En el corazón de los Alpes del Valais, entre los valles de Turtmanntal, Anniviers y Herens, encontramos un grandioso anfiteatro glaciar que se conoce como «Corona Imperial». Esta herradura no incluye los picos más conocidos de la zona, como el Monte Rosa y el Cervino, pero lo que le falta en fama le sobra en autenticidad y calidad alpinística. Todas estas montañas requieren una aproximación desde el fondo del valle, sin poder servirse de los remontes mecánicos que facilitan el ascenso a picos más populares, lo que acaba suponiendo desniveles acumulados en subida que llegan a rozar los 3000 m. Por si fuera poco, todos los cuatromiles de la Corona Imperial, salvo el Bishorn (4153 m), son técnicamente complicados y sus vías normales exigen medianas habilidades de escalada en roca e hielo. Estas magníficas montañas se encuentran además entre las más bellas de los Alpes. El Weisshorn (4505 m) es en mi opinión la más hermosa en absoluto, y el monarca de esta Corona Imperial. Las reinas serían la Dent Blanche (4356 m), el Zinalrothorn (4221 m) y el Obergabelhorn (4062 m).


Uno de mis deseos incumplidos es el de ascender al Rey Weisshorn. Técnicamente sentía que aún no estaba a mi alcance, así que el Zinalrothorn y el Obergabelhorn, algo menos difíciles, constituían un reto apetecible. Al no disponer de un compañero de cordada, recurrí a Mendiak eta Herriak, la sociedad vasca de guías con la que ya había hecho algunas ascensiones previas en Alpes y Andes. Diseñamos un programa ad hoc de una semana que incluiría la subida a los dos cuatromiles y dos días de escalada en roca en las inmediaciones del Paso Furka, de acuerdo con la otra persona que compartiría guía conmigo. El experimento salió bien, y en particular nuestro guía, Garo, estaba encantado con un programa innovador que se salía de lo habitual.
Aterricé el 29 de Julio en Ginebra y allí esperé a que Garo y Susana pasaran a recogerme. No nos habíamos visto nunca antes, pero conseguí hacerme reconocer eficientemente en el aparcamiento. Desde allí, remontamos el valle del Ródano hasta Visp, donde giramos a la derecha hacia el valle de Matter, adentrándonos en el corazón de los Alpes Peninos. En Stalden el valle se bifurca; para dirigirnos a nuestro objetivo deberíamos ir hacia la derecha, pero vamos a la izquierda, el valle de Saas, para alcanzar Saas Grund, donde se encuentra el hotel donde pernoctaríamos.
Es ya tarde y ha sido un largo viaje para todos. Esta pequeña ciudad vive sobre todo del esquí, y en verano del excursionismo y el alpinismo. No hay casi nadie por la calle, los horarios suizos son así. Tomamos posesión de nuestras habitaciones y rápidamente bajamos al restaurante donde cenamos unas pizzas. De vuelta al hotel, revisión de material, una ducha y a dormir. Como me suele pasar en estas ocasiones, me cuesta conciliar el sueño. Me esperan unos días interesantes.
30 de Julio. Subida al Refugio Rothornhütte.
La aproximación al refugio desde Zermatt supone salvar un desnivel de 1600 m, remontando el valle del torrente Trift. Partimos por la mañana temprano, bajamos a Stalden y desde allí remontamos el Mattertal en dirección a Zermatt. Esta localidad es historia pura del alpinismo. Desde aquí partieron los primeros escaladores de la Punta Dufour del Monte Rosa, en 1855, y desde aquí, diez años más tarde, Edward Whymper emprendió su mítica ascensión al Cervino, marcada por la victoria sobre su rival Jean Antoine Carrel, que ascendía simultáneamente por la vertiente italiana, y por la tragedia en el descenso, que costó la vida a cuatro de sus camaradas. Y que quedó ensombrecida por la duda de si alguien había cortado la cuerda que unía a los infortunados con sus tres compañeros. Esa cuerda, seguramente la más célebre de la historia del alpinismo, se encuentra expuesta en el Museo del Matterhorn.
En el siglo XIX el alpinismo era un deporte de nobles y ricos, que contrataban a los guías locales, gente humilde, cazadores, buscadores de minerales, pastores… Hoy día ese elitismo ha impregnado Zermatt en todos y cada uno de sus rincones. Las calles repletas de negocios caros de todo tipo, desde las obvias tiendas de material de montaña hasta las joyerías más exclusivas. Ríos de turistas adinerados de todo el mundo afluyen aquí para fotografiarse con el Cervino de fondo. Junto a ellos, alpinistas y senderistas con voluminosas mochilas completan el paisanaje. Este es el show de Zermatt. Los suizos saben hacer dinero con el entorno excepcional de esta pequeña ciudad. Hasta aquí llega el tren y no se puede penetrar en coche privado. Así que buscamos un aparcamiento lo más económico posible a la entrada del pueblo, nos echamos a la espalda las mochilas con todo el material y poco antes de las diez empezamos a caminar. Tenemos una idea aproximada de dónde arranca el sendero, debemos atravesar Zermatt casi hasta el final. Callejeamos, nos alejamos del río subiendo un poco a la derecha, y acabamos saliendo del casco urbano y volviendo junto al río. Nos hemos pasado. Volvemos sobre nuetros pasos y no tardamos en dar con el poste indicador con los característicos letreros amarillos, que indica el Hotel Trift y Edelweiss.
El sendero arranca entre casas aisladas y atraviesa un prado típicamente suizo antes de entrar en el bosque y subir con fuerte pendiente, sin alejarse nunca del tumultuoso torrente. A casi 2000 m de altura pasamos por un gracioso chalet, llamado Edelweiss (Alterhaupt en los mapas). Seguimos subiendo con pendiente sostenida, el bosque se va haciendo más rado y finalemente salimos a los prados de altura que conforman el valle alto del Trift. El sendero serpentea y finalmente llegamos al Hotel Trift, a unos 2340 m. Aquí hacemos un alto para un refrigerio. La terraza con vistas es un lujo.


Partimos para la segunda parte de la ascensión. El tiempo está medio nublado y no hace demasiado calor. El camino traza unos zigzags y alcanza un cruce, de donde el sendero principal continúa hacia las cimas de Platthorn (3344) y Wisshorn (2936), muy panorámicas y ambicionadas por los excursionistas. El sendero hacia la Rothornhütte procede hacia el Norte, cruzando el río, y finalmente alcanzando un área más llana y encharcada. Aquí confluyen los torrentes que bajan de los glaciares Trift y Rothorn. Nos detenemos para beber y comer algo. Las vistas hacia el Macizo del Monte Rosa son magníficas, con el arco completo desde la Nordend hasta el Klein Matterhorn bien visible.

Desde este punto el terreno se va volviendo cada vez más pedregoso, pero el sendero es cómodo. La pendiente se va haciendo notar.

La última media hora, zigzagueando por el campo morrénico, se me hace bastante dura y tengo que aflojar el ritmo. El refugio, con su bandera y sus ventanas de batientes blanquirrojos, ya se distingue en la lejanía. ¡Vaya alivio cuando por fin alcanzo la terraza y puedo sacarme la mochila!. El refugio se asienta en un promontorio rocoso que domina el glaciar Trift. Frente a nosotros, la muralla delimitada por la Wellenkuppe y el Trifthorn domina la vista. Tanto el Zinalrothorn como el Obergabelhorn no son visibles desde aquí.

El refugio es cómodo y está bien equipado. Hay gente, pero no está abarrotado, a pesar de estar en plena temporada alta. La dura marcha de aproximación y lo áspero de las montañas circundantes suponen una criba considerable. Cena (que no estaba para nada mal), a las seis y sobremesa relajada. Las chicas que gestionan el refugio son eficientes y muy simpáticas. Como corresponde a los buenos viejos tiempos, no hay distancia social, ni dispensadores de gel, ni paranoias. Ni siquiera mascarillas. Todos bien juntos en torno a la mesa, socializando con los compañeros, sobre todo suizos y alemanes, y algún que otro italiano, y compartiendo experiencias y temores. ¿Cómo están el Rothorn y el Ober? ¿Nevará esta noche? Cuando nos retiramos a los dormitorios ya ha caído la noche y ha empezado a granizar fuera. Hay que aclarar que aquí hay clases. Susana y yo vamos a uno de los dormitorios grandes mientras que a Garo lo han puesto en el dormitorio de los guías,más pequeño y tranquilo. Me parece justo, necesitamos un jefe de cordada bien lúcido y descansado. De todas formas, podemos disfrutar de amplio espacio también nosotros. Aunque hay que levantarse antes de las cuatro, consigo dormir bastante bien.
31 de Julio. Cumbre del Zinalrothorn (4221 m; 1050 md).
Magnífica pirámide de gneis, con tres aristas, típica estructura de otros gigantes de esta zona. Su primera ascensión, por la arista N, corrió a cargo de Leslie Stephen y L.C. Grove, guiados por Jakob y Melchior Anderegg. La vía normal, que seguiremos, transcurre por la Arista SE (AD-, hasta III en roca). Vías más complicadas siguen la Arista N (AD, hasta III+), desde la Cabane de Mountet, y la Arista SW (D, hasta IV), desde la Rothornhütte. Material clásico de alpinismo sobre glaciar, más casco imprescindible. Cuerda de 50 m, algunos empotradores, descensor, un par de cintas y otro de cordinos.
Siempre cuesta levantarse en plena noche en un refugio de altura. Uno siente que no ha descansado y se pregunta qué se le ha perdido ahí fuera, sobre todo cuando se mira a través del ventanuco y el tiempo, aun sin ser terrible, pinta mediocre. Suelo ser lento al despertarme y me visto y acabo de preparar la mochila como un autómata. Bajamos al comedor y consumimos rápidamente el desayuno. Visto que la noche sucesiva también dormiremos aquí no hay que preocuparse de liberar los catres y recoger el material de refugio. Poco después de las cuatro y media salimos a la oscuridad. El viento es frío y el tiempo fosco. La ruta del Zinalrothorn, señalizada por un cartel de madera, arranca hacia la izquierda pasando entre el refugio y el edificio de los baños. Avanzamos a la luz de las frontales, y desde el principio con el casco puesto. Entramos en una zona rocosa, subiendo con decisión. Al llegar al límite del hielo del glaciar Rothorn nos paramos para encordarnos y ponernos los crampones. Ascendemos paralelos a una muralla rocosa a nuestra izquierda, siguiendo la huella. Hay varias cordadas por delante de nosotros. Al cabo de poco tiempo alcanzamos el paso que nos permite superar dicha pared, una chimenea de grado II que superamos en ensemble sin demasiada dificultad, aunque la roca es bastante mediocre. No descramponamos, ya que en general hay nieve abundante y más arriba la zona de canchales está bastante recubierta. Siguiendo hitos, se sube en oblicuo hasta un corredor que se remonta y da paso a un nevero, que se atraviesa hacia la izquierda hasta una barra de roca fácilmente superable, que nos deposita en el glaciar superior. Aquí ya nos ha amanecido y vislumbramos la imponente pirámide cimera. Está nublado, pero lo que más nos preocupa es el fuerte viento que nos recibe aquí arriba. Giramos inicialmente hacia la derecha, por la huella que se dirige hacia la arista. Vemos una cordada que desciende hacia nosotros; son italianos, y nos explican que se han dado la vuelta debido al viento. Un poco más arriba encontramos una segunda cordada en retirada. Me empiezo a preocupar ligeramente…




La huella alcanza la arista SE y gira a la izquierda prosiguiendo por su filo, pasando por el rellano conocido como Frühstückplatz (3786 m). La arista se estrecha cada vez más y se encuentra ornada por cornisas sobre los precipicios del lado derecho. A unos 3912 m nos damos de bruces con el sector rocoso.


Aquí hacemos un alto. En condiciones de escasez de nieve, los escaladores suelen dejar en este rellano los crampones y el piolet, para facilitar la escalada en roca. Nosotros no nos lo podemos permitir, ya que aún queda bastante nieve y además hay una capa fresca de esta misma noche. Por tanto, comenzamos flanqueando por la izquierda el primer escalón serio, avanzamos por terreno mixto un poco por debajo del filo y después atravesamos a media ladera un campo nevado muy inclinado que nos perite acceder al fondo del corredor que desciende desde la bien visible horcada situada a la derecha del doble diente rocoso del Gabel (tenedor). Este corredor suele se muy proclive a las caídas de piedras, y cuando está seco se recomienda absolutamente evitarlo, ascendiendo por su arista izquierda, donde hay instalados clavos que facilitan el aseguramiento. Esta escalada está cotada en II+/III-. Subimos buscando siempre el mejor paso, alternando el corredor y la arista, en ensemble, aunque en algún punto más complejo Garo nos monta un aseguramiento rápido. En general me sentí muy cómodo a lo largo de este tramo. Lo peor era que la niebla se nos había echado encima, el tiempo continuaba inseguro y por tanto había que proceder ligeros.


La brecha es un lugar impresionante, donde a uno le da la impresión de que no hay salida. La visibilidad es escasa pero se adivinan los abismos que nos rodean. Son casi las nueve y media y nos queda el tramo más técnico de la ascensión. Decidimos seguir adelante. Proseguimos por la derecha, siguiendo la arista entre bloques, atravesamos una pequeña ventana y nos encontramos con el paso clave de la ascensión, la mítica Binerplatte (III), una placa lisa que se atraviesa primero horizontalmente y luego se remonta en vertical. La exposición al vacío bajo los pies se adivina tremenda, y además la nieve de la noche había dejado la placa con hielo en numerosos puntos, lo que acrecentaba considerablemente la dificultad. Garo pasa con cuidado mientras lo aseguramos, supera la primera parte, más complicada, y sigue subiendo hasta que lo perdemos de vista. En lo alto de la placa hay instalados anclajes que permiten asegurar al segundo de cordada y rapelar el descenso. Una vez montada la reunión, con un grito me da vía libre para subir. No voy muy seguro, la cuerda se tensa y ataco la placa. Las puntas frontales del crampón chirrían buscando el apoyo que no sé encontrar. Atrás, respiro. Segunda tentativa, llego a sostenerme sobre ambos pies pero el equilibrio de manos no es bueno y pierdo pie. Garo me sujeta fuerte y en ningún momento me siento en peligro. Ataco tres, cuatro, cinco veces más… Nada. Los nervios me hacen pensar que no paso, que vamos a tener que echar marcha atrás…
Garo no admitirá una renuncia en este punto. Luego me explicaría que sabía que yo podía superar aquel paso, y con un par de gritos subidos de tono consigue que finalmente lo logre. Fueron sólo tres movimientos, e inmediatamente me encontré subiendo mucho más seguro. Afortunadamente, no coincidimos con ninguna otra cordada en este punto clave, donde suelen ser frecuentes los atascos.

Llegado al anclaje, me aseguro, y le llega el turno a Susana, que supera el paso más velozmente. A partir de aquí proseguimos en ensemble por el sector terminal de la arista SW, en ambiente grandioso. A lo largo de la ruta vamos encontrando algunas estacas que sirven como anclaje para el descenso en caso de hielo duro o nieve poco asentada.

Flanqueamos un primer gendarme por la izquierda, pasamos a la otra vertiente y rodeamos la torre Kanzel por la derecha. El paso por aquí, de II, por una vira con buen agarre, es absolutamente vertiginoso sobre los abismos de la Pared Este. Lo bueno es que las nubes nos han abandonado y ahora luce el sol. Mil metros más abajo, a pico, está el glaciar, y más allá los verdes valles, los caseríos, las iglesias, la civilización… Las cosas son más fáciles ahora y estoy con plena confianza. Llegamos al pequeño collado entre la Kanzel y la torre cimera, donde la Cruz brilla al sol. Sólo una escalada sencilla y segura nos separa de la cumbre, donde llegamos a las once. Ha costado, pero aquí estamos.

Pasamos un buen rato disfrutando de las vistas, pero no había que perder mucho tiempo. Nunca se sabe cuándo se puede torcer la meteo y no es seguro atravesar un glaciar por la tarde. Así que con precaución, ¡para abajo!



A la vuelta la Binerplatte no supuso mayor dificultad. Garo nos descolgó antes de rapelar él mismo. El corredor también lo bajamos rapidito. Poco antes de alcanzar la arista de nieve, en un paso de mixto, una roca de considerable tamaño donde había apoyado la mano derecha se desprendió de su matriz. Afortunadamente me di cuenta de lo que sucedía a tiempo de desplazarme a la izquierda y el pedrusco pasó rozándome la cadera. De haberme alcanzado de pleno podría haberme hecho bastante daño. Un recordatorio de cómo nunca se debe bajar la guardia y de que los accidentes a menudos suceden en los puntos aparentemente «seguros». Desde ahí hasta el refugio, sin novedad. Descanso, alegría por la meta conseguida, cena, y de nuevo a los catres. Al día siguiente aguarda el Obergabelhorn. Que será otra historia.





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