Los últimos días de Agosto de 2010 toca un poco de alpinismo «familiar». En un alarde de optimismo me he venido arriba y he diseñado un plan sumamente ambicioso. Visitaremos el Valais suizo e intentaremos la Dufourspitze, pico más alto del Monte Rosa, por la vía normal desde Zermatt. Para aclimatar subiremos al Nadelhorn (4327 m), un pico maravilloso y técnicamente bastante sencillo, punto culminante de la arista Nadelgrat, desde Saas Fee. Si bien el nivel alpinístico de ambas montañas es relativamente sencillo, sin tener que hacer escalada en roca o hielo (La Punta Dufour tiene un paso rocoso de II-III justo al final), los desniveles permiten pocas bromas. La Punta Dufour tiene 1900 m el día de cumbre desde el Refugio Monte Rosa. El Nadelhorn «sólo» tiene 1000 m de desnivel desde el refugio Mischabelhütte, pero para acceder a él hay que haber superado previamente otros 1500 m desde la población de Saas Fee.
Cuando escribo esto sólo espero poder tener la ocasión, cuando salgamos de esta maldita pandemia, de sacarme la espina y culminar ambas montañas.
Tenemos que combinar bien los días de vacaciones y esto nos exige no hacer noche en el valle. Yo salgo desde Milán, relativamente cerca, pero mi hermana tiene que llegar desde la Alemania profunda. Nos damos cita en Saas Fee con la idea de almorzar juntos y empezar a caminar a primera hora de la tarde, aprovechándonos del teleférico del Hannigalp, que nos permitiría ahorrarnos 500 m de desnivel y llegar al refugio en unas 3 horas de camino, con buen margen para cenar. No recuerdo bien la hora pero seguramente sería a las 7, lo habitual en los refugios alpinos suizos.
Así que parto de Milán temprano en dirección a Domodossola, entro en Suiza, atravieso el Simplón y desciendo al gran nudo de comunicaciones de Brig, en el valle del Ródano. La autopista que desciende por el valle llega a Visp tras una decena de kilómetros , y de aquí parte la carretera, ya conocida, que remonta el valle del Mattervispa hacia Zermatt. En Stalden me desvío a la izquierda, adentrándome el el valle del Saas. Estos lugares me resultan familiares, siete años antes tuve aquí mi primera experiencia alpina. Llegando a Saas Grund, una carretera secundaria me conduce finalmente a Saas Fee, uno de los principales resorts de esquí de Suiza. Aquí se encuentra el Metro Alpin, un funicular subterráneo que sube hasta los 3456 m del Mittelallalin; a lo que parece es éste el funicular más alto del mundo.
Saas Fee está peatonalizada, hay un megaaparcamiento a la entrada donde es obligatorio dejar el vehículo. El único tráfico permitido en el núcleo urbano es el de los taxis eléctricos que transportan a los turistas hasta la puerta de sus hoteles. No hace falta decir que todo está muy limpio, muy ordenado, y que es muy caro. No estamos al nivel de la vecina Zermatt, cierto, las hordas de japoneses no se dejan ver tanto y no proliferan tanto las joyerías de lujo, pero no deja uno se sentirse pobre cuando pasea por sus calles.
Y sin embargo este valle y el vecino de Matter son un imán irresistible para alpinistas de todo el mundo. La cantidad de magníficas montañas a las que se puede acceder desde Zermatt y Saas es sencillamente apabullante. La cadena axial de los Alpes ofrece dos atracciones de primer orden, el Cervino (4478 m) y la Dufourspitze (4634 m), además del cuatromil más fácil de la cadena, el Breithorn (4164 m), accesible en apenas 300 m de desnivel gracias al teleférico de Klein Matterhorn, y cimas de prestigio como Liskamm (4527 m), Castor (4228 m) y Pollux (4092 m). De esta cadena se desprenden perpendicularmente dos cordales laterales. Entre el valle de Matter y el de Zinal, al oeste, la cresta se alza en las cimas de Obergabelhorn (4063 m), Zinalrothorn (4221 m), culminando en el soberbio Weisshorn (4506 m), en mi opinión la montaña más hermosa de los Alpes. Entre los valles de Matter y de Saas el cordal arranca con el Strahlhorn (4190 m) y Rimpfischhorn (4199 m), prosiguiendo con una majestuosa cresta de alta dificutad que une cuatro poderosas pirámides de gneis: Täschhorn (4491 m), Dom (4545 m), Lenzspitze (4294 m) y Nadelhorn. A sus pies, orientado al este hacia el valle de Saas, esta cresta define un enorme anfiteatro con paredes que ofrecen itinerarios de gran compromiso para los mejores alpinistas.
Resultó que tuve más tiempo del previsto para vagar por Saas Fee. El denso tráfico de las autopistas alemanas le costó a mi compañera de cordada un retraso de no menos de cuatro horas, lo que nos supuso comenzar a caminar casi a las cinco de la tarde. Naturalmente para esa hora el teleférico de Hannig ya no funcionaba, lo que nos condenaba a salvar íntegramente a pie los 1500 m de desnivel que nos separaban de la Mischabelhütte. Era tardísimo, y ya asumíamos que perderíamos la cena que habíamos reservado. Telefoneamos para avisar, ahora sólo esperábamos no llegar con demasiado retraso.

La ruta pedrestre arranca en el extremo opuesto del pueblo, tomando como referencia el aparcamiento. El sendero se encuentra bien señalizado, hay que buscar las pistas Stafelwald y atravesar el torrente Torrenbach. Desde aquí comienza zigzagueando una implacable subida que por terreno rocoso y depósitos morrénicos conduce al refugio. Hay un tramo bastante largo equipado, de vía ferrata fácil, con cadenas, pernos y hasta escaleras; se pasa sin problemas sin necesidad de asegurarse, pero se requiere pie firme y la mochila pesa. Avanzamos más lentos de lo que esperábamos, se nos echa la noche encima y debemos afrontar la última parte a la luz de las frontales. Afortunadamente el camino está bien balizado y no nos perdemos. Muestro algunas fotos de la subida al refugio, tomadas el día siguiente durante la bajada. Durante la subida no teníamos ni el ánimo ni el tiempo para fotografiar nada.




Son casi las diez cuando llegamos al refugio. Han apagado las luces y reina el silencio. Nos sentimos muy, muy culpables. Estas cosas no se hacen. Golpeo la puerta y nos recibe el guarda, un suizo de considerables dimensiones y tupida barba blanca que nos abronca sin contemplaciones, y naturalmente en alemán, que impresiona todavía más. Ni sé cuántas veces repetí sorry, sorry… en menos de un minuto. Si el protocolo de los refugios ya es bastante estricto en cuanto a las horas de llegada, el silencio y el respeto al descanso de los demás, en Suiza suelen ser particularmente rigurosos. Finalmente nos franquea el paso e indica nuestro dormitorio. A la luz de la frontal, sin hablar y con la cabeza gacha, buscamos nuestras literas, nos desvestimos y después de un día bastante más largo de lo esperado, podemos tumbarnos y descansar. Ninguno de nuestros compañeros de habitación parece haberse molestado. Pues menos mal…

La noche es corta, aunque aquí la mayoría tiene el Nadelhorn como objetivo, y considerando la relativa brevedad de la ruta no es necesario pegarse un madrugón inhumano. Durante el desayuno la actitud del guarda afortunadamente ha cambiado y su tono hacia nosotros es más socarrón que otra cosa. Sabía que no habíamos podido cenar y nos ofrece raciones extra. Bien, podemos dar por acabado el drama. Como es costumbre, dejamos toda la impedimenta que no necesitaremos para la ascensión en la sala almacén, y la recogeremos a la vuelta. Nos ponemos los arneses con el material que necesitaremos un poco después, y echamos a andar por detrás del refugio, lentos, en la oscuridad.

Los primeros cientos de metros transcurren por la cresta rocosa que baja de la Schwarzhorn (3620 m), hay un senderillo bien señalizado con hitos. Apenas por debajo de la modesta cima, que dejamos a la izquierda, el camino nos conduce a la entrada del glaciar Hohbalmgletscher. Hacemos un alto para encordarnos y ponernos los crampones. Desde aquí la huella va trazando un arco hacia la derecha, bajo la arista NE del Nadelhorn. Hemos cogido el glaciar bastante arriba, evitando por tanto los insidiosos tramos de hielo negro y las grandes grietas que hay más abajo. A esta altura se encuentra en bastante buen estado, las grietas son pocas y bien visibles. Y durante un buen rato la pendiente es muy suave, casi llana. Aquí nos amanece, tenemos el Sol justo detrás y el glaciar adquiere una hermosa tonalidad rosada. Mi hermana está acusando el largo viaje, la dura subida del día anterior y el escaso sueño. Estamos debajo del collado Windjoch (3850 m) y ahora la huella describe una abrupta curva a la izquierda para atacar los últimos 200 m, ahora sí con fuerte pendiente. Alcanzamos el collado a las 8.15. El viento es fuerte y nos pega de cara, pero el día es espléndido.

Nos tomamos un descanso y buscamos un emplazamiento ligeramente menos expuesto al viento, algo por debajo del propio collado. Aquí coincidimos con otras cordadas, que al igual que nosotros deben decidir si seguir adelante hacia el Nadelhorn o partir en dirección contraria, a la derecha, buscando un plan B que no desmerezca la excursión. Y ese es el Ulrichshorn, y esa es la decisión que tomamos nosotros. Hay buena huella hacia el Nadelhorn, pero el viento de costado en esa arista tan expuesta puede ser traicionero. Y como físicamente hablando ha habido días mejores, ¡la decisión está tomada!.

La panorámica es para quitar el aliento. Por el lado por donde hemos subido, distinguimos cordadas que llegan tras de nosotros.


Hacia la vertiente opuesta, tenemos en primer plano la cumbre bicéfala del Balfrin. Al fondo distinguimos la cadena de los Alpes Berneses, con los grandes Finsteraarhorn y Aletschhorn bien distinguibles.

Finalmente echamos a andar y en menos de media hora, por buena huella y sin complicaciones, estamos en la cumbre del Ulrichshorn. Son las nueve. Disfrutamos un montón allá arriba. No es un 4000, no es lo que habíamos planeado, pero eso da lo mismo. Montaña magnífica, cielo límpido, paisaje estupendo. ¿Qué más se puede pedir?. Desde este mirador privilegiado se tiene la mejor visión del Nadelhorn y sus tres aristas. La NE, frente a nosotros, que baja al Windjoch, la SE que lo une al Lenzspitze, y la NO o Nadelgrat, un recorrido estupendo y no difícil (pasos de II máximo) que incluye otros tres cuatromiles y con el punto de apoyo de la Bordierhütte en la vertiente de Matter. Este recorrido lo tengo en mi lista de deseos, sin duda.

La foto de cumbre no podría tener un fondo diferente.

Siguendo el cordal hacia el sur, el Dom y el Taschhorn quedan ocultos detrás del Lenzspitze, pero sí se pueden distinguir el Strahlhorn, Allalinhorn y el Rimpfischorn, así como el Monte Rosa sobre la cadena axial.

La bajada no tiene historia. Vamos sobrados de tiempo y la nieve del glaciar está más blandita que a la subida pero nada particularmente incómodo. Llegamos a las inmediaciones del refugio y hacemos un alto para disfrutar de la vista de la colosal pared entre el Nadelhorn y el Lenzspitze. Impresionante…

Mirando hacia el este reconozco el trío Fletschhorn (3985 m), Lagginhorn (4010 m) y Weissmies (4023). Este cordal cierra el valle de Saas por oriente y contiene los cuatromiles más orientales de los Peninos. Allá había estado en 2003 y 2004.

Llegamos al refugio antes de mediodía. Reposamos y almorzamos (el guarda nos recibe alegremente, todo está olvidado), recuperamos el material y tiramos para abajo. El descenso es largo y las mochilas pesadas, pero hoy hay menos prisas. Esa noche dormiremos en un hotel de Randa, cerca de Zermatt. Al día siguiente nos acercaremos al Refugio Monte Rosa, para acometer sucesivamente la Dufourspitze. Se quedó en una tentativa que murió apenas una hora después de salir, pero nos dejó algunas fotos memorables.








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