de esquí, pero carece de sentido plantearse subir por las pistas estando éstas abiertas. En este caso la alternativa es servirse de los remontes de Tossa d’Alp para llegar cómodamente al refugio de su cima, y de aquí descender a Coll de Pal por la cresta, evitando a los esquiadores.

A finales de Abril de 2023 los Pirineos tienen poquísima nieve, y los prepirineos prácticamente nada. Minutos antes de las 9 de la mañana bajo del tren en la estación de la Molina (1426 m). Todo está cerrado. Las urbanizaciones de la zona se encuentran desiertas, no hay nadie a la vista. El paisaje es digno del mes de Noviembre.

La estación de la Molina, desierta.

Comienzo a caminar por el paso elevado sobre las vías, al final del cual giro a la derecha y empiezo a zigzaguear por pistas que pasan junto a diversas edificaciones aisladas, tan vacías como cabía esperar.

Primeros metros en fuerte subida.

Al poco acabo en la carretera asfaltada de Supermolina, que debo seguir durante kilómetro y medio. No es una experiencia muy montañera, pero por lo menos no hay casi tráfico. Alcanzo una rotonda en la que continúo recto, entrando en sector urbanizado.

Sigo recto, al fondo por fin se adivinan las montañas a donde me dirijo.

Paso entre las casas y al poco vuelvo a encontrar la carretera de Supermolina, que cruzo para proseguir recto en suave descenso hacia el gran aparcamiento. Hay que mantenerse a la izquierda, pegado a las taquillas, para ir a buscar un senderito que entra en el bosque, a la izquierda.

Subiendo por el bosque, justo después del aparcamiento.

Hay que seguir centrados por la traza más abierta, que durante un tramo coincide con una pista de trineos, sin dejarse despistar por huellas que entran en el bosque a la derecha. Así llego al lago artificial de La Molina, utilizado como reservorio de agua para la estación, que bordeo, enfilando hasta su cabecera.

El lago de La Molina

Encuentro una pareja de caminantes, los primeros del día, pero durante la sucesiva subida por la pista Comabella, casi 2 km de fuerte pendiente no veo a nadie.

La pista Comabella es una cicatriz que remonta el valle en dirección a Coll de Pal.

En este tramo encajonado el bochorno comienza a hacerse sentir, hasta que desemboco en una vaguada más abierta, al pie de la vertiente occidental de la gran mole del Puigllancada. Frente a mí distingo en lo alto la hendidura del Coll de Pal; el sendero GR-150, bastante desdibujado, seguiría remontando el valle hasta alcanzarlo. Decido en cambio girar a la derecha, remontando una empinada ladera herbosa, siguiendo más o menos los pilones de un remonte, hasta que llego al asfalto, un kilómetro antes del Coll de Pal, que alcanzo tras hora y media de camino.

Desde la carretera de Coll de Pal, la empinada ladera herbosa que acabo de superar.
la cima del Coll de Pal.

El cielo hoy tiene un tono lechoso, producto del calor y la humedad que me hace sudar como un pollo. Bueno, a partir de aquí empieza lo divertido y por fin puedo perder de vista las pistas de esquí y la chatarra metálica que la acompaña y estropea irremediablemente la montaña. Me sorprende que en el alto encuentro poquísimos coches, y los únicos seres humanos con que me cruzo son dos ciclistas que han subido por la vertiente sur, desde Bagá, la única totalmente asfaltada de este gran puerto de montaña. Desde aquí cojo el bien marcado sendero que me conduce a la cumbre del Puigllancada.

Por su lado oeste, el Puigllancada presenta un aspecto alomado. La cima se encuentra a la derecha.

El sendero está bien marcado con hitos y balizas amarillas, zigzagueando para superar la fuerte pendiente. Hay variantes que permiten atajar en algunos tramos.

El sendero marcado de ascenso al Puigllancada.
Vista hacia atrás, con la Tossa d’Alp y la carreter del Coll de Pal.

El terreno herboso se encuentra requemado por el frío y la sequía. Me he desviado ligeramente hacia la vertiente sur y giro a la izquierda, buscando las trazas que me van conduciendo hacia un terreno más pedregoso y con menospendiente, que anuncia ya la vecindad de la cima.

Buscando la cima.

Allá arriba hay algunos hitos, un vértice geodésico y un buzón. Alcanzo el punto más alto en 1 h 57 min desde la salida. Encuentro una pareja que a los pocos munutos me deja solo para disfrutar de amplios panoramas, que no obstante me dejan un sabor triste. No sólo por la luz mortecina de esta jornada, sino por las montañas peladas, marrones en vez de verdes y blancas. La soledad, estimulante en otras ocasiones, contribuye a esta impresión. ¿Por qué hoy no hay nadie?

Vértice geodésico y buzón en la cima de Puigllancada. Al fondo el valle del Llobregat.
Vista hacia el Norte, los altos picos del Pirineo Oriental en la lejanía.

No permanezco mucho tiempo en la cumbre, mi plan de máxima prevé llegar hasta Ribes de Freser, y ahora me toca navegar fuera de sendero siguiendo la ruta GPS del móvil. Empiezo a descender por la vertiente este, buscando trazas de camino. Enseguida encuentro un curioso belén…

Nacimiento en las inmediaciones de la cima del Puigllancada.

No acabo de ver las cosas claras y dudo antes de decidirme por una u otra trayectoria. Por debajo de mí el terreno es muy pendiente y la recepción del satélite deja bastante que desear. La intención sería apuntar hacia un hombro bien marcado, colgado sobre la vertiente meridional, sin alcanzar su cumbre, y meterse en una profunda vaguada a su zquierda para ir a buscar la pista que se insinúa al fondo y que rodea el Tossal de Rus (2118 m).

El descenso del Puigllancada hasta la pista que conduce al Coll de la Creueta.

Empiezo a bajar por terreno pedregoso que se vuelve poco a poco más cómodo, llegando a un colladito bajo el citado hombro. Salvo una alambrada y encuentro dos ciclistas que han subido por la vertiente sur y se encaminan al Puigllancada. A mi izquierda el declive es profundo. Al principio me ciño demasiado a la derecha, sin querer perder mucha altura, por trazas confusas, pero acabo teniendo que lanzarme cuesta abajo hacia el fondo de la vaguada. Mirando bien dónde piso, cuando alzo a vista distingo a pocos metros una masa peluda que me observa y rápidamente desparece bajo tierra. Acabo de alterar la tranquilidad de una marmota residente… Me acerco a la puerta de su casa pero no sale a saludar.

Marmotera.

Tras sortear una zona encharcada, alcanzo finalmente el collado de les Tortes (1947 m). He tardado una hora desde la cumbre, demasiado tiempo. Una vez en esta pista, es fácil, no tengo más que seguirla hasta la carretera asfaltada de la Creueta.

El collado de les Tortes.

La pista rodea el Tossal de Rus por el norte, en suave descenso hasta alcanzar una majada, donde vuelve a subir para flanquear el Cim de Pla Baguet (2036 m) por el sur. Habría un senderillo que permite alcanzar el Coll de la Creueta más directamente pasando por su cumbre, pero prefiero ignorarlo y continuar a buen paso por la pista, que zigzaguea por la ladera.

Iniciando el suave ascenso para rodear Cim de Pla Baguet.

Colgada sobre los amplias praderías de la vertiente sur, la pista ofrece excelentes vistas según se aproxima a la carretera asfaltada, a 1920 m, que finalmente alcanzo a la una menos diez. He ganado tiempo, pero empiezo a cuestionarme si será posible completar la ruta hasta Ribes. El ambiente bochornoso me empieza a pasar factura.

Llegando al Coll de la Creueta (1888 m). La ruta sigue por la arista que tenemos enfrente.

Cruzo la carretera para buscar la embocadura del senderillo que debo seguir. Es importante no tirarse muy a la izquierda, ya que hay que seguir próximos a la arista, por su lado meridional. Hay que superar unos sencillos tramos rocosos al inicio, antes de alcanzar una amplia zona herbosa que, tras superar una antecima, nos conduce a la cima de la Creueta, detrás de un torreón rocoso bien visible. A decir verdad no es neceario alcanzar la mencionada antecima. Basta con entrar en la depresión bajo la loma cumbrera y remontarla hasta el vértice geodésico, en el punto más elevado.

Hito en la antecima de la Creueta. La cima está en primer plano a la derecha.
Llegando a la cumbre.
Vértice geodésico. Hay que descender a una nueva depresión e ir a buscar el cordal herboso a la izquierda.

Es casi la una y diez. La cima de la Creueta, de «sólo» 2066 m de altura no tiene ni de lejos la prominencia del Puigllancada, pero me deja una sensación más salvaje. No ciertamente por sus formas redondeadas, sino por la impresión de estar muy lejos de todo, a pesar de la relativa cercanía de la carretera. Desde el puerto de la Creueta no había visto a nadie, ni volvería a verlo en varias horas. Frente a mí, un largo cordal de suaves colinas herbosas, interrumpidas al fondo por la más airosa silueta del Pedra Picada, por delante de l’Emperadora y el Costa Pubilla. Un descenso de apenas 60 m y una subida aún más breve me dejan en la anónima cumbre de Pleta Roja (2031 m), un kilómetro al este de la Creueta. Aquí sorprendo, unos cien metros más abajo, a un grupo de corzos que rápidamente huyen al advertir mi presencia. No consigo capturarlos con la cámara…

En lo alto de la Pleta Roja, con Pedra Picada a la derecha, y el macizo del Puigmal al fondo. El collado del Ginebrar se encuentra oculto entre la cima herbosa de la Moixera, en primer plano, y Pedra Picada.

Desde aquí desciendo decididamente hacia la depresión a mi izquierda, a una cota de 1950 m, para volver a ganar el cordal, pasando por La Moixera (1996 m), y bajar hasta el vecino collado del Ginebrar (1900 m), en cuyas inmediaciones hay un pluviómetro, y a donde llega una pista desde la vertiente sur. Son las dos menos diez y decido hacer una parada para almorzar. También echo cuentas y calculo que si sigo adelante con el plan original llegaré muy tarde a Ribes, y mañana es lunes. Tampoco tengo hoy las mejores sensaciones. Por tanto decido que hasta aquí hemos llegado y que bajaré directo a Toses . Este lugar, entre el bosque de coníferas a un lado y las vastas praderas al otro, es verdaderamente agradable, y la montaña es un terreno para gozar y relajarse, no para ir con prisas. Tiempo habrá de volver. Esta travesía tiene la ventaja de ofrecer varios buenos puntos de retirada hacia la vertiente norte, por donde pasa el tren. Además de Toses, también es posible descender hacia la estación de Planoles, un poco más adelante.

Así que puedo almorzar con calma, en total soledad y con una temperatura sensiblemente más fresca, lo que se agradece. Llega a amenazar lluvia, aunque se queda en eso. Una horita de relax, y luego, a bajar. El camino es claro y se encuentra balizado, pero para localizar su arranque, bastante confuso, hay que meterse entre los árboles. La pendiente es fuerte y hay que andar con ojo para no tropezar con ramas, raíces y piedras.

El camino de bajada a Toses en su parte más alta.

Al cabo de poco más de 1 km llego a un claro donde encuentro una pequeña exploración silvícola, y el camino enlaza con una ancha pista.

El camino atravesando un claro. En la motaña frente a nosotros se aprecia la cicatriz de la carretera nacional del Collado de Toses.

Tomamos la pista en descenso. Si giráramos hacia la derecha acabaríamos en el mismo cordal que acabamos de abandonar, más adelante del collado del Ginebrar. Medio kilómetro más adelante alcanzamos un nuevo cruce y una nueva pista, que también tomamos hacia la izquierda. Aquí hay paneles indicadores.

Llegamos a una nueva pista. Nuevamente, si siguiéramos hacia arriba, alcanzaríamos el cordal cerca del Pedra Picada.

Hay que estar atentos, ya que hay que abandonar esta pista unos setecientos metros después del cruce, por una traza al principio desdibujada que se acaba convirtiendo en un senderillo que baja decidido hacia Toses. Si nos despistamos y seguimos por la pista acabaremos dando un pequeño rodeo. En caso de duda hay que seguir siempre las balizas amarillas.

Al poco de abandonar la pista el senderillo se mete por aquí.

Nuestro camino desciende con pendiente bastante marcada por terreno umbrío y fragoso.

El sendero se encuentra balizado.
Flores a la sombra del bosque.

Así, de forma rápida, el camino me deja justo enfrente de la estación de Toses. He recorrido unos 4 km desde el collado del Ginebrar. No me queda más que atravesar las vías y comprobar que he tardado menos de lo previsto. Me toca esperar una hora hasta el siguiente tren… Afortunadamente la cafetería de la estación está abierta, y hay una bonita iglesia románica cerca. Otro día interesante en la montaña.

Datos de la excursión:

Longitud: 24 km

Desnivel positivo: 1300 m

Altura máxima: 2408 m

Dificultad técnica: inexistente.

Tiempo: 7 h 1 min total, 5 h 17 min en movimiento

Traza GPS aquí.

Perfil altimétrico de la excursión.

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