Un día sin montañas.

El segundo día de la fase de aclimatación sería de puro turismo de altura. Tanto por la cota, con cientos de kilómetros recorridos en torno a los 4000 m, como por los parajes excepcionales que encontraríamos en nuestro camino, con el Monumento Nacional del Salar de Surire como lugar estrella. Aclimatar aquí es posible a bordo de nuestros vehículos, preparando el organismo para los duros desafíos que nos esperan al tiempo que se atraviesa una región de enorme belleza.

Mapa de nuestra ruta.

Las noches en el desierto son frescas, y a los 1100 m de altitud de Pica, más, pero acabo pasando calor y no durmiendo demasiado bien. Nos levantamos tempranito, que hay que buscar un lugar par arreglar la rueda pinchada y salir hacia Putre no demasiado tarde. Preguntamos en la gasolinera Copec y nos dirigen hacia el «vulcanizador», un tipo de pocas palabras que hace su trabajo con bastante eficiencia, y son pasadas de poco las nueve que finalmente nos ponemos en marcha. Es tentador regresar al Salar de Huasco para tomar la Vía Andina hacia las inmediaciones de Lirima, dirigirse al majestuoso Paso Picalvique, de más de 5000 m, y descender a Colchane, para desde aquí atravesar los Parques Isluga, Vicuñas y Lauca antes de llegar a Putre. Desgraciadamente, no nos da tiempo como para llegar a una hora razonable. En los últimos años se están ejecutando importantes obras de mejora en la Vía Andina, y el ripio ha sido sustituido por el asfalto en muchos tramos, pero aún así Google Maps nos da hora y media más de conducción. Por tanto, llegaremos a las inmediaciones de Colchane utilizando la Ruta 15 Iquique-Oruro. En primer lugar bajamos a la ciudad de Pozo Almonte, ubicada en el valle central, donde llenamos los depósitos a tope. Ayer no parecía que el consumo de los coches fuera excesivo, por lo que decidimos no llenar bidones de emergencia. Margen de sobra para llegar a Putre, una vez allí ya veríamos si comprar el gasóleo «de estrangis» o bajar a Arica a repostar, en cualquier caso un bidón de 10 litros no bastaría.

Esperando a reparar nuestra rueda pinchada.

Recorremos velozmente la Panamericana en dirección Norte hasta la localidad de Huara, donde nos desviamos hacia la ruta internacional. Aquí se encuentran unas instalaciones de pesaje de camiones y controles de Carabineros. La ruta que tomamos es una vía internacional de gran importancia, con tráfico de pasajeros y mercancías hacia y desde Bolivia. Avanzamos veloces por la carretera ancha y bien asfaltada. Poco a poco, según remontamos las primeras estribaciones de la cordillera, el monótono relieve del valle central da paso a un paisaje más variado, con pequeños cañones y quebradas.

Al cabo de unos 70 km y a casi 3000 m de altitud dejamos a nuestra derecha el pequeño poblado de Chusmiza, una mancha verde en las montañas ocres salpicadas de matorral, donde hay termas y una pukará, antigua fortaleza incaica. A esta altitud el firme de la carretera ya muestra señales de deterioro, con tramos que han perdido el asfalto y numerosos baches que obligan a ir con atención. Superamos con holgura la barrera de los 4000 m en un alto que da paso al altiplano. Recuerdo mi primer paso por este paraje, hace diez años, en medio de una tormenta de nieve que nos obligó a retroceder. Aquello fue un espectáculo surrealista, irrepetible. Hoy sin embargo las emociones al volante no pasan de superar a algunos camiones de grandes dimensiones sin hundirse en un cráter a la salida de una curva.

Por el Parque Nacional Isluga.

Parada técnica al borde de la A-487

Han dado ya las doce cuando, unos 40 km antes de la frontera boliviana, encontramos una desviación a la izquierda, la A-487, que nos permitirá unirnos a la Vía Andina varias decenas de kilómetros al norte de Colchane, ahorrando tiempo. Se encuentra sin asfaltar, pero circulamos sin problemas manteniendo la tracción en un solo eje. Esta es la carretera que se utiliza para acceder a los célebres Géiseres de Puchuldiza; la desviación hacia este lugar se encuentra un poco después del cruce, hacia la izquierda. Nosotros proseguimos por el carril principal. Pasamos por la pequeña localidad aymara de Mauque, con su característica iglesia.

La iglesia aymara de Mauque.

Un poco más adelante, llegamos a Coipoma, poco mas que un campamento. Podemos calificarlo de siniestro, con sus chavolas de lata y perros sueltos. Pero es aquí donde la confusión del mapa que tengo cargado en el Garmin, con varias trazas entrecruzadas, nos hace cometer un «error». Entrecomillo lo de error porque los parajes que atravesaríamos a continuación son espléndidos, pero mi intención primera era la de ahorrar kilómetros. Por tanto, mantengo la que me parece la vía principal, que rodea el pueblo por la derecha, trazando una curva a la salida y enfilando hacia el cordal fronterizo, con el volcán Isluga bien en relieve. Intuitivamente es por ahí, pero no… Esta es la A-491, y la A-487 que traíamos parte secamente a la izquierda, en dirección Oeste, solo para girar hacia el Norte un poco más allá. Al dar vista al pueblo deberíamos haber seguido rectos, entrando, en vez de flanquearlo.

La bifurcación de la A-487 y A-491. En rojo, l ruta que seguimos, en azul la vía más breve.

La carretera sigue en buen estado, y a poco alcanzamos una nueva bifurcación. Una ancha traza sigue recta, es tentadora, pero el mapa del GPS me dice que la ruta prosigue girando a la derecha, en dirección a Colchane. Empiezo a intuir que estamos dando un rodeo innecesario, pero merece la pena… Nos aproximamos a una zona húmeda creada por el río Isluga y ante nosotros aparece la Laguna Aravilla. Una amplia explanada a la izquierda de la ruta permite aproximarse a la orilla. Es la una y media y haremos un alto aquí. Hay un mínimo acondicionamiento turístico, con senderos delimitados por hileras de guijarros y paneles informativos. El interés ecológico de este área, a casi 4000 de altura, es indudable. Las alpacas pastan en la orilla, sin incomodar a los innumerables flamencos que habitan la laguna. De fondo, dominante, el volcán Isluga (5534 m) y su característica fumarola.

La Laguna Aravilla. Detrás, humeante, el Volcán Isluga, que da nombre al Parque Nacional en que nos encontramos.
Los flamencos abundan en esta laguna.

No vamos holgados de tiempo si queremos disfrutar con margen del Salar de Surire y las termas de Polloquire, el punto estelar de la jornada de hoy. por tanto hay que ponerse nuevamente en marcha. Dejamos a la derecha el ramal que prosigue hacia Enquelga y Colchane, y proseguimos por la A-491 rodeando el humedal. Un vadeo del río Isluga nos deposita finalmente en la vía Andina, la A-95 (A-385 en otros mapas).

Vadeando el río para incorporarnos a la carretera principal.

La carretera mejora pero los primeros kilómetros discurren encajonados por una suerte de pequeña garganta formada por el río Isluga. Aquí se forman humedales donde pastan decenas de alpacas. Este es el ganado que da de comer a las comunidades aymará del altiplano.

Alpaquitas pastando en el bofedal.

Algunos kilómetros más adelante salimos de esta zona más cerrada, entra por nuestra izquierda la A-487 y algo más tarde la A-45. Aquí la pista se ensancha, hay dos trazas paralelas muy cómodas, de gravilla muy fina, generalmente con buen agarre, que nos permiten superar los 100 km/h; basta prestar atención para no meter la rueda en las cunetas arenosas. Yo voy por delante, abriendo ruta; sin embargo hay un momento en que no veo a nuestros compañeros por el retrovisor. Bajo velocidad y espero que nos alcancen. Qué raro, con lo que le gusta a Xabi darle gas al tema… Pues no aparecen, así que nos damos la vuelta, a ver si les ha pasado algo. En pocos minutos divisamos la camioneta azul, detenida y nuestros tres compañeros fuera. Están cambiando una rueda. Segundo pinchazo en dos días…

Reparando el pinchazo.

«Ya pensábamos que nos abandonabais aquí..» En fin, la situación parece bajo control. Pero aquello no es un pinchazo, es una perforación en toda regla. Un enorme boquete en la goma. Nos cuesta entender qué pudo provocarlo, y no lo sabríamos hasta el día siguiente, cuando el vulcanizador de Putre nos mostró un gigantesco tornillo, de unos veinte centímetros de largo y uno de ancho, recuperado del interior de la cámara. Una pieza desprendida de algún vehículo esperando a su víctima al borde de la calzada.

Emulando a los pilotos del Dakar.

Son las dos y media y la impresión es que no paramos de acumular retrasos. Esta vez todo es más simple que ayer, Albert y Xavi se bastan para hacer el cambio con rapidez, y podemos seguir adelante. El tramo que sigue es disfrutón a tope, circulamos en paralelo, casi, casi, corriendo un rally.

Acercándonos a la desviación a la izquierda. La ruta aparentemente sigue recta, entre los grandes picos de Capitán (izqda.) y Lliscaya (derecha), pero es necesario flanquear el primero.

Con el entusiasmo de la velocidad, casi se me pasa por alto el punto clave. La traza aparentemente principal sigue recta, y hay una, más estrecha, que parte hacia la izquierda. Es aquí, y de un volantazo tomo la pista «secundaria», que realmente es por donde sigue la Vía Andina. Recordaba de la última vez que había que rodear el prominente pico a nuestra izquierda, el Capitán (5125 m). De haber seguido recto, apuntando al paso que se intuye entre esta montaña y el Lliscaya (5631 m), al fondo a la derecha, penetraríamos en territorio boliviano. Hay que decirlo todo, esta incursión sería breve, poco más de 3 km; según los mapas la pista acabaría torciendo a la izquierda para reentrar en Chile y descender a la orilla oriental del Salar de Surire. Y la verdad es que para llegar a las Termas de Polloquire desde el cruce la distancia es de sólo 12,5 km por la vía «ilegal», frente a los 36 km por la ruta que seguiríamos nosotros. Más aún, la altitud del puerto a superar sería también muy inferior (4500 m frente a 4733 m). Ahí lo dejo, y que cada cual tome sus decisiones. Es improbable ser interceptados por una patrulla de Carabineros, pero nosotros optamos siempre por la legalidad. No queremos líos.

Detalle de las rutas hacia el Salar de Surire.

En la parte final del ascenso al collado que nos separa del Salar de Surire la pista se estrecha y deteriora, con algunas curvas cerradas. Este es el tramo más técnico del día. Superado el alto la pista va mejorando poco a poco y cuando damos vista al Salar de Surire ya sabemos que lo que nos queda es sencillo, aunque aún queda una larga tirada hasta Putre.

El Salar de Surire y Guallatiri.

Desde lo alto ya divisamos el Salar de Surire. Se distingue la traza de la pista. Las termas se encuentran hacia la derecha (orilla SE del salar)

Una vez terminado el descenso la pista recorre unos pocos kilómetros llanos, y cuando alcanzamos las inmediaciones del salar abandonamos la Vía Andina para tomar el desvío a la derecha, con indicación de las termas. La pista, en buen estado, nos conduce al cabo de una decena de kilómetros a este maravilloso lugar. El agua sulfurosa aflora burbujeante cerca de la orilla, y en este punto el agua está tan caliente que uno puede llegar a quemarse. Un entrante de tierra permite alejarse algo de la zona de temperaturas extremas y elegir, a gusto del consumidor, dónde zambullirse. Aquí tambien es donde se encuentran los afamados fangos, que deben de ser estupendos para reumatismos y todo tipo de males musculares. Lástima que no podamos disfrutar de este lugar después de concluir nuestras escaladas. Nuestros maltrechos cuerpos sin duda lo agradecerían.

Por fin, en este lugar estupendo.
Esta es la zona donde surgen las aguas hirvientes del subsuelo.
Qué mejor lugar para comer algo.

Son las cuatro de la tarde y finalmente podemos relajarnos y pararnos a comer algo un poco más sólido. Después de lo cual, llega la hora de cambiarse y disfrutar, casi todos, de un baño relajante, embadurnamiento con barro incluido.

Un spa a 4100 m de altura.
Hay quien prefiere dar un paseo en vez de bañarse.

Gozamos como enanos, en mi caso es la segunda vez que tengo la suerte de poder disfrutar de este lugar. Es un paraje relativamente conocido y suelen llegar camionetas con turistas, pero por lo general es muy tranquilo y no es raro encontrarse totalmente solo. En esta ocasión hay otro coche y dos personas, locales, que parecen llevar a cabo algún tipo de trabajo científico. Todos nos comportamos muy pudorosomente y nadie se desnuda para entrar en el agua, aunque esta sería la forma más «correcta» y liberadora de disfrutar del baño termal. Chile sigue siendo un país muy conservador en este aspecto, y las poblaciones aymarás aún más. En las termas salvajes no suele haber problema para bañarse como a uno le dé la gana, pero hay que estar atentos a lo que nos rodea y ser respetuosos. En las termas turísticas el nudismo (y el topless femenino) no son una opción.

Más en general, no sólo en Chile, sino en todo el ámbito andino donde las poblaciones aymarás y quechuas son predominantes, conviene preocuparse de conocer un mínimo de su cultura como para no caer en faltas de respeto, a medio camino entre la negligencia y un racismo más o menos celado. Estos pueblos viven un sincretismo religioso consistente en un barniz cristiano superpuesto a sus creencias ancestrales, fuertemente ligadas a la naturaleza. Entrar sin camiseta o en bikini a una iglesia aymará no se nos ocurriría a nadie, ciertamente. Pero hay también santuarios, montañas y lagunas sagradas. He visto a un grupo de británicas medio borrachas berreando en las ruinas de Ollantaytambo, cerca de Cuzco, y hay quien se baña en la Laguna Verde, a los pies del Licáncabur, montaña sagrada incaica. Estas cosas son irrespetuosas, innecesarias y perfectamente evitables.

Volviendo a nuestras aventura, este sería un gran sitio para quedarse una noche. Es posible acampar, y disfrutar de un baño nocturno en las termas tiene que ser una maravilla. Hay incluso un refugio de CONAF en las inmediaciones. Esta posibilidad había sido considerada en una primera planificación del viaje, pero los problemas relacionados con la crisis migratoria y la actuación de mafias en el cercanísimo confín con Bolivia nos hizo desistir. Así que tras una hora larga de relax volvimos a los coches, deshaciendo el camino hasta enlazar nuevamente con la Vía Andina y proseguir hacia el Norte. Flanqueamos el salar por el oeste, pasamos junto a una mina con importante tráfico de camiones y enfilamos dirección Guallatiri por lo que es prácticamente una autopista sin asfaltar. Entramos en la Reserva Nacional de las Vicuñas. Frente a nosotros, a la derecha, aparecen los grandes colosos volcánicos del Guallatiri (6071 m), Acotango (6052 m) y Capurata (5990 m).

Desde la carretera divisamos el Guallatiri (izqda.), Acotango (centro, en segundo plano) y Capurata (dcha.)

Vamos llegando al pueblo de Guallatiri, en cuya entrada el río homónimo forma unos bofedales donde pastan las alpacas. Para los parámetros altiplánicos esto es casi una metrópoli. Hay una caserna de Carabineros, un espartano albergue y una preciosa iglesia aymará.

Parajes bucólicos en las inmediaciones del pueblo de Guallatiri.

Es llamativo el tráfico de camiones que hay en esta carretera, en buena medida debido a la proximidad de las minas. La Reserva de Las Vicuñas y el Parque Lauca poseen unos valores ecológicos únicos, pero esto no ha impedido cierto «desarrollo económico». Recientemente se reabrió la mina de Choquelimpie, no lejos de este lugar.

La magnífica iglesia aymara de Guallatiri. Es posible subir a la torre a través de una angosta escala interna.

Hacemos un nuevo alto en este lugar, aparcando cerca del cuartel. Visitamos la iglesia, de típica factura aymará. Algunos reptan por la estrechísima escalera de la torre para llegar al campanario. Yo ya lo hice en su momento, me quedo abajo y fotografío a mis compañeros.

La iglesia vista desde el campanario.

«Guallatiri» es el nombre de un pueblo, de un río, y por supuesto de un volcán. Desde aquí gozamos de una vista privilegiada de esta montaña, muy próxima, que constituye el gran objetivo de esta fase de aclimatación. Su forma airosa, su cumbre nevada y su permanente fumarola atraen la mirada. Es posible ascender desde aquí, por el suroeste, dando previamente aviso a Carabineros. Nosotros elegiremos la subida por el Norte.

El volcán Guallatiri desde la carretera.

Se nos va haciendo realmente tarde, y ahora sí, hay que tirar derechos y sin más paradas hacia Putre. Seguimos hacia el norte por la A-95 hasta alcanzar el cruce con la A-235, un giro de 90º en dirección oeste, y la seguimos hasta que desemboca en la carretera internacional, la Ruta 11, donde volvemos al asfalto. Tomamos dirección Arica, descendiendo hasta el bien indicado cruce a Putre, unos pocos kilómetros a la derecha de la ruta. Con el Sol poniente deslumbrándonos entramos en el pueblo a las ocho de la tarde. Nuestro alojamiento, el Chakana Lodge, se encuentra en la otra punta, fuera del casco urbano. Atravesamos toda la calle principal, pespunteada de comedores populares, restaurantes y albergues, pasamos junto al cuartel militar, y tomamos una calle sin asfaltar que conduce a algunas granjas y a nuestro alojamiento, muy bien señalizado. Tras tomar posesión de nuestro bungalow rápidamente volvemos al pueblo para buscar un sitio donde nos den de cenar. Un comedor abierto en la calle principal nos salva la vida. Después, sólo resta descansar. Mañana nos enfrentamos a la primera ascensión realmente seria de nuestro viaje.

Este será nuestro «Campo Base» durante seis días.

Track rutero:

https://es.wikiloc.com/rutas-todo-terreno/pica-putre-28-11-23-176774680

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