Vista de la actividad en Google Earth.

Como esos actores secundarios cuyo talento queda a la sombra de la estrella protagonista, hay montañas de belleza y carácter muy particular que permanecen ignoradas debido a la vecindad de otras de mayor fama y que atraen multitudes. Mejor así. Es el caso del protagonista de esta entrada, un pico al que hasta las listas oficiales hacen de menos. Y es que la Tusse de Remuñe se considera un tresmil secundario. Que impone un desnivel acumulado de más de 1200 m desde el punto de partida, y que no se encuentra de paso hacia ningún tresmil principal. Para ser exactos, sí se encuentra de paso hacia el Maupas o el Crabioules, pero por vías de cresta de gran exposición y que imponen pasos de escalada, no se trata de las vías normales.

Por tanto, para un montañero sin excesivas pretensiones técnicas, ¿qué sentido tiene hacer un esfuerzo físico considerable para llegar sólo a una cima subsidiaria?

Ninguno, salvo descubrir parajes extraordinarios en un ambiente de soledad casi absoluta, mientras todos los demás siguen los senderos trillados. Remontar el Valle de Remuñe y alcanzar la cumbre de la Tusse, sobre el eje axial de los Pirineos, permite vivir esta experiencia. En este mismo blog ya he descrito una excursión por este valle, un día que nos quedamos a apenas una hora de la cima de la Tusse de Remuñe. Un cambio de tiempo nos lo impidió. Al año siguiente lo intentamos de nuevo, en una jornada otoñal de sol radiante, pero con un paquetón de nieve reciente que obstaculizaba nuestro avance.

Inicio del sendero junto a la carretera.

Y aquí estábamos nuevamente, un soleado día de inicios de otoño, igual que el año anterior. Teníamos noticia de que había caído algo de nieve, no mucha, los días anteriores. En esta ocasión no intentaríamos la ascensión en el día, sino que vivaquearíamos a mitad de camino, disponiendo así de un valioso tiempo extra el día de cumbre. Así pues, tras dejar los coches aparcados al borde de la carretera, salimos con nuestras mochilas bien cargadas pocos minutos antes de las tres de la tarde, tomando el bien señalizado sendero del Valle de Remuñe.

Saliendo a terreno despejado. Foto Radu Simion.

Los primeros minutos transcurren por terreno bien conocido. Una fuerte pendiente dentro del bosque nos hace entrar en calor velozmente. Algo más arriba, se atraviesan zonas encharcadas, y según se sale del pinar, el sendero atraviesa zonas herbosas y pedreras, superando un promontorio que domina el valle desde lo alto. Podemos disfrutar de una luz magnífica que resalta los contrastes de azules, verdes y ocres.

Yendo a buscar el Torrente de Remuñe. Foto Radu Simion.

A partir de aquí vamos descendiendo suavemente por terreno algo incómodo para ir a buscar el torrente, cuyas orillas alcanzamos en las inmediaciones de un característico espolón. A su izquierda, atraversando el río, iríamos hacia los Ibones de Remuñe. Nosotros proseguiremos por su derecha.

Aproximándonos al cauce del río.

Nuestro camino en principio sigue cercano al cauce, después empieza a trepar por la ladera que desciende desde la cresta de la cadena axial. Un par de impetuosos cursos de agua que bajan por aquí ponen a prueba nuestra capacidad de vadeo.

El torrente de Remuñe desciende caudaloso. Foto Radu Simion.
Hay que superar algunos torrentes.

Más adelante alcanzamos una zona de grandes bloques que rodeamos sin mayor dificultad. Este es el punto donde el año anterior decidimos darnos la vuelta, hundiéndonos hasta las ingles en la nieve fresca, pero ahora nos señala la proximidad de nuestra área de vivac, muy cerca de donde se nos vuelve a unir el sendero de los ibones.

Nuestro campamento.

Hemos tardado poco más de hora y media desde los coches, 3,5 km de recorrido y más de 400 m de desnivel. Estamos a 2200 m, en un lugar que parece hecho a posta para acampar, con el río a pocos metros y un estanque pegado a la rocosa ladera que nos domina. Esta alberga un abrigo útil para vivaquear, señalizado con pintura. Ninguno de nosotros lo utiliza, en esta ocasión dormiremos en el interior de nuestras cómodas tiendas.

Vista desde arriba de la explanada donde acampamos. Foto Radu Simion.

Según llegábamos hemos visto a dos excursionistas tomando algunas fotos. Se van enseguida, y estas serán las únicas personas que veamos en todo el fin de semana. Esta soledad forma parte indisociable de la magia de estos parajes.

Nos sobra tiempo para montar campamento y organizarnos, pero estamos ya en la tercera semana de Octubre y la oscuridad va cayendo sin remedio. Cuán distinto es dormir en la montaña en este período que en pleno verano, cuando uno se mete en el saco por obligación, en previsión del madrugón del día siguiente. Bien cubiertos con nuestros abrigos y gorros, cenamos temprano, antes de que se haga totalmente de noche, y el frío húmedo que empieza a calarnos aplaca las ganas de tertulia. No será mucho más tarde de las nueve cuando estamos ya todos dentro de las tiendas. La noche es fría y la temperatura baja hasta los 0ºC, pero acabo durmiendo razonablemente bien.

Aurora de rosáceos dedos sobre el Valle de Remuñe. Foto Radu Simion.

Una aurora de tintes homéricos inaugura la jornada del 22 de Octubre. En este caso, tanta hermosura augura un cambio de tiempo, que es lo que las previsiones anuncian para el final del día. Así que desayunamos con las primeras luces y desmontamos el campamento, dejando escondido el material en alguno de los recovecos entre los grandes bloques que nos rodean.

Caminando hacia el pequeño cañón.
Uno de los vadeos más delicados. Foto Radu Simion.
Terreno complicado en la garganta.

Es poco antes de las nueve que comenzamos a caminar con mochila ligera, siguiendo la traza que sigue las orillas del río en dirección a un característico cañón. Aquí las cosas se complican un poco. Es necesario vadear el río tres veces antes de que el sendero, estrecho y expuesto, escale por la ladera derecha (izquierda según subimos) de la garganta. Tenemos que saltar de roca en roca, con precisión, buscando poner el pie allá donde menos resbale. En el vadeo más complejo alguien termina en el agua, perdiendo un bastón, que conseguimos recuperar, y un guante, que encontraremos horas después, al volver pasar por este mismo lugar. Por un momento me veo volviendo al campamento con la compañera para salvarla de la hipotermia, pero afortunadamente los pantalones no se han mojado mucho y alguien le presta un par de guantes.

Vista atrás del cañón tras el vadeo final. Foto Marta Kubovics

Descendemos para regresar a la orilla del torrente, que en esta ocasión salvamos sin gran problema, y subimos con decisión por la vertiente contraria, para ir a buscar el paraje de los Arenales de Remuñe, a 2400 m de altitud, donde nace el torrente. Se trata de una amplia cubeta al pie de la cresta del Maupas que aloja un ibón, y desde el cual giraremos a la izquierda para remontar la ladera que nos dejará al pie de la bicéfala Forca de Remuñe (2934 m), característica montaña que domina el collado del Portal de Remuñe.

Hacia los Arenales de Remuñe, y al fondo en lo alto, la Forca de Remuñe. Foto Marta Kubovics.

El sendero, jalonado por numerosos hitos, zigzaguea primero entre grandes bloques de roca y zonas encharcadas y más tarde por pedreras. Aquí la nieve hace su aparición, exigiendo atención en algunos puntos para evitar patinazos. Dos años antes habíamos remontado esta ladera mucho más fatigosamente, abriendo huella en la nieve primavera y buscando los pasos más practicables hasta alcanzar la visera superior.

Remontando hacia el Portal de Remuñe.
Subiendo por la pedrera. Foto Radu Simion.

Un zigzagueo entre grandes bloques, donde hay que apoyar manos en algún punto, nos deja en la rampa superior, donde el terreno, aún manteniendo una inclinación significativa, es bastante menos desagradable. Además, vemos ya al alcance de la mano la Forca de Remuñe y a su izquierda el collado a donde nos dirigimos. Allí es donde nos quedamos en nuestra primera expedición…

Llegando al Portal de Remuñe. Foto Radu Simion.

Seguimos la traza, que vira de SW a NW, más o menos a ojo, buscando los ocasionales hitos y evitando las zonas de nieve más profunda en las inmediaciones del Portal de Remuñe, que alcanzamos a las once de la mañana. El panorama hacia el Valle de Remuñe es hermoso, y la Forca aparece desde aquí como una muralla inexpugnable. Su ascenso por la vertiente oeste, en cambio, resulta bastante sencillo. La severa silueta del Maupas nos vigila al Norte.

Finalmente en el Portal de Remuñe. Foto Radu Simion.

Este es un buen momento para reagrupar el equipo. A partir de aquí ya no conozco el terreno, aunque no debería oponer grandes dificultades. Se trata de rodear la Forca de Remuñe por su lado Oeste, apuntando a la cresta donde se encuentra la Tusse y evitando la tentación de descender a la izquierda, hacia el Ibón Blanco de Lliterola.

Iniciando el flanqueo de la Forca de Remuñe. Al fondo a la izquierda, la característica cresta de Crabioules. Foto Radu Simion.

Tras el preceptivo picoteo y trago de agua nos ponemos nuevamente en marcha. Este collado es un lugar curioso, un caos de rocas donde surgen unos llamativos estanques (Ibons des Arenals, según algunos mapas), que dejamos a nuestra izquierda mientras iniciamos nuestro eslalon entre piedras y nieve. Ocasionalmente se me hunde una pierna mientras trepo por el pedregal buscando la traza buena, que finalmente encuentro, más o menos… Una travesía horizontal nos deja en el collado entre la Forca de Remuñe y la antecima de la Tusse de Remuñe. Desde este punto la vista sobre el Ibón Blanco de Lliterola, coronado por el macizo del Perdiguero, es incomparable. Las montañas espolvoreadas de blanco y la luz de otoño filtrada por las nubes crean un ambiente mágico

El Ibón Blanco de Lliterola. Foto Radu Simion.

La pendiente frente a nosotros es breve pero empinada. La nieve hace más fatigoso el acceso a la falsa cumbre y añade picante a una sencilla trepada en la parte final. Al bajar habrá que echar manos e ir con cuidado. Superado el obstáculo se llega enseguida a la amplia antecima, que algún impaciente había confundido con la cumbre…

Subida a la antecima. Foto Radu Simion.

Sigue un inapreciable descenso y un último esfuerzo que nos conduce al filo de la cresta fronteriza. Aquí nos sorprende un vendaval que amenaza con derribarnos. Avanzando con cuidado hacia la derecha llegamos enseguida a la discreta cumbre de la Tusse de Remuñe. El GPS marca 3060 m, aunque la altitud registrada por el IGN es de 3041 m.

En la antecima. Al fondo destacan la Tuca de Lliterola (izqda.) y los Crabioules. Solo una corta cuesta nos separa de la Tusse. Foto Radu Simion.
Ultimos metros antes de la cumbre. Foto Radu Simion.

Es la una menos cuarto. Este último tramo desde el Portal de Remuñe nos ha llevado más tiempo del previsto. Las condiciones otoñales, donde la nieve no es lo bastante profunda como para cubrir las pedreras pero impide seguir fácilmente los senderos y enlentece la progresión, se han hecho notar. Sin embargo el esfuerzo ha merecido la pena. Disfrutamos de unas vistas maravillosas, y aunque el cielo empieza a cubrirse de nubes altas, la visibilidad es de decenas de kilómetros.

La cresta del Maupas, con los tresmiles secundarios Rabadá y Navarro. Foto Radu Simion.

Naturalmente es la cresta del Maupás (3109 m) la que atrae irresistiblemente la mirada. Con pasos de hasta III+ y roca a veces mediocre, constituye un desafío interesante… Había planeado seguir por ella hasta el cercano Pico Rabadá (3045 m). Para llegar al Navarro (3039 m), el otro tresmil secundario de la cresta, hay que superar un paso de II+ en descenso, extremadamente expuesto, así que no contaba con él en esta ocasión. Pero teniendo en cuenta la roca nevada y sobre todo el viento huracanado, juzgamos más prudente quedarnos donde estamos.

Foto de cumbre.

No nos demoramos mucho, así que tiramos la foto de cumbre y emprendemos el descenso. Una vez al resguardo del viento podemos disfrutar a tope de este día privilegiado, una vez más en total soledad, con toda la montaña para nosotros solos. La huella que hemos abierto a la ida facilita las cosas.

Bajando hacia la antecima. Las nubes empiezan a cubrir la Forca de Remuñe. Foto Radu Simion.

Bajamos con precaución el paso delicado justo bajo la antecima y proseguimos raudos hacia la Forca y el Portal de Remuñe.

Saliendo del destrepe de la antecima. Foto Radu Simion.
Enfilando hacia la Forca de Remuñe. Foto Radu Simion.

El breve ascenso para flanquear la Forca hace resoplar un poco pero ahora es todo más sencillo. En menos de una hora estamos de vuelta en el Portal de Remuñe. Ya hemos superado el tramo más incómodo y hacemos un alto para comer. Se ve llegar el cambio de tiempo, pero tenemos margen. Hoy no nos mojaremos, o al menos eso parece.

Cirrostratos sobre la cresta de Maupas-Boum. Foto Radu Simion.

La bajada hacia los Arenales de Remuñe nos la tomamos relajadamente. El sol ha derretido buena parte de la fina capa de nieve que encontramos por la mañana.

Llegando a los Arenales de Remuñe. Con esta perspectiva la Tusse aparece diminuta a la derecha de la Forca. A su lado, los picos Rabadá y Navarro son dos pequeñas protuberancias sobre la cresta del Maupas. Foto Marta Kubovics.

Es otra hora escasa lo que nos lleva alcanzar el fondo de la cubeta. Desde aquí, siguiendo trazas e hitos, bajaremos suavemente para ir a buscar la entrada de la garganta.

Reagrupándonos en las inmediaciones de los Arenales. Se aprecia bien la vía de subida. Foto Marta Kubovics.

El vadeo del río se desarrolla sin incidentes, y es que las cosas siempre parecen más fáciles de regreso tras conseguir el objetivo. De vuelta a nuestro campamento, recuperamos nuestras cosas y, sin perder mucho tiempo, emprendemos el retorno a los coches, donde llegamos a las seis y cuarto. No es que nos hayan sobrado muchas horas de luz, pero hoy sí, a la tercera fue la vencida a una de las montañas más hermosas y desconocidas del Pirineo.

Plano de la actividad.
Perfil de la actividad.

Datos técnicos.

Longitud: 18,3 km i/v

Desnivel: 1390 md+

Dificultad: F+. Sin dificultad técnica relevante. Terreno incómodo en los vadeos y pedreras. Trepada simple en la antecima. En condiciones normales se puede alcanzar el Pico Rabadá siguiendo la cresta desde la Tusse en 5 minutos, sin aumentar la dificultad, aunque con exposición apreciable.

Equipo: En verano. de trekking. Bastones muy recomendables. Botas de montaña y ropa de abrigo. En invierno, piolet y crampones.

Traza GPS: https://www.wikiloc.com/hiking-trails/tusse-de-remune-21-22-oct-2023-188194301

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