En el extremo norte de la Península Escandinava, en el país sami, no hay altas montañas. Las formas vigorosas del sector meridional de la cordillera escandinava se van endulzando hacia el norte, y al llegar a Finlandia el paisaje es el de un altiplano del cual surgen colinas erosionadas, que se cuentan entre las montañas más antiguas de la Tierra. Es la tierra de los pastores de renos, interminables extensiones deshabitadas de tundra, salpicada de bosquecillos de abedules enanos y rododendros árticos.

Ubicación del Saana.

En la punta más noroccidental de Finlandia, prácticamente sobre la triple frontera con Suecia y Noruega, en la Ruta 21, se encuentra la minúscula localidad de Kilpisjärvi, la puerta de una vasta reserva natural, la Käasivarsi Wilderness Area, donde por cierto se encuentra el techo de Finlandia, el Halti (1328 m), al que se llega siguiendo una ruta balizada de 55 km.

Mapa de la Reserva de Käasivarsi. Tomado de la página http://www.nationalparks.fi

Pero si no tenemos tiempo o ganas de emprender una aventura de tal envergadura, la ascensión al Saana, un airoso monte-isla que domina Kilpisjärvi y el lago homónimo, es una sencilla y satisfactoria alternativa.

El Saana desde el lago Kilpisjärvi helado. Tomado de Wikipedia.

Regresando de un viaje por el extremo norte de Noruega, de vuelta a Rovaniemi, y nada más cruzar la frontera finesa, la visión de este solitario promontorio invita irresistiblemente a subirlo. Sobre todo cuando hay un camino bien trazado y mantenido que conduce a su cima. Con todo, no se trata de un paseo. Con una longitud de 8,5 km ida y vuelta y un desnivel positivo de 550 m, plantea una cierta exigencia.

Traza de la ascensión, elaborada con la herramienta de Outdooractive.com.

Nos acercamos al final del mes de agosto y por tanto ya no podremos disfrutar del sol de medianoche, pero aún así gozar de las vistas con la luz de la tarde promete emociones intensas. Es así que poco antes de las cuatro de la tarde partimos del aparcamiento de la Malla Strict Nature Reserve, al norte del pueblo y en el extremo septentrional del gran lago (490 m). Las coordenadas son: 69.060755 N, 20.770726 E. Hay aquí una caseta de información e indicaciones del sendero. No hay pérdida posible. Cruzamos la carretera y comenzamos tomando una cómoda pista, que sube suavemente cara a los acantilados de la montaña.

Los primeros metros transcurren por pista.

Poco después entramos en un bien cuidado sendero que atraviesa un bosquecillo de abedules. Hay puntos en los que crece la pendiente, donde se han tallado algunos escalones, así como un refugio de fortuna dotado de WC químico.

Subiendo por el bosque.

A unos 600 m de altitud salimos del bosque entrando en un entorno de tundra, caracterizado por arbustos enanos que tapizan el terreno pedregoso. El camino se encuentra domesticado por la mano del hombre. Decenas de escalones de madera facilitan superar la dura pendiente al tiempo que protegen el terreno de la erosión. Este medio es particularmente frágil, por ello es importante no salirse de los caminos.

Saliendo del bosque encontramos este cartel.

Vamos escalando la montaña, subiéndonos a la proa rocosa donde se encuentra el punto más alto.

Empezando el ataque a la cumbre por terreno descubierto. Llevamos una media hora de camino.

Al cabo de una hora de camino nos encontramos próximos a la cumbre y el panorama se va abriendo al tiempo que la inclinación cede. El rocalloso sendero se encuentra balizado por círculos rojos y algunos postes. La abundancia de piedras sueltas nos indica el efecto de la erosión de antiguos glaciares. Como curiosidad, la región de Kilpisjärvi, que forma parte de los Montes Caledonianos Escandinavos, contiene las rocas más jovenes de Finlandia. Estos montes se remontan al período Silúrico, hace más de 400 millones de años, como consecuencia del choque entre los continentes de Báltica y Avalonia. Y alguien dirá, si este territorio es el más joven, cómo serán los más antiguos… Pues sí.

Según nos acercamos a lo más alto el sendero pierde algo de pendiente, pero hay que llevar cuidado con los cantosy gravas que lo cubren.

Las vistas hacia el lago de Kilpisjärvi son excelentes. Hacia el este, un pequeño lago muy cercano al sendero y una inacabable extensión de tundra.

El lago Kilpisjärvi a nuestros pies. Se aprecia el brillo del sustrato rocoso, de antiguos gneises y granitos.
Vista hacia el este desde el camino de subida.

Finalmente, en menos de hora y media alcanzamos el plateau somital, marcado por una antena de telecomunicaciones (la cima verdadera se encuentra unos metros hacia el norte) y una estación meteorológica.

La torre de comunicaciones cerca de la cumbre

La temperatura es agradable y disfrutamos de este magnífico lugar durante más de una hora. Las vistas son grandiosas en todas direcciones. Sólo la carretera a nuestros pies y el diminuto poblado nos recuerdan que hasta aquí ha llegado el hombre. Es casi como el día después de que Dios creara el mundo. Hacia levante, la vista se pierde en la tundra ondulante, hacia poniente el horizonte salvaje de las montañas del Parque Abisko, en el extremo norte de Suecia.

Zoom hacia el Oeste, hacia Suecia.
Hacia el sur, el lago Kilpisjärvi y el pueblo.
Hacia el este, lagos y tundra infinita.

Tras un prolongado descanso, que aprovechamos para comer algo, llega el momento de ir bajando, con tranquilidad, disfrutando de la magia de la luz del Ártico. Volveremos por donde hemos venido. Pasando por las inmediaciones de la antena, enfilamos el camino con vistas hacia la puesta del sol.

Caos rocoso en la zona de cumbre.

Es difícil apartar la vista del espectáculo del atardecer según vamos descendiendo. Una nube avanza desde el Norte hacia el lago mientras las montañas se alumbran en el sol poniente. El espectáculo es soberbio.

Atardecer sobre el lago.

Son las siete y media cuando entramos de vuelta en el bosquecillo. Hemos sido de los últimos en bajar, todo está en calma y de pronto un crujido entre el follaje rompe el silencio. Ahí mismo, apenas a un par de metros, dos renos ramonean entre los abedules.

¡Os hemos pillado!

Retornamos a nuestro vehículo, agradablemente cansados y contentos por una excursión modesta que sin embargo nos ha dado grandes satisfacciones.

No es necesario ningún equipo especial para afrontar esta caminata, unas simples zapatillas robustas serán suficientes con terreno seco y buen tiempo. No hace falta decir que, estando dentro del Círculo Polar Ártico, es imprescindible considerar la ropa de abrigo adecuada a las condiciones. Fuera del período entre Junio y Agosto, se pueden esperar condicones meteorológicas severas, e incluso en pleno verano el tiempo puede torcerse y exponernos a grave riesgo de hipotermia si no estamos preparados. Otro factor a tener muy en cuenta es la profusión de mosquitos durante el período tardoprimaveral y estival en todo el norte de Escandinavia, en particular allí donde hay abundancia de lagos y turberas. Su asedio puede arruinar cualquier excursión que acometamos e impedirnos disfrutar de la belleza de estos parajes. La utilización de pantalones y camisetas de manga larga, así como una redecilla para proteger la cabeza, será por tanto una muy buena idea. Nosotros tuvimos fortuna en este aspecto, y es que durante las últimas semanas del verano la mayor parte de estos insectos ya han concluido su ciclo vital.

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