Cuando se pregunta por el «cuatromil» más «fácil» de los Alpes, la respuesta más frecuente suele ser sin duda, el Breithorn. El Breithorn Occidental (4165), para ser más precisos, ya que es más correcto hablar de «los Breithorn». Son cinco picos, no demasiado individualizados, que vistos desde Zermatt aparecen como una formidable muralla de más de 1500 m de altura por encima de los glaciares del Monte Rosa, de cuyo macizo forman la extremidad occidental. Hacia el Oeste el collado del Teódulo lo separa del Cervino. A vuelo de pájaro, ambas cumbres distan tan sólo 8 km.

Pero no es sólo la magnificiencia del panorama lo que hace del Breithorn el cuatromil más codiciado por los neófitos del alpinismo. Tanto desde el lado suizo (Zermatt) como desde el italiano (Breuil-Cervinia) decenas de remontes de esquí degradan el entorno alpino, alcanzando el Plateau Rosa, altiplano glaciar a más de 3500 m a la sombra de los Breithorn y Cervino donde se esquía incluso en pleno verano. Uno de los mencionados teleféricos alcanza el pequeño promontorio del Klein Matterhorn, a 3800 m. Dicen que es el teleférico más alto de Europa, y el tintineo de los francos suizos desprendidos de los bolsillos de miles de turistas altera la quietud de las nieves eternas que aquí todavía persisten. Desde el exclusivo restaurante de la estación, alcanzar la cumbres un sencillo «paseo» de menos de 3 km y 400 m de desnivel que permite a muchos añadir una montaña de prestigio a su currículum con un esfuerzo ridículo. Bien es cierto que, a pesar del «mantenimiento» del glaciar en la parte inferior y de una traza impecablemente marcada, lo que reduce considerablemente el riesgo de caída en grieta, han sucedido aquí accidentes, incluso mortales.

EL 2007 se estaba desarrollando satisfactoriamente, con el Mont Blanc y el Castor como principales logros, y a principios de Septiembre el tiempo se mantenía perfecto. Así que decidí aprovechar el último fin de semana de la temporada estival para subir al «fácil» Breithorn Occidental, y a su hermano, el pico Central, rindiéndoles los debidos honores, a pie desde Cervinia, a 2000 m. Más de 2000 m de desnivel acumulado en dos días. Dormiría en el Refugio Teódulo, a mitad de camino, en su último día de apertura, para alcanzar las cumbres el domingo 9.

Ruta trazada en azul desde Cervinia al Refugio Teódulo y bucle por los Breithorns Oeste y Central y la Gobba de Rollin.

Cervinia no es un lugar hermoso. Por no ser, no es ni siquiera un municipio independiente, ya que ostenta sólo la categoría de pedanía (frazione) del municipio de Valtournenche, cuya homónima capital se encuentra varios kilómetros valle abajo. Y tampoco es Cervinia su nombre original, sino que le fue dado durante la época fascista, ya que el valdostano Breuil no sonaba suficientemente italiano. Su fama nace, naturalmente, a mediados del s. XIX cuando la lucha por la conquista del último gran pico de los Alpes bullía a ambos lados de la frontera. Los dos protagonistas, como es bien sabido, fueron el local Jean-Antoine Carrel y el británico Edward Whymper, compañeros y rivales durante años, hasta que el 14 de Julio de 1865 la cordada de Whymper, siguiendo la actual vía normal, se adelantó por pocas horas a la de Carrel, que subía desde Italia por la arista Lion. El drama de los italianos divisando a sus rivales en la cumbre fue tristemente superado por la tragedia que se abatió sobre los vencedores durante el descenso. La conquista del Cervino, no obstante, inauguró una nueva época en el alpinismo y en el turismo de montaña, promoviendo la construcción de refugios (como el Teódulo, que se remonta a 1852), y la transformación de Breuil, donde los hoteles sustituían a las cabañas de pastores al tiempo que las vastas pendientes herbosas eran transformadas en pistas de esquí. La degradación del paisaje y la desnaturalización del paisanaje son hoy día un hecho, a pesar de lo cual la poderosa silueta del Cervino sigue hipnotizando y hace olvidar un poco esas cosas feas.

Y así llego sobre la una de la tarde a Breuil-Cervinia tras un cómodo viaje desde Milán, dejo el coche en el enorme aparcamiento a la entrada del pueblo, y almuerzo allí mismo, con calma antes de echar a andar. No hay ni una nube en el cielo y la temperatura es ideal, pero está todo semidesierto. Ese aire desangelado de las estaciones de esquí fuera de temporada, cuando la mayoría de los excursionistas ya se han ido y aún queda mucho para que vuelvan los esquiadores… Una vez preparada la mochila comienzo a vagar por las calles buscando las señales del camino que debo seguir. El primer objetivo es «Plan Maison», que no es otra cosa que una estación intermedia de los remontes, con bar-restaurante de temporada.

Indicaciones del camino a seguir.

Una vez encontrada la buena dirección, sigo por las calles del pueblo en busca de la cómoda pista que debo coger.

Saliendo del pueblo, las construcciones trepan por las laderas.

Finalmente abandono el casco urbano, siguiendo una pista que va dejando el pueblo detrás y a la izquierda. Son las dos de la tarde, y discurro entre vallas y pilones de los remontes.

El camino que sigo sube hacia la izquierda. Frente a nosotros, en lo alto, el espolón rocoso de la Testa Grigia (3480 m) donde se asienta el refugio Guide del Cervino y los remontes, y detrás y a la derecha, la cúpula aplanada de la Gobba de Rollin (3899 m). Un poco más abajo, se aprecia la presa del Lago Goillet.
Por el buen camino.

Gano altura de forma decidida, y voy dejando abajo los edificios. Camino por una pista tan cómoda como antiestética.

Una vista hacia mi derecha, con los últimos edificios de Cervinia y la pista de servicio del Lago Goillet.

Según gano altura la vista sobre el Cervino se hace más imponente. Alcanzo las inmediaciones de Plan Maison (2550 m), donde hay un importante cruce de caminos, y aprovecho para fotografiar esta impresionante montaña. Desde aquí se divisa íntegramente la vía normal italiana, con el acceso al collado de la Testa del Leone, el Pico Tyndall, la mítica fisura de La Enjambeé y la cima principal. Desde ésta, hacia la derecha, se desprende la cresta de Hörnli, la vía normal suiza.

El Cervino desde Plan Maison. El acceso a la cresta del Leone es por la canal encima del gran nevero.

Me quedan 800 m escasos de desnivel, y prosigo mirando hacia el frente, donde las cosas se van poniendo interesantes. Distingo ya los Breithorn e incluso el refugio, encaramado en un montículo unos metros por encima del collado del Teódulo.

Vista de Breithorn, Klein Matterhorn, Testa Grigia y Gobba de Rollin. Se distingue la ruta (en rojo) desde el refugio (dentro del círculo), a través de la Testa Grigia, girando para atravesar el Plateau Rosa, rodear el Klein Matterhorn y subir hasta la cumbre.

Casi una hora después del Plan Maison, mi camino se aproxima a la descompuesta Cresta de Furggen. Desde aquí el Cervino ofrece una perspectiva diferente.

Avanzando al pie de las paredes de la Cresta de Furggen.

El refugio es muy popular entre los esquiadores en invierno, y la parte final de la ascensión transcurre por laderas muy estropeadas por la urbanización de la montaña. Los remontes llegan hasta el promontorio sobre el que se asienta el refugio.

Muy cerca del refugio, que se encuentra justo por encima del embudo nevado en primer plano.

Alcanzo mi objetivo en algo más de tres horas. Me atienden con mucha amabilidad y hasta tengo una habitación para mí solo. Es confortable. No hay casi nadie, mañana cerrarán hasta el inicio de la temporada invernal. Antes de la cena, tomo algunas fotos de los alrededores. El panorama desde aquí se abre no sólo hacia el Breithorn, sino a los valles suizos. El Mattertal, flanqueado por dos soberbias cadenas de cuatromiles, está a nuestros pies.

El Breithorn, a la izquierda, se aprecia la verticalidad de su cara norte. A su izquierda, el Klein Matterhorn y la estación superior del teleférico.
La cadena de altas montañas entre el Mattertal y el Saastal. la pirámide nevada del Dom destaca a la izquierda, semicubierta por las nubes. A su derecha se intuye el pico del Taschhorn, mientras que la cumbre trapezoidal del Alphubel, más baja, queda totalmente tapada. Más a la derecha, el pequeño Allalinhorn, seguido del Rimpfischhorn y el Strahlhorn al final de la imagen.

Así que toca cenar temprano, y abundante (hay que dar salida a las existencias antes del cierre) en el espectacular comedor con vista panorámica hacia el Cervino. Por algún motivo no hice fotos de este refugio, gestionado por la sección de Turín del Club Alpino Italiano. El sitio web es este.

El Refugio Teódulo. A la izquierda se aprecia el restaurante con la vitrina panorámica. Foto de montagneinvalledaosta.com.

Al día siguiente me levanto temprano, desayuno y tras dejar el material innecesario en el refugio para recogerlo a la vuelta, salgo con la oscuridad, sobre las 6 de la mañana. La nieve comienza unos pocos metros más abajo, en el Colle del Teódulo (3290 m), así que me pongo los crampones desde el inicio. Este sería, hasta fecha de hoy, el único cuatromil alpino que he realizado en solitario. Dada la naturaleza «domesticada» para el esquí de la mayor parte del terreno glaciar a recorrer, lo bien marcado de la huella, lo avanzado de la estación y la ausencia de nevadas recientes, consideraba que la probabilidad de caída en grieta oculta era muy reducida. Pese a lo cual, habría sido preferible y más seguro ir en compañía y encordado.

La primera parte consiste en una recia subida de casi 200 m de desnivel hacia el Sur, hasta la Testa Grigia y las inmediaciones del refugio Guide del Cervino. La luz del día naciente empapa las cumbres mientras los valles permanecen aún cubiertos por la niebla.

Mar de nubes sobre el Mattertal, flanqueado por algunos de los mejores picos de los Alpes. A la izquierda destacan los afilados Zinalrothorn y Weisshorn, a la derecha las pirámides del Dom y el Taschhorn.

Desde los 3455 m del Passo Ventina al pie de la Testa Grigia giro 90ºC, tomando dirección este para entrar en el Plateau Rosa, en territorio suizo. No se ve a nadie, parece que el Refugio Guide del Cervino también estaba casi vacío. El siguiente objetivo es la traza que llega de la estación del teleférico y el vecino Colle del Breithorn, a 3830 m. La pendiente es dura y el paisaje hermoso pese a todos los artefactos desperdigados a mi alrededor. Son las siete de la mañana.

Cervino al amanecer. Abajo a la izquierda la Testa Grigia y sus refugios. Se aprecia íntegramente la primera parte de la ascensión, desde el Refugio Teódulo (esquina inferior derecha).
Zinalrothorn (izqda.), y el gigante Weisshorn, que con sus 4505 m compite con el Cervino por el título de montaña más bella de los Alpes.

La inclinación se suaviza en las inmediaciones del teleférico de Klein Matterhorn. Las orugas trillan la pista de acceso desde la estación. Aquí encuentro la esperada traza de subida al Breithorn Occidental. Va trazando zetas, y me lo tomo con tranquilidad. No hay grietas a la vista. Me detengo un poco más arriba, alejado del ajetreo de la estación.

La traza de subida al Breithorn Occidental.
La estación del teleférico. Al fondo, nevado, el Mont-Blanc, y más a la derecha el Grand Combin.
Vista hacia la Gobba de Rollin, a la izquierda, por donde pasaré más tarde. Ya se distingue gente en la traza del Breithorn.

Son las ocho de la mañana y diviso a los primeros grupos de alpinistas que han llegado con el teleférico. Hoy tendré el privilegio de ser el primero y disfrutar en soledad de esta estupenda cumbre, habitualmente concurridísima. Tiro hacia arriba, al principio la traza es cómoda, más arriba las pendientes alcanzan los 35º. El tramo final, sobre la cresta, es muy escénico. ¡Y aquí estoy, a las 8.40, a 4165 m con todo el monte para mí! El tiempo sigue siendo glorioso, sin el menor atisbo de empeoramiento.

Los últimos metros antes de la cumbre, con Cervino (4478 m) y Dent Blanche (4357 m) de fondo.

El panorama es de una amplitud poco habitual. Hacia el Oeste y el Sur, la gran curva del arco alpino permite divisar nítidamente el Mont-Blanc. Hacia el Norte, los colosos del Valais están muy próximos, con las pirámides nevadas de los Berneses, Aletschorn y Jungfrau, cerrando el horizonte.

Vista hacia el NW. Zinalrothorn (4221 m) y Weisshorn (4505 m) en primer plano. A lo lejos, a la derecha, la pirámide del Bietschorn (3934 m)
Vista hacia el N. A lo lejos a la izquierda, la nevada Jungfrau (4158 m) y la pirámide del Aletschhorn (4194 m). Más a la derecha, y cercano, el rocoso cordal de Saas Fee: Schreckhorn (4078 m), Nadelhorn (4327 m), Lenzspitze (4294 m), el dúo de gigantes Dom (4546 m) y Taschhorn (4491 m), seguidos del aplanado Alphubel (4206 m). A su derecha y detrás aparecen el nevado Fletschorn (3985 m), el rocoso Lagginhorn (4010 m) y la Weissmies (4023 m).

Hacia el este, y el noreste, el panorama está dominado por todo el arco del macizo del Rosa, desde el Castor hasta el collado del Schwarzberghorn, que lo separa del Strahlhorn y el cordal de Saas Fee. Los glaciares de esta zona son majestuosos, los más amplios de los Alpes Peninos.

Vista hacia el NE. En el centro de la imagen el vasto glaciar Findelgletscher, a la derecha del Strahlhorn (4190 m), que desemboca en el Gornergletscher, que desciende del Monte Rosa.

Y hacia el este, muy cercano, aparece el Breithorn Central. Observo con cierto alivio que hay buena huella hasta arriba. Mucho menos popular que el Occidental y sólo 6 m más bajo, está exento de dificultades técnicas reseñables, pero el cresteo desde la cima principal tiene tramos muy expuestos, con caída vertical hacia la vertiente norte durante el descenso al collado.

En primer plano el Breithorn Central, con sus características cornisas cerca de la cumbre. Detrás, imponente, la doble cumbre de los Lyskamm (4532 m) y a su izquierda las cuatro puntas del Monte Rosa, de derecha a izquierda, la Punta Margherita (4554 m), Zumsteinspitze (4563 m), Dufourspitze (4633 m) y Nordend (4609 m).

No me demoro mucho tiempo, quiero alcanzar la cima central y allí hacer una parada más larga. La cresta de bajada es verdad que impresiona un poco pero la nieve está en perfecto estado y en diez minutos llego sin problemas al collado entre los dos Breithorns, a 4081 m. Es un plateau cómodo con buenas vistas sobre el Castor.

El Castor (4225 m) desde el collado entre los dos Breithorn
Lo que me queda hasta el Breithorn Central. La cumbre real está oculta unos metros más atrás.

La primera parte de la subida es sencilla, un poco más arriba se vuelve más pendiente y con patio considerable hacia la derecha, lo que requiere atención. No se sigue el filo de la cresta, sino que se mantiene en la vertiente sur. Llega el momento en el que la traza pierde inclinación y ya sólo hay cielo. Cinco o seis metros por encima de mí, a la izquierda, un promontorio de nieve, ese es el punto más alto. Avanzo cautelosamente y desisto de inmediato. Estoy caminando sobre una cornisa suspendida sobre el Grenzsgletcher, 1000 m más abajo. No quiero volar hacia allá, así que, ¡cumbre conseguida!. Ahora sí, tiempo para comer algo, y hacer fotos. Son las nueve y veinte y llevo casi 3 horas y media de ruta.

Cumbre en el Breithorn Central (4159 m), con la cornisa detrás.

Mirando atrás hacia la cumbre Occidental, distingo a varias cordadas que han llegado después de mí. Aquí, en cambio, no hay nadie.

Zoom sobre la cumbre Oeste. Se observa la traza al filo del abismo en la parte alta.

Siguiendo la huella un poco más hacia el este puedo apreciar la gran cornisa que constituye la cumbre de esta montaña. Estaba advertido sobre ella, y efectivamente, hay que andarse con mucho ojo.

La cumbre del Breithorn Central y su cornisa, desde el Este.

Están muy cerca los dos picos gemelos del Breithorn Oriental (4141 y 4106 m) y un poco más allá, la Roccia Nera (4075 m), el cuatromilmás oriental del macizo del Breithorn. La cosa tienta, pero no es prudente. Quedarán para otra ocasión, probablemente partiendo del refugio Guide d’Ayas en el valle homónimo. De todas maneras estoy en un lugar privilegiado, y aprovecho para almorzar algo disfrutando de las vistas.

Vista en dirección contraria. El primer espolón de roca pertenece al Breithorn central, los dos siguientes son los gemelos del Breithorn Oriental, con la Roccia Nera poco individualizada al final de la cresta. Detrás, el Pollux (4091 m), Castor (4221 m), los Lyskamm y el Monte Rosa.

El descenso, siguiendo la huella, es cómodo y rápido hacia la «autopista» que une la Val d’Ayas con el Plateau Rossa a través del Glaciar de Ventina. Huella trazada por miles de alpinistas cada temporada, pero pese a ello el tramo más peligroso del recorrido por lo que hace al riesgo de grietas, ya que aquí no llegan las orugas (afortunadamente). Mi intención es atravesar un poco al sur respecto a la ida, para añadir la Gobba de Rollin (3899 m) a la lista de cumbres del día; interés alpinístico, ninguno, además de encontrarse degradada por los remontes. Sin embargo, su característica silueta jorobada (que eso significa Gobba en italiano) es inconfundible, y visible desde lejos en la Valtournenche y Val d’Ayas.

Sobre el Glaciar de Ventina. Lyskamm y Castor como islas en un mar helado.
Hacia el Oeste, la Gobba de Rollin.

Voy virando hacia la izquierda para aproximarme a mi objetivo. No encuentro ningún obstáculo reseñable en forma de grietas, ni de ninguna otra naturaleza. De vez en cuando pasa algún alpinista. Disfruto de un paseo placentero, volviendo la mirada atrás y a mi derecha para contemplar el soberbio elenco de montañas que me rodean. El Mont-Blanc y su durísimo granito llega más alto, pero éste es sin duda el macizo más importante de la cordillera alpina.

Breithorn Occidental y Central. A su izquierda, las dos puntas de los picos orientales.

Un último ascenso sin historia me deja en los casi 3900 m de la Gobba de Rollin pocos minutos antes de las once de la mañana. Aprovecho para comer algo más entre los artefactos mecánicos.

Esto es la cumbre.
Y el telesquí que llega desde el Klein Matterhorn…

Pese a los trastos, la foto de cumbre con los Breithorn de fondo que no falte.

Foto de «cumbre».

Se aprovecha para fotografiar nuevamente los «gigantes» hacia el Este.

Zoom desde la Gobba de Rollin hacia el entero Macizo del Rosa. En primer plano el Pollux y a su derecha el Castor, detrás los gigantes del Lyskamm y Monte RosaA la derecha el promontorio rocose que precipita hacia la Val d’Ayas.
Primer plano del collado Schwarztor, entre la Roccia Nera y el Pollux, que permite descender hacia el Grenzsgletcher, la gran colada de hielo que baja desde el Monte Rosa.
Zoom del glaciar de Verra cayendo hacia la Val d’Ayas. A la derecha, sobre el promontorio rocoso al pie de la modesta Punta Perazzi, se intuye el Refugio Quintino Sella, campo base del Castor.

Desde aquí ya no queda sino, con mucha calma, descender los casi 2000 m de desnivel que me separan de Cervinia. Hago escala en el Teódulo para recoger la impedimenta de refugio y devoro la facilísima bajada hacia el pueblo y el coche. Por el camino los hermosos lagos de Cime Bianche, llaman mi atención.

Lagos de Cime Bianche.

En resumen, una excursión que casi nadie hace, en parte por el gran desnivel («innecesario», pudiendo servirse de los remontes mecánicos), en parte por el deterioro ambiental debido a las instalaciones de esquí. Pero a pesar de todo ello merece mucho la pena, regalando vistas estupendas sobre los Alpes más salvajes, la satisfacción del esfuerzo sin gran compromiso técnico y la ocasión de pernoctar en un refugio confortable al pie del Cervino, nada menos.

Datos técnicos:

Longitud: aprox. 28 kilómetros

Desnivel: 2200 md+

Grado: F+, pendientes máximas de 35º sobre nieve/hielo, exposición importante en la cresta de los Breithorn.

Una respuesta a «Los Breithorn (4165 m) desde Cervinia.»

  1. […] la visión de la cadena prncipal de los Peninos, desde el Cervino al Monte Rosa, pasando por los Breithorn, el Castor y el Lyskamm, semicubiertos por las nubes. Un rosario de maravillosos […]

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