

Segundo capítulo de mi particular serie sobre los «Tresmiles italianos», rescatando viejas reseñas bien documentadas de mi período de residencia en Italia. En esta ocasión relataré una ascensión sumamente satisfactoria en uno de mis lugares preferidos, la montañas del Forni. No hay cuatromiles aquí, pero los grandes picos superan holgadamente los 3500 m y el entorno es de una belleza única, con enormes glaciares que son campo de juego para el alpinismo y el esquí de montaña. Visité esta zona en varias ocasiones, tanto por la vertiente lombarda como por la sudtirolesa. Alpinísticamente hubo de todo, frustraciones como la doble tentativa fallida al «fácil» Monte Cevedale, y grandes alegrías como la estupenda escalada de la cara Norte de la Cadini durante un curso de Alpinismo Avanzado del CAI. En esta ocasión relataré mi excursión al Monte Vioz (3645 m), del 16 de Junio de 2007. Como acabo de mencionar, este pico se encuentrá en una de las zonas de alta montaña más valiosas de Italia, el Parque Nacional del Stelvio, con cumbres que rozan los 4000 m, en un entorno fuertemente glaciar. El Vioz es uno de los picos que enmarcan el colosal circo glaciar del Forni, al que se accede desde Bormio y Sta. Caterina Valfurva. Uno de los recorridos alpinos de mediana dificultad más prestigiosos de los Alpes consiste en el recorrido de la cresta que enmarca los glaciares del Forni y la Mare. La llamada “ruta de las trece cimas” parte del Paso Gavia, a 2600 m, y toca trece picos de más de 3500 m. EL Vioz es el fulcro de esta cadena, que en este punto cambia de una orientación E-W a N-S, para culminar en los 3757 m del Cevedale/Zufallspitze, una maravillosa montaña rodeada de glaciares y técnicamente sencilla. Más allá del collado del Cevedale, y hasta la carretera asfaltada del Passo dello Stelvio, parte una ruta de superior dificultad, en la que la afilada pirámide del Gran Zebrù/Königspitze (3841 m) y el poderoso Ortler (3905 m), el pico más alto del antiguo Imperio Austrohúngaro, son los hitos principales.
Toda esta zona fue escenario de cruentas batallas durante la Gran Guerra. Por estos glaciares se pueden encontrar alambres de espino, cañones, y hay quien dice que hasta obuses. Al final los austriacos fueron derrotados y todo el Südtirol, con sus hermosas montañas, pasó a Italia. Hoy sigue siendo la región italiana más diferente, trilingüe (italiano, alemán y ladino) y en la que, especialmente en la provincia de Bolzano, uno se siente más en Austria que en Italia. En fin, a lo que vamos… Aunque el Vioz se puede alcanzar por el norte, atravesando el glaciar del Forni, la ruta normal discurre por el sureste. Un sendero balizado, el 105, parte de la localidad sudtirolesa de Pejo, a 1500 m, y lleva hasta el refugio Mantova, a más de 3500 m y a dos pasos de la cumbre. Esta ruta en verano está limpia de nieve y no tiene ninguna dificultad técnica, con lo que el Vioz es una cumbre frecuentadísima. Además, hay remontes que desde la localidad de Pejo Terme, un poco antes de Pejo, suben hasta el refugio Doss dei Cembri, a 2300 m, lo que alivia bastante el desnivel.
Sin embargo hoy no hay remontes y el refugio está cerrado. Creo que en dos semanas todo abre y llegarán las masas a la caza de un tresmil facilísimo. Pero hoy no hay nadie en la montaña. El día en Milán parecía bueno, pero según subía el Passo Tonale, que separa Lombardía del Sudtirol, las nubes iban ganando terreno. En Pejo la cosa estaba muy oscura. Tanto que durante la subida no hice fotos. A la bajada el tiempo mejoró, y disparé unas cuantas. Estas fotos son las que muestro más abajo.
Estaciono el coche en una plazoleta junto a la iglesia y la lechería del pueblo. Me calzo las botas, reviso por última vez la mochila, y comienzo mi caminata remontando por una carreterilla asfaltada, que pasa enseguida junto a un hotel de montaña, y siempre subiendo, tras una curva a derechas, nos deja frente a la entrada de un cementerio de guerra austroitaliano. Un poco más adelante, a la altura de un campo de fútbol, las indicaciones del sendero 105 nos hacen abandonar la carretera, remontando un camino adoquinado a nuestra derecha, que en fortísima pendiente nos lleva hasta una fuente y una baita. Luego la pendiente suaviza algo. Continuamos por la pista, que atraviesa el bosque y va dando servicio a distintas granjas y casas de campo. Ganamos altura rápidamente y vemos el pueblo a nuestros pies. Paisaje típico tirolés.

A unos 2000 m llegamos a unas granjas, donde la pista se convierte en camino y da un brusco giro a la izquierda. Al poco salimos del bosque y entramos en una zona de prados adonde llegan algunos remontes de la estación de esquí. Atravesamos hacia la derecha, sin llegar a las pistas que surgen a pocos metros, pasamos un curso de agua y acabamos pisando la pista que lleva a Doss dei Cembri. Enseguida el camino se desvía a la derecha, nos encaminamos hacia los remontes altos.

Pasamos un colladito y vemos hacia la derecha, muy en lo alto, la cruz del Diente del Vioz (se aprecia en la foto anterior), un espolón de la cresta a 2900 m. Estamos a unos 2300 m, en la ladera del valle, y dominamos el valle y las pistas del Doss dei Cembri. Frente a nosotros ya vemos los glaciares de la Punta S. Matteo (2678 m).

Y en dirección sur el macizo de la Presolana (3569 m), otra preciosa montaña glaciar.

Pero hay que subir. La ladera sur del Vioz se adivina entre la niebla…

El camino está bien marcado. Subimos dejando a nuestra izquierda (derecha de la foto), sucesivos espolones, que culminan en el Diente del Vioz. Aquí estamos a unos 2600 m.

Ya vamos encontrando algunos neveros. A nuestra derecha, hay un glaciar que baja desde la Punta Taviela, el monte justo al oeste del Vioz.

Y el sendero, ya cerca de los 3000 m, se desdibuja entre las rocas.

Hay unos cuantos pasos equipados con cadenas. Los neveros y el agua de deshielo que hacen resbaladiza la roca dificultan algo la progresión, pero no es nada del otro mundo. A unos 3200 m se alcanza el paso más “complicado”, el Brich, con bastante caída a la derecha. Hay una cadena que permite salvarlo con facilidad. Con mucha nieve la cadena no se agarra y se forman toboganes muy peligrosos. En esta ocasión hay nieve, pero no muy profunda, y paso sin dificultad. Una vez superado este paso tenemos ante nostros la ladera final. Aquí el panorama se me complica. Está todo nevado, la nieve hunde que da gusto y además no hay huella. Entre esto y el frío que hace se me quitan las ganas de hacer fotos. Nada más comenzar yerro el camino, debo dar media vuelta y afortunadamente encuentro algunas marcas asomando entre la nieve e hitos aquí y allá que, penosamente, me llevan hasta el refugio. Llego con la lengua fuera. Esta es una foto de la ermita que hay junto al refugio. Estaba cerrada…

Y ahí está la antecima, con la cruz, y la cima detrás, con un mojón metálico. En verano este es el único tramo dende se pisa glaciar.

Pues habrá que subir. Despacito, despacito, alcanzo la antecima.

…pero hay que llegar hasta ahí.

Las cornisas hacia el sur son inquietantes. Alejándome lo más que puedo de la línea de ruptura alcanzo la cumbre tras una breve trepada por roca húmeda. Ahí estoy, cansado pero satisfecho. Toda la montaña para mí. He tardado cinco horas, y el último tercio de la ascensión se me ha hecho interminable.

Paisaje espectacular…, si no fuera porque la niebla lo tapa todo. La antecima, donde he estado unos pocos minutos antes.

Esto es hacia el norte, el glaciar de Forni.

Hacia el oeste, el San Matteo, Pizzo Tresero, Dosegù…

Verdes valles…

Hacia el sur, la niebla que lo tapa todo. Nótense las insidiosas cornisas que mencionaba antes…

Y ahora hay que dar media vuelta y bajar. Mucha niebla, pero siguiendo mi huella en la nieve no hay problema. A la altura del paso del Brich, en un tramo de roca, vuelvo a dudar. Finalmente encuentro el paso de la cresta, localizo las cadenas y de ahí para abajo todo tranquilidad, disfrutando con la cima conseguida y el placer de caminar por la montaña en un largo día de inicios de verano. Por si fuera poco, el tiempo aclara y puedo hacer fotos. Vuelta al coche, cambiarse de ropa, y tres horas de conducción de regreso a Milán. Pero esta excursión estupenda ha compensado sobradamente el largo desplazamiento.



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