Para el montañero español, la lógica de la proximidad geográfica y la magia de los cuatromiles hace que con frecuencia los Alpes se reduzcan a su porción más occidental. Es difícil resistirse al Mont Blanc, el Cervino o el Monte Rosa. Chamonix, Zermatt, Aosta o Grindelwald quedan «cerca» y dan acceso a montañas que han construido la historia del alpinismo.
¿Y qué hay más allá? El sector alpino central y oriental con frecuencia se reduce a otro nombre mágico, las Dolomitas, paraíso de los escaladores en roca y del senderismo panorámico. Y sin embargo, es una pena. Hay montañas bellísimas, extensos glaciares y crestas afiladas, enclavadas además en entornos culturales diferentes. Desde los reductos ladinos de los Grisones y los valles al noroeste de Bolzano, al Tirol austríaco, la Valtellina y el Trentino italianos y extendiéndose hasta el mundo eslavo de los Alpes Julianos.
En este blog se ha hablado ya de algunas de estas montañas (aquí, aquí, aquí y aquí), ubicadas en territorio italiano, entre el Sudtirol y Lombardía. En esta ocasión hablaré de otro gran pico, ubicado en la Baja Valtellina, sobre el valle de la Valmalenco y a pocos kilómetros al sur del cuatromil más oriental de la cadena, el Pizzo Bernina (Piz Bernina en lengua rética).

Se trata del Pizzo Scalino, una elegante cumbre de acceso relativamente fácil que ofrece una vista espectacular sobre los colosos helados de la Valmalenco. Alberga además en su vertiente nororiental un glaciar de cierta entidad, que la vía normal atraviesa en su parte alta. Por si fuera poco, goza también de popularidad entre los esquiadores de montaña. En resumen, un pico destacado y con personalidad propia, mucho más que un satélite del Bernina.

Así pues, un día de primeros de Octubre me planto en Sondrio, a dos horas de coche desde Milán, y de ahí cojo la SP15 que sube a la localidad de Lanzada y desde aquí al parking de Campo Moro (30 km; 2000 m), a escasa distancia del embalse homónimo y del Refugio Zoia. Este es el punto de partida para la subida al Refugio Marinelli y el Piz Bernina.

Son las 8.50, y el aparcamiento se encuentra aún sumido en sombras. Desperezándome tras el largo viaje y las curvas de la revirada carretera de acceso, echo a andar por una carretera cementada de acceso restringido que penetra en el bosque de alerces y pronto se convierte en pista de gravilla.

Al cabo de medio kilómetro salgo del bosque y me saluda un sol espléndido. Poco antes de llegar a una edificación al borde del camino y cuando ya doy vista a las granjas de Alpe Campagneda, arriba al fondo, me desvío por un sendero que parte hacia la derecha, en dirección al Alpe Prabello y el refugio Cristina.

Es igualmente posible alcanzar el Alpe Prabello prosiguiendo 1 km más por la pista hasta alcanzar el Alpe Campagneda, y desde aquí tomar un camino, o bien pasando por el Refugio Cà Runcasch y continuando por la pista misma. Si partimos no desde el aparcamiento, sino desde el Refugio Zoia, deberemos tomar un sendero que nos lleva directos al Cà Runcasch, y de aquí por pista hasta el Prabello.

Nuestro camino penetra nuevamente en el bosque según gira en dirección Sur, atraversando un terreno más rocoso salpicado de ocasionales turberas cubiertas de escarcha. Entro nuevamente en zona de sombras y cuando clarea el bosque aparece ante mí la silueta inconfundible del Scalino.

Más adelante el sendero se junta con la pista que llega desde el Refugio Ca’Runcatsch. Hacia el Oeste, el Sol levante ilumina el Monte Disgrazia (3678 m), una de las montañas más prestigiosas de Lombardía.

Al cabo de una hora escasa, llego al Alpe Prabello, con su pequeña iglesia y el Refugio Cristina (2287 m) en lo alto. El Scalino domina severo desde lo alto este paraje, de belleza sugerente, aunque la penumbra no me permita apreciarla en todo su esplendor. Al regreso la cosa sería bien distinta.

Desde aquí tomo el sendero balizado que, en dirección este, va hacia el paso Campagneda, en suave ascenso por los prados empantanados al pie de las paredes del Scalino. El punto de referencia ahora en un promontorio bien individualizado sobre la cresta a la izquierda de la cumbre, el Cornetto (2850 m), por donde pasa la via normal.

Después de aproximadamente 1 km encontramos un poste de señalización. Abandonaremos aquí el sendero del Passo Campagneda, que gira al Norte, para seguir hacia el Este y atacar la dura pendiente, apuntando hacia el Cornetto.

El sendero, estrecho y pedregoso, remonta fatigosamente la inclinada pendiente. La mole que tengo encima me mantiene al reparo de los cálidos rayos del Sol, que empiezo a echar en falta. En cambio, el embalse de Campo Moro y la cadena del Bernina están ya bañados por la luz de la mañana.


Voy a buen ritmo, zigzagueando, buscando la luz, y poco a poco el Cornetto va tomando forma.

Cuando llego a las inmediaciones de la cima han pasado exactamente dos horas. Estoy contento, finalmente me da el sol y el paisaje es formidable. Hacia el oeste, el Disgrazia reina soberano. Hacia el Norte, la gran cadena del Bernina. Curiosamente, y debido a su posición más retrasada, el coloso del grupo se ve más discreto, no destaca. Los más prominentes son, a la izquierda el Piz Roseg (3937 m), airosa pirámide de roca que alberga estupendas vías de escalada, y a la derecha el Piz Palü (3900 m), con sus espectaculares glaciares. En esta montaña, por cierto, se ambienta una obra maestra del cine, El infierno blanco del Piz Palü, dirigida por Arnold Fanck e interpretada en su papel estelar por la tan controvertida como brillante Leni Riefenstahl. Cabe recordar que en 1929 no se habían inventado los efectos especiales por ordenador y que la fascinante Leni ejercía durante el rodaje de verdadera alpinista.


Aprovecho para reposar un poco. El ritmo fuerte que he traído pasa factura. Ahora el camino gira hacia el sur, enfilando directo hacia la cumbre del Scalino. Me voy hacia la izquierda buscando el extremo occidental del glaciar, es el momento de ponerse los crampones. Ahora deberé atravesarlo, siempre en dirección sur, tomando como referencia la ancha hendidura ente la Cima di Val Fontana (3225 m), a la izquierda, y el Scalino a la derecha.

La nieve al principio está durilla, «costrosa», por encima de un estrato de hielo duro. No es desde luego de los más extensos de la cadena alpina, pero hay grietas y hay que ir con ojo. Yo voy solo, lo cual no es lo más prudente, pero en este periodo se espera que todas las grietas estén bien abiertas y sobre todo visibles.

Hay una buena huella que según subo y la nieve gana espesor se vuelve más clara. El tiempo sigue espléndido y yo me lo tomo con bastante calma, mirando bien dónde piso y disfrutando del entorno en sorprendente soledad, y es que hoy no hay nadie por aquí.

Según voy subiendo el camino se vuelve más claro. No hay que llegar al collado más amplio, justo a la derecha de la Cima de Val Fontana, a 3178 m, sino ir ciñendo el borde del glaciar y salir hacia el SW a buscar el Colletto dello Scalino (3209 m), situado entre la discreta antecima del Scalino y la cumbre. El panorama lógicamente va mejorando aún más, y ya se divisan los colosos austríacos, como el Wildspitze (3768 m) y sudtiroleses, con el Ortler (3905 m).



Cuando llego justo debajo del Colletto dello Scalino, compruebo con alegría que no hay rimaya propiamente dicha que obstruya el paso. El hielo muere plácidamente junto a la pedrera y puedo quitarme los crampones cómodamente.

Desde aquí una breve pero dura escalada me deposita en el ansiado collado. El viento del sur ha traído algunas nubes que se enganchan a la cima del Valletto. La vista del glaciar es imponente.

Desde aquí se aprecia mejor la verdadera rimaya, situada por encima de donde he pasado, dificultando el acceso al collado de Val Fontana. Acostumbrado a las grandes extensiones de hielo de los cuatromiles, este glaciar es «pequeño», pero no cabe comparación con nuestros glaciares pirenaicos. Decididamente aquí hay que venir con equipo apropiado, y pensárselo bien antes de meterse en una solitaria.

Hacia el oeste, el Monte Disgrazia y la Valmalenco atraen la mirada. Las nubes impiden la visión de horizontes más lejanos, pero a la izquierda del Disgrazia pueden divisarse, con tiempo claro, El Monte Rosa e incluso e Gran Paradiso.

En fin, es la una menos veinte y queda el último tirón, los últimos cien metros verticales. Debo seguir la cresta, formada por grandes bloques, hacia la derecha. No es difícil, puede seguirse por el filo o bordeando ligeramente por la izquierda. Algunas balizas e hitos marcan la vía.

Es la una en punto cuando alcanzo el punto más elevado, marcado por una gran cruz y dos estatuas de la Madonna. He tardado poco más de cuatro horas desde el aparcamiento, no es mal tiempo desde luego. Es justo el mediodía solar y ya sólo queda descender. Pero ahora es el momento de disfrutar de esta estupenda cima en absoluta soledad. Creo haber mencionado ya la grandiosidad del panorama.



Desde aquí distingo perfectamente el embalse de Campo Moro y el trazado de la pista que, pasando por Alpe Campagneda y Ca’Runcasch, llega al Alpe Prabello. Esta es la traza que usan los esquiadores en invierno. Con el zoom de la cámara, llego a intuir el sendero que he utilizado para atajar la gran curva de la pista.

Después de una media hora, empiezo la bajada. Sin la menor amenaza de cambio de tiempo en el horizonte, sólo tengo que dejarme ir y gozar del ambiente que me rodea. Cuando termino el descenso propiamente dicho, y con él los peligros de resbalones y caídas, en las inmediaciones del Alpe Prabello, las vistas son maravillosas. La cálida luz de otoño, con el día declinando, realza los colores del cielo y de los bosques de alerces que ya empiezan a amarillear.


Pasado el Alpe Prabello, regreso por el mismo camino de la ida, atravesando el bosque y la zona de humedales. El Pizzo Scalino se ha despejado y luce majestuoso.


Cuando retomo la pista principal encuentro un rebaño de ovejas que pastan felices. Están acostumbradas al ser humano y no se asustan cuando me acerco para fotografiarlas. Ya estoy a pocos minutos del coche y me puedo permitir estas frivolidades. Son las cinco menos diez cuando llego al punto de partida y puedo dar por concluida la excursión, después de ocho horas recorriendo una de las montañas más carismáticas de los Alpes Orientales.

Datos técnicos
Longitud: 14 km i/v
Desnivel: 1350 md+
Dificultad: PD-. Terreno glaciar y crestas rocosas.
Equipo: De alpinismo. Piolet, crampones, altamente recomendable ir encordados (cuerda rando de 7 mm). Mosquetones, cordinos y material para (auto)rescate en grietas. Bastones útiles. Botas de alpinismo y ropa de abrigo y cortavientos.
Traza GPS: https://www.wikiloc.com/mountaineering-trails/pizzo-scalino-da-campo-moro-186643101



Deja un comentario