Ya hablé extensamente en una entrada anterior acerca de las maravillas del Glencoe, ese valle flanqueado por dos majestuosas cadenas de montañas, que acaban zambulléndose literalmente en el Atlántico, en la pequeña localidad escocesa de Ballachulish. Queda muy cercano el techo de Gran Bretaña, el Ben Nevis, que con sus 1343 m no consigue hacer sombra a estos pequeños Alpes. O Pirineos, para el caso. Porque las formas pesadas del Ben Nevis poco tienen que ver con las afiladas siluetas de la cresta de Aonach Eagach, del Buachaille Etive Mor o del Buachaille Etive Beag. Ni, por supuesto, con la del monumental Bidean Nam Bian, una masiva montaña que además de constituir el punto más elevado de Glencoe desprende hacia el valle tres poderosas aristas que constituyen la estampa por excelencia de este lugar: The Three Sisters, las «tres hermanas» de Glencoe.

21 de Enero. Stob Coire Nan Lochan (1115 m), Bidean Nam Bian (1150 m) y Stob Coire Sgreamhach (1072 m).

La distancia desde Dundee a Glencoe impone un largo viaje en coche, así que en esta ocasión aprovecharé para pasar un fin de semana completo. El sábado tengo programada ascensión al Bidean Nam Bian y dos cimas satélites, el Stob Coire Sgreamhach, promovido a la categoría de Munro en 1997, y el Stob Coire Nan Lochan, cuya prominencia se ha considerado insuficiente para otorgarle independencia de la cima principal; se trata sin embargo de una montaña de gran prestancia con una cara Norte surcada de corredores y de impresionante verticalidad.

Vista 3D de la ruta. Elaborado con Google Earth.

Este Enero de 2017 ha venido escaso de nieves, pero el frío es punzante cuando salgo del coche a las ocho de la mañana. No ha amanecido todavía, y el amplio aparcamiento de Three Sisters Viewpoint en la A82 (coordenadas  NN170569 del Ordnance Survey National Grid) se encuentra aún poco concurrido; es éste uno de los miradores más populares de Glencoe, sino el que más, así que se encuentra a menudo abarrotado de autobuses turísticos.

La pirámide del Gearr Aonach, segunda de las tres «hermanas», desde las inmediaciones del punto de partida. Subiré por el valle de su derecha y bajaré por el de la izquierda.

Doy una ojeada a lo que me espera. Hay poquita nieve, aunque la que encontraré estará bastante dura, hay que cargar con crampones y piolet indefectiblemente. De momento, el senderillo que sale del aparcamiento me lleva, mediante un breve descenso, a la vieja pista carretera que discurre por el fondo del glen. La sigo aguas abajo durante algunos metros hasta dar con el camino que sale a la izquierda, cruza un puente sobre el río Coe y empieza a subir remontando el valle de Coire nan Lochan, entre las «hermanas» Gearr Aonach, a la izquierda, y Aonach Dubh, a la derecha.

Las primeras luces del alba tiñen de tonos rojizos la impresionante cara Norte del Stob Coire Nan Lochan.

El sendero no tarda en ganar pendiente, pero está bien mantenido y se anda bien. El torrente queda abajo a la derecha según subo por la ladera del Gearr Aonach. Un breve tramo rocoso según el camino se aproxima al río, que va formando cascaditas. Más arriba, en las inmediaciones de un gran bloque y otra pequeña cascada, a unos 650 m el sendero vadea las aguas y gira decidido a la derecha. Podríamos seguir de frente e ir a buscar la cresta que une la cima del Gearr Aonach con el Stob Coire Nan Lochan, pero preferimos la vía más cómoda y escénica, pasando bajo la imponente pared Norte de este último. Compleja y vertical, alberga algunos corredores de excelente aspecto que observo con interés; a la mayoría les haría falta un poco más de nieve, pero resultan tentadores para una próxima ocasión.

Desde el inicio de la cresta, la vista al N desvela, muy próxima, la inconfundible silueta trapezoidal del Ben Nevis.

El sendero procede en sombra, en dirección SW, atravesando una pequeña zona empantanada. Pronto gira al NW, siempre al pie de la pared, yendo a buscar el arranque de la cresta N del Stob Coire Nan Lochan. Aquí finalmente me sale el Sol y la luz cálida de este claro día de invierno ilumina amplios horizontes. El Océano está ahí mismo, y el Ben Nevis, a sólo 16 km de distancia a vuelo de pájaro, destaca en el horizonte en una perfecta componente Norte.

Vista hacia atrás, con el fondo del Glencoe aún sumido es sombras.

Desde este punto el sendero gira decididamente al Sur, dirigiéndose decidido hacia la cumbre. La cresta que me encuentro no es, afortunadamente, el filo superior de los abismos de la cara norte, sino un terreno de bloques que se van sorteando sin mucha dificultad. Aquí es donde tomo conciencia de la inmensidad de esta montaña. A mi derecha, nuevos precipicios y paredes vertiginosas descolgadas de la cresta de An T-Sron, que se desprende de la cima principal del Bidean Nam Bian.

Subiendo por la cresta N del Stob Coire Nan Lochan, la cresta de An T-Sron atrae la mirada.

Según gano altura el paisaje gana en amplitud. A mi izquierda se adivinan los corredores y desplomes que hace una hora contemplaba desde abajo. A mis espaldas surgen las cimas gemelas del Beinn a’Bheithir, mi objetivo para mañana. Parecen surgir directamente de las aguas del mar. Los juegos de luces y sombras hacen el resto.

La característica doble pirámide del Beinn a’Bheithir, a la izquierda de la foto.

Poco antes de las 10.30 llego a la primera cima del día, marcada con un gran hito de piedra. Una merecida parada contemplativa, y para reponer fuerzas. Ha sido una ascensión sostenida y exigente. Naturalmente, las vistas son excelentes, con una completa perspectiva de los dos objetivos restantes del día. Muy próximo, al SW, el Bidean Nam Bian, una grandiosa muralla compuesta de varias cumbres poco diferenciadas; la cresta de menos de 1 km que separa ambas cimas, tiene tramos que desde aquí dan hasta miedo… Dos valles más allá, hacia el SE, el Stob Coire Sgreamhach es una cuña oscura que penetra en la cegadora luz del Sol.

Cima del Stob Coire Nan Lochan. A la derecha del hito, la silueta oscura del Stob Coire Sgreamhach. A la derecha de su cima advertimos el collado de Bealach Dearg, desde el que descenderemos por el gran nevero en el valle de Coire Gabhail.
Vista hacia el Bidean Nam Bian, con la ruta de cresta indicada en rojo. A la derecha de la cumbre principal la cresta NW marca las cimas de Stob Coire Nam Beath y An T-Sron antes de desplomarse. Mi ruta prosigue en sentido contrario, por la cresta SE.

Beinn a’Bheithir, Ben Nevis, Mamores, Loch Leven (que pese a su nombre no es un lago, sino un fiordo), Aonach Eagach y el propio valle de Glencoe… La vista hacia el Norte es superior a la que me encontraré desde el Bian Nam Bian. Así que me detengo aquí un buen rato. Este monte no será un Munro, pero qué más da, tiene mucho más carácter que tantos de la lista «oficial». Además, el GPS me lee once metros más que los 1115 que marcan los mapas…

El Glencoe, cuyo fondo aún no ha visto el Sol, con la cresta de Aonach Eagach plenamente iluminada y detrás, el Loch Leven.
El Océano a mis pies. Abajo a la derecha, la pequeña localidad de Glencoe en la salida del Loch Leven, delimitado por el puente de Ballachulish. Más allá, el Loch Linnhe, el fiordo principal, que llega hasta Fort William, muy próximo.

Ninguna reseña habla de que el tramo hasta el Bidean Nam Bian sea peligroso, pero lo afronto con ganas de picante. la bajada hasta el collado, por terreno de piedrillas, no tiene historia. A partir de aquí, me toca esa especie de espolón que de lejos parecía infranqueable.

Zoom sobre la parte «divertida» de la cresta.

Y efectivamente, ningún problema. El senderillo discurre a la izquierda del filo de cresta y más allá de la fuerte inclinación no opone resistencia alguna. Encuentro algo más de nieve, pero ya le lleva dando el sol un buen rato y los crampones son innecesarios. Alcanzo de esta manera el hombro que precede a la última cuesta. Por terreno pedregoso pero fácil llego al punto más alto del macizo, 1150 m de altura, a las once en punto.

Cima del Bidean Nam Bian. Detrás la cumbre secundaria del Stob Coire Nam Beath y al fondo el Beinn a’Bheithir y Loch Linnhe.

El tiempo no presenta trazas de cambiar y la visibilidad sigue siendo excelente. Desde aquí el panorama cambia bastante; básicamente se me abre todo el horizonte sur, desvelando la cara menos instagramable de estas montañas. El dramatismo de la vertiente septentrional es sustituido por un relieve intrincado pero más dulce, y que llega a transmitir una sensación de aislamiento mayor. En particular atraen la vista el glen y el loch Etive (otro fiordo con nombre de lago); parajes verdaderamente recónditos que no sufren ni de lejos la masificación turística de Glencoe. Esperemos que continúen así por muchos años.

Vista hacia el Sur, con el Loch Etive y muchas hermosas montañas.

No me demoro mucho tiempo, que en Enero oscurece muy pronto y quiero disfrutar de lo que queda con calma. El descenso por la cresta SE, que incluye dos insignificantes «jorobas», es una gozada. Buen sendero con más hierba que piedras, una pendiente muy cómoda que no hace sufrir las rodillas y por supuesto estupendas vistas, con algunos precipicios interesantes hacia la izquierda… Los manchones de nieve que jalonan la ruta no suponen ningún problema. Es aquí también que encuentro a dos personas, las únicas con las que coincidiré hoy, y que se dirigen ahora hacia el Bidean Nam Bian. Así es que alcanzo la hendidura del collado Bealach Dearg, desde el que parte el sendero que, recorriendo el valle Coire Gabhail, desciende hasta la carretera.

Vista atrás desde el Bealach Dearg hacia Bidean Nam Bian (izquierda) y Stob Coire Nan Lochan. Imagen tomada volviendo desde el Stob Coire Sgreamhach.

Pero eso queda para más tarde. Frente a mí la cresta vuelve a subir, hacia la última cumbre del día. Estos últimos 140 m de desnivel se me hacen duros. Hay tramos bastante empinados, y cerca de la cumbre una zona de grandes piedras me obliga a usar las manos. La cima del Stob Coire Sgreamhach (1072 m) es estrecha y panorámica, pero ni me quito la mochila ni hago fotos. Más bien tiro para abajo rapidito porque intuyo que lo peor de la jornada llega justo ahora.

Vista del valle «congelado», Coire Gabhail.

El valle de Coire Gabhail, en el lado oriental del Gearr Aonach, es incluso más salvaje que el del Coire nan Lochan, por el que he subido unas horas antes. El río excava pequeñas gargantas, forma cascadas, y en su parte inferior encontramos un área plana, el Lost Valley, un rincón invisible desde el fondo de Glencoe donde crecen los árboles y el río es sepultado bajo grandes bloques; cierto que tiene un aire particular, pero es seguramente en primavera cuando se muestre en todo su esplendor.

Vista hacia el collado, una vez fuera del tramo más complicado del nevero. En lo alto se distinguen dos montañeros bajando.

Las reseñas indican que la parte superior del corredor de acceso al valle es trabajosa, debiendo seguir una difuminada traza a través de un incómodo terreno de rocas rotas y pedrera. Sin embargo, mi problema no es este, sino ese «pequeño» nevero que ya había distinguido desde la cima de Stob Coire nan Lochan, justo debajo del collado. Porque en enero y en Escocia, la cresta que acababa de recorrer marca el límite de la sombra perpetua en este valle orientado al norte. Ergo, el neverito de marras se encontraba bien congelado, lo que unido a la inclinación de los primeros metros implicaba uso obligatorio de crampones y bajar con buena técnica.

Una mirada atrás muestra la inclinación del corredor que acabo de bajar.

Así que me calzo los hierros, agarro el piolet e inicio el descenso. Avanzo con precaución, pero los crampones clavan bien y finalmente llego a una zona menos inclinada donde ya puedo caminar con normalidad. Una mirada atrás revela dos diminutas figuras que empiezan a bajar por el corredor. Sin duda son la pareja con la que me había cruzado en la cresta.

El sendero, ya más cómodo, discurre por la margen izquierda del torrente.

El nevero termina y el sendero, que discurre a la izquierda del río, va mejorando según pierdo altura. La pendiente también se suaviza y bajo relajado; una placa de hielo traicionera me hace patinar, cayendo de culo sobre la mano derecha. En ese momento no me duele mucho, y ni me molesto en quitarme el guante para mirar, pero esa misma noche descubriría que me había torcido un dedo…

Plano de la excursión.

Alcanzo el original paraje del Lost Valley, que en la salida exige algún que otro paso vagamente acrobático entre los bloques y la torrentera. Una vez fuera no me queda más que alcanzar el río y el aparcamiento, recuperar mi coche y descender a Ballachulish, a orillas del mar, a tomar posesión de mi habitación de hotel.

Perfil de la excursión.

Longitud: 15,6 km

Desnivel: 1430 md+

Dificultad: F+/PD-. Sin dificultad técnica significativa en condiciones estivales, aunque con algunos pasos expuestos. En invierno la presencia de nieve helada puede suponer riesgos objetivos en la cresta del Bian Nam Bian; el acceso al Coire Gabhaul desde el collado impone un destrepe delicado con cierta verticalidad y riesgo de hacerse daño por impacto contra rocas en caso de caída .

Equipo: En verano, de trekking. Bastones muy recomendables. Botas de montaña y ropa de abrigo. En invierno, piolet, crampones, guantes gruesos e impermeables y ropa cálida cortavientos.

Traza GPS: https://www.wikiloc.com/hiking-trails/bidean-nan-bian-and-stob-coire-sgreamhach-195327145

22 de Enero. Beinn a’Beithir: Sgorr Dhonuill (1001 m) y Sgorr Dhearg (1024 m).

Beinn a’Beithir, la Colina del Trueno. Emergiendo directamente del Océano en las mismas orillas del Loch Leven, esta magnífica montaña despliega dos afiladas cumbres unidas por una grácil cresta de la que se desprenden hacia el norte varios corredores que invitan a la escalada. La vía normal parte de South Ballachulish remontando el valle de Gleann a’Chaolais para ir a buscar el collado entre las dos cimas, que se alcanzan sucesivamente para regresar por el mismo camino. Y esto quería decir que podía echar a andar literalmente desde la puerta de mi hotel.

Vista 3D de la excursión.

El excelente tiempo del día anterior era sólo un recuerdo. Durante la noche, la lluvia había tamborileado en el cristal de mi ventana. Typical Scottish weather, of course… Por la mañana, cuando salgo hacia mi coche para dejar la maleta y recoger los bastones y las botas, ya no llueve, pero las nubes bajas cubren totalmente las montañas. Las aguas, hoy grises, del Loch Leven, fluyen tumultuosas bajo el gran puente de Ballachulish, a pocos metros del aparcamiento. Pues con estos toros habrá que lidiar. Arranco en dirección al campo de golf, atravesado por una carreterilla asfaltada que al cabo de 1 km llega a las casas de Glenachulish. Desde aquí sigo por una amplia pista de servicio forestal. Toda la parte baja de la montaña está tapizada por un denso pinar de repoblación, que resta encanto al entorno, aunque a cambio estas pistas facilitan considerablemente el acceso.

El camino sube remontando el Gleann a’Chaolain, tras unos 700 m alcanza un cruce y es aquí que atravieso el torrente. El camino sube con más inclinación, cruza algunos arroyuelos y traza una curva cerrada a la izquierda para llegar a una nueva ancha pista forestal. La sigo por pocos metros antes de abandonarla en una nueva curva a la derecha. El terreno está empapado y tras otro zigzag el sendero enfila decidido hacia el Sur, apuntando derecho al collado. Pronto salgo finalmente del bosque, estoy chapoteando en el fango, el agua corre a mis pies, cae sobre mi cabeza y me envuelve en forma de niebla. La visibilidad es muy mala, si bien aquí no hay problemas de orientación. Nada que ver con otros parajes escoceses donde el GPS es imprescindible a poco que se cierre el paisaje.

Vertiente sur de las dos cimas de Beinn a’Bhethir, Sgorr Dhonuill (izqda.) y Sgorr Dhearg, vistas desde la subida al Bidean Nam Bian. Se aprecia el collado entre ambas, al que accedo por la vertiente opuesta.

El camino, flanqueado por una línea de alambrada, todo un clásico en las montañas escocesas, prosigue por terreno sencillo hasta que finalmente llego a la enforcadura, a 760 m. El viento sopla y apenas se puede ver unos metros más allá. Llevo caminando dos horas y he recorrido cinco kilómetros y medio. Acuso la fatiga del día anterior y las malas condiciones de la meteo. Me queda aún bastante desnivel, así que paro lo justo para echar un trago y decido ir primero a por el Sgorr Dhonuill, el más bajo de los dos Munros de hoy. Giro por tanto a la derecha, siguiendo el buen sendero, primero por terreno herboso, y que a partir de un hombro atraviesa una zona más rocosa. Aunque la niebla cada vez es más cerrada, intuyo a mi derecha precipicios vertiginosos. Hay tramos de escalada muy elemental (scrambling) y la roca mojada exige precaución. Muy divertido, una pena el tiempo, y que cuando llego a la cima, sorprendentemente espaciosa para lo que me habría esperado, no pueda gozar de los paisajes grandiosos que cuentan que se ven desde aquí. He tardado casi 30 minutos desde el collado, tomo un refrigerio rápido y vuelvo sobre mis pasos. Estoy de vuelta al cabo de otra media hora, y prosigo por la cresta, de nuevo cuesta arriba, dispuesto a salvar los últimos 270 m de desnivel del día. El Sgorr Dhearg, 1024 m, es el pico más elevado de Beinn a’Bheithir, pero por este lado no opone ninguna dificultad, más allá de una gravera algo incómoda en la parte más alta. Nuevamente 30 minutos desde el collado y estoy arriba.

Mapa de la excursión.

La incesante llovizna cala hasta los huesos y la visibilidad sigue igual, así que paro aún menos tiempo que en el Sgorr Dhonuill y me lanzo cuesta abajo. Desde aquí es sólo andar, casi correr, deshaciendo el camino de ida. Consigo estar de vuelta en el coche en 5h 45 min, en buena hora para estar de vuelta en casa para cenar. Hoy he ejercido de tachamontes en toda regla, sin molestarme siquiera en hacer fotos. Que poca cosa habría salido, de todas formas.

Perfil de la excursión.

Longitud: 15,4 km

Desnivel: 1330 md+

Dificultad: F+. Pasos rocosos con cierta exposición en el acceso a la cumbre del Sgorr Dhunaill.

Equipo: Como para el Bidean Nam Bian.

Traza GPS: https://www.wikiloc.com/hiking-trails/beinn-abheithir-197319878

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