Las islas Canarias constituyen la única región española de origen volcánico (dejando de lado afloramientos muy antiguos de pequeña extensión, como en la Garrotxa en Girona o Peñas de Aia en Gipuzkoa). Naturalmente tenemos el Teide, techo de toda España, el Roque de los Muchachos en La Palma, un edificio volcánico de verticalidad única, o las montañas más modestas de la Gomera y el Hierro. Entre las islas orientales, las montañas de Fuerteventura y Lanzarote, antiguas y erosionadas, no llegan a los 1000 m de altitud, mientras que Gran Canaria posee un relieve extremadamente atormentado, con calderas colapsadas que dan lugar a profundas gargantas, airosos pináculos y crestas afiladas. Miguel de Unamuno la definiría como «una tempestad petrificada». La isla alberga extensos bosques de pino canario, en vivo contraste con la aridez de Fuerteventura y Lanzarote, si bien la humedad proporcionada por los alisios no basta para hacer crecer la laurisilva que sí se encuentra en las islas occidentales. El punto más elevado de la isla, el Pico de las Nieves, que roza los 2000 m, constituye un magnífico mirador, pero siendo accesible por carretera y en la vecindad de una base militar, carece de interés montañero (si te gusta la bici de carretera, en cambia, encontrarás aquí uno de los puertos más colosales de toda Europa).

Conocida en toda Europa por el turismo de sol y playa, Gran Canaria tiene zonas costeras de gran valor ecológico que han sido urbanizadas descontroladamente, atrayendo hordas de guiris y hooligans de todo pelaje. Toda la zona en torno a Maspalomas, sin ir más lejos. No obstante, las isla acoge en su interior pequeños pueblos que aún conservan su autenticidad y permiten disfrutar de tranquilidad, clima fresco, y un estrecho contacto con la naturaleza. Vamos, objetivo idóneo para cualquier amante del senderismo con cierto afán exploratorio. Artenara, en el noroeste, es uno de estos lugares. Con sólo 1000 habitantes y ubicado a más de 1200 m de altitud, bien dotado con los servicios básicos, constituye una óptima base para disfrutar de excursiones y paseos tan sencillos como satisfactorios. Además de, por supuesto, rendir visita a sus célebres casas-cueva. Algunas de ellas han sido convertidas en alojamientos turísticos de gran encanto.

Así pues, aprovechando una semana de vacaciones en Artenara, pudimos realizar varias de estas rutas. La primera y más sencilla parte del propio pueblo, desde la Plaza de San Matías, encantador lugar donde se ubica la iglesia homónima, de típico estilo canario, junto a varios bares y restaurantes donde relajarse tomando algo en la terraza.

La mañana de finales de abril es un lujo, de terso cielo azul y temperatura perfecta. El objetivo es la modesta cumbre de la Montaña de Artenara, la primera del cordal que culmina en los 1772 m del Cerro Moriscos, sobre el turístico Mirador de la Degollada de las Palomas. Echamos a andar por la calle que sube desde la plaza en dirección a la Ermita de la Cuevita, perfectamente señalizada. También es posible empezar desde el cercano Mirador de Unamuno, usando las escaleras que enlazan un poco más arriba.

La calle asfaltada sube bordeando el risco. A la derecha amplios panoramas sobre los roques del centro de la isla, el Bentayga y el archifamoso Roque Nublo.


Bordeando la calzada, exuberantes jardines donde crecen plantas subtropicales con el esplendor de la primavera estallando en flores multicolores.

Pronto llegamos a la ermita. Se trata de una iglesia rupestre. Este pueblo tiene cierta fama por sus casas-cueva, excavadas en las paredes rocosas de la Montaña de Artenara. Algunas de ellas han sido convertidas en alojamientos turísticos llenos de encanto.

El interior, fresco y húmedo, aloja un bonito altar con la imagen de la Virgen, patrona del pueblo, presidiéndolo. Una pareja de jovencitos locales nos explica que aquí dentro suelen vivir murciélagos, aunque nosotros no tenemos la suerte de verlos.

Finalizado el turisteo, hincamos el diente en serio a la montaña. Junto a la ermita, semiocultas tras una frondosa chumbera, unas escaleras muy verticales permiten superar la pared. La ruta se encuentra perfectamente señalizada, incluyendo un panel informativo sobre los senderos y la geología de la Montaña de Artenara. Pasamos junto a algunas casas antes de llegar arriba, donde encontramos la pista que rodea la escarpadura por detrás, y que utilizaremos a la vuelta.

Cruzamos esta pista, que sube desde la carretera GC-21 Las Palmas-Artenara para ir a buscar unos escalones empedrados donde inicia el sendero que debemos seguir, junto a un nuevo panel informativo y un poste señalizador. Seguiremos las balizas del GR131 en dirección a la Cruz de Tejeda.


El camino es ancho y bastante cómodo, con algún que otro tramo pedregoso. Vamos por terreno abierto, a la izquierda del bosque.

En menos de diez minutos llegamos a un nuevo poste indicador. Hacia la izquierda sale el sendero S-05, mientras que el GR131 y el S-90 siguen el camino que llevamos. Sé que estos dos se van a separar pronto, y siguiendo una traza algo confusa, me adentro en el pinar. El cruce bueno estaría unos metros más adelante, pero perderse aquí es imposible.

Vamos dando un rodeo, manteniéndonos siempre cerca del lindero del bosque, para volver enseguida a la panorámica vertiente sur. Pronto entra por nuestra izquierda el sendero oficial que habíamos abandonado y el camino, estrecho pero seguro, discurre por el borde mismo del risco. Ahora estamos dando la espalda al mar, pero las vistas al frente, y a la derecha son hermosísimas.

Va siendo hora de almorzar y nos detenemos a la sombra de los árboles, junto a un punto especialmente panorámico. Se aprovecha para hacer fotos.


Tras unos 15 minutos de descanso proseguimos el camino, que pronto gira 90º y toma orientación SE. Esta es la parte más pendiente, el sendero zigzaguea y se estrecha según trepa hacia el punto más alto de la montaña. Encontramos una pareja de caminantes que bajan y poco después, en la parte más técnica, un ciclista… Le reconozco mérito al amigo. Aunque el sendero se encuentra bastante protegido y nunca se expone mucho, bajar por aquí exige un mínimo de atención.

Después de unas curvas cerradas donde la inclinación se hace notar, el sendero se dulcifica, anunciando la proximidad del colladito donde nos desviaremos hacia la cima.

Cuando volvemos a encontrarnos de frente el azul del cielo sabemos que ya estamos llegando. Y ahí está, un nuevo poste señalético en una encrucijada de caminos. Nosotros abandonaremos el sendero balizado para girar a la izquierda en suave ascenso. La lama indica «Montaña de Artenara 1458 m». Esta es la cota que aparece en algunos mapas, pero no corresponde a la de la cumbre.

Unos pocos metros más allá nuestro camino se bifurca. Utilizaremos el ramal derecho para bajar. Por el momento seguimos por el de la izquierda, que va penetrando en el bosque.

En apenas trescientos metros lo que era casi una pista forestal se desdibuja según llegamos a la cumbre, un círculo de rocas en mitad del bosque donde tengo que usar el altímetro para cerciorarme de que, efectivamente, estamos en el punto más elevado, a 1488 m.

Ha sido un paseo. Sólo 2,3 km, aunque con un mínimo de exigencia que añade una pequeña satisfacción deportiva a la paisajística. Volvemos sobre nuestros pasos hasta el cruce antes mencionado, donde tomamos el ancho camino que, en dirección norte por el interior del pinar, nos devuelve a la vertiente opuesta y al sendero S-90.

Aquí seguimos las señales que indican el descenso en dirección Artenara. Si siguiéramos los senderos en dirección contraria llegaríamos en unos 3 km a la cima del Moriscos y en 4 km a la carretera GC-150 a la altura del Mirador de la Degollada.

Bajamos ligeros, al principio por dentro del bosque, después por terreno más abierto, hasta volver al punto donde nos desviamos a la ida. En este sector gozamos de las mejores vistas del Teide.

Deshacemos durante algunos cientos de metros el camino de la ida hasta dar con la pista donde desembocan las escaleras de la Cuevita, en poco menos de media hora desde la cima. En esta ocasión progresaremos por la pista que rodea por detrás la loma bajo la que se asienta Artenara.


La excursión vuelve a convertirse en un simple paseo. Primero prácticamente llana, y luego en descenso, nos conduce al Mirador de los Poetas, que domina el pueblo. La vista es buena, pero un horrendo «monumento» , una gigantesca barra de hierro curvada, bien visible desde la lejanía, deteriora el lugar.Como curiosidad, este mirador y el del Sagrado Corazón, al otro lado del pueblo, han sido adaptados para la observación astronómica, aprovechando la claridad del cielo y la ausencia de contaminación lumínica.

Desde el mirador, siempre siguiendo el sendero S-90 y en fuerte bajada volvemos al casco urbano y al punto de partida.

Datos técnicos:
Longitud: 4,6 km i/v
Desnivel: 250 md+
Dificultad: Inexistente, paseo.
Equipo: Zapatillas con buen agarre o botas de trekking. Protección contra el sol, algo para picar y agua. Considerar que durante el período invernal y a esta altitud la temperatura puede ser fresca, así que convendrá prever ropa de abrigo. Bastones útiles.
Traza GPS: https://www.wikiloc.com/hiking-trails/montana-de-artenara-185925619




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