El Valle de Benasque es la puerta de acceso a la mayor concentración de tresmiles de todo el Pirineo. Tres son los núcleos principales: el macizo de Maladeta-Aneto, al noreste, con las montañas más elevadas de la cadena; el de Posets-Eriste, al oeste, articulado en torno a la segunda cumbre de los Pirineos; finalmente, el de Perdiguero, sobre la cadena axial, a lo largo de la línea fronteriza. En contraste con los dos primeros, en los que las pistas de la Besurta, Vallibierna y Pleta del Estallo facilitan aproximaciones vehiculares al pie mismo de las grandes cumbres, el acceso a el macizo del Perdiguero requiere largas caminatas desde el valle central del Esera, remontando los valles laterales de Remuñe, Lliterola o Estós. Este sector comprende nada menos que 45 tresmiles, distribuidos entre España y Francia, más que cualquier otro en los Pirineos. En su extremo occidental se encuentra el Gourgs Blancs y sus «satélites», Clarabides y Gías, ya lindando con el macizo del Bachimala al oeste. A finales de Agosto de 2021 un grupo del Club Alpino Barcelona nos dirigimos hacia estos picos, cuatro «tresmiles», dos de ellos en la lista de principales, sin dificultad técnica relevante pero exigiendo un esfuerzo físico considerable. Pernoctaríamos en el Ibón Superior de Gías, lo que implica una aproximación muy fatigosa porteando toda la impedimenta de vivac; a cambio el día de cumbre sería corto y nos daría tiempo a disfrutar a tope con calma, sin la preocupación de llegar a casa a horas inhumanas.

Plano de la excursión.

Aproximación al Refugio de Estós.

Cuatro kilómetros después de Benasque y justo después del Puente de San Jaime sobre el Esera una carreterilla señalizada al Valle de Estós arranca a la izquierda, alcanzando a cabo de un kilómetro escaso un amplio aparcamiento donde se debe dejar el coche. Hemos salido de Barcelona a las siete y cuando llegamos poco antes de las once encontramos sitio de milagro. Partimos con nuestras pesadas mochilas para seguir la pista de tráfico restringido que penetra en el Valle de Estós y por la que discurre la Alta Ruta Pirenaica y el GR-11. Es posible evitar su primer tramo atajando por sendero, tomando para ello unas escaleras al fondo del aparcamiento. Hay algún tramo de pendiente marcada, que se suaviza cuando alcanzamos la mencionada pista.

Primeros metros por la pista de Estós, a la izquierda el torrente homónimo.

Al poco se alcanza la presa del pequeño Embalse de Estós, y proseguimos por la orilla izquierda del río hasta que al cabo de aproximadamente kilómetro y medio de la partida lo cruzamos por el puente de Aiguacari. El entorno es muy agradable, con las aguas que bajan impetuosas a la sombra de tilos, avellanos, abedules y serbales. Normal que atraiga muchos excursionistas y familias. Una vez pasado el puente, encontramos numerosos accesos al río, junto a cuyo cauce uno puede pasar un agradable día de relax. No es nuestro caso, si bien no tenemos prisa, no podemos apalancarnos, que nos queda mucho desnivel por salvar.

Aguas bravas por encima del Embalse de Estós.
Tras cambiiar de orilla, el río se vuelve accesible, y las altas montañas empiezan a asomar.

La pista sigue siendo ancha y cómoda, ocasionalmente la pendiente se endurece, pero es por lo general llevadera. Tras unos 50 minutos de camino alcanzamos la Cabaña de Santa Ana. No sólo van apareciendo en lontananza las altas montañas, también la vegetación empieza a cambiar, y nos encontramos ahora con un bosque de pino silvestre y hayas. Al cabo de algo más de un kilómetro y a 1570 m llegamos a un cruce de pistas, la de la izquierda sube a Batisielles, nosotros proseguimos recto, entrando en un tramo muy sombreado, y un poco después, unos cuatro kilómetros desde el aparcamiento, encontramos la fuente de Coronas. Un ligero descenso nos conduce al vadeo del Torrente de la Aigüeta. Han instalado un puente que facilita su cruce en condiciones de crecida, sin embargo a finales de verano podemos atravesarlo sin complicaciones. Después hay un tramo de cierta inclinación y aproximadamente un kilómetro después se atraviesa otro torrente y tras una curva se llega al desvío hacia el mirador de las Gorgas Galantes; decidimos pues descender un poco a la derechaa para asomarnos a la vistosa cascada que forma el río Estós, un poco disminuida por el estiaje. Por encima de nosotros, las crestas del Macizo del Perdiguero.

Las Gorgas Galantes desde el balcón del mirador.

Volviendo a la pista principal, se baja un poco y alcanzamos, en terreno abierto la Cabaña del Turmo (1740 m). Parece que antes solía funcionar como refugio de fortuna, sin embargo nosotros la encontramos cerrada, y reformada con placas solares.

Llegando a la Cabaña del Turmo. Foto Jose Molina.

Tras cruzar la valla, la pista ya transformada en camino llanea un poco, atraviesa un puente, traza una curva y se adentra en un bosque de coníferas más ralo que el que hemos atravesado. La pendiente no es fuerte pero los kilómetros en las piernas y las ganas de alcanzar el Refugio hacen de este último tramo algo pesado. El calor y el peso en la espalda no ayudan.

El Refugio de Estós asoma en la ladera, con el inicio de la cresta de Bardamina detrás.

Cuando el bosque desaparece dejando paso a los prados de altura, finalmente aparece al fondo la silueta del Refugio de Estós, que alcanzamos apenas pasadas las una y media. Aquí compramos bebidas y alguno incluso un plato caliente. Encontramos el refugio extrañamente vacío, consecuencia imagino de la tabarra covidiana que nos ha llevado a niveles de absurdo difícilmente definibles. Se agradece la pausa para comer, durante una hora, a la sombra de los pinos, y con la fuente bien a mano, con la perspectiva del último tirón que nos espera.

Subida al Ibón de Gías.

Recorrido desde el Refugio de Estós al Ibón de Gías y las cumbres (Google Earth).

800 m de desnivel en menos de 3 km nos separan del Ibón de Gías. Terreno muy pendiente, y con mucho calor. El sendero parte por detrás del edificio de los baños, por hierba alta, gira a derechas penetrando brevemente en un bosquete donde un grueso tronco caído obliga a dar un rodeo por la derecha, y vuelve a terreno herboso, siguiendo una orientación este, por encima del sendero que hemos traído hacia el Refugio, buscando la muralla que nos cierra el paso y a cuyos pies se despeña el torrente del Forau de Oô. Existe una mínima canalización de este curso de agua, y durante unos metros caminamos sobre una conducción cubierta por losas de cemento; baja poca agua, pero a fines de primavera este tramo puede encontrarse muy resbaladizo y requerir atención. Cuando alcanzamos el barranco el sendero comienza a remontarlo decididamente, en dirección Norte, por terreno más rocoso, con pendiente ya muy fatigosa.

Remontando el valle de Gías
Vista hacia abajo, se ve de dónde venimos.

Llegamos a un punto en el que una pared por la que se despeña una cascada nos corta el paso, este es el momento de atravesar el torrente, que con tan poco caudal no presenta problemas. Frente a nosotros una breve trepada por terreno resbalizo al pie de un muro, y luego por una serie de lajas rocosas, nos deposita en terreno más simple. El río nos queda ya muy abajo, la pendiente sigue siendo dura, y un primer tramo herboso da paso a terreno mixto, donde habrá que prestar atención para no perder un sendero se va desdibujando entre las rocas. Llega un momento en que nos alejamos del barranco que hemos dominado durante varios centenares de metros y vamos tendiendo hacia la izquierda. Ya divisamos por encima de nosotros, a lo lejos, la cubeta que aloja el lago, hacia donde nos encaminamos.

Una parada en plena subida al Ibón de Gías.

Aún no divisamos los Clarabides o el Gourgs Blancs, en cambio el Pico de Gías, desprendido del eje fronterizo, nos domina durante buena parte de la ascensión. Hacia el lado contrario, a nuestra derecha, la cresta del Seil de la Baquo es bien visible.

El adusto Seil de la Baquo, uno de los tresmiles menos frecuentados, y su técnica cresta occidental.

Atravesamos un pequeño altiplano que alberga un caos rocoso donde los hitos nos guían hacia un pequeño valle que aloja el Ibón Inferior de Gías, que divisamos totalmente seco, su superficie de fango cuarteado. El sendero sube a media ladera del promontorio que domina la derecha orográfica del mencionado valle, y que finalmente nos deposita en el tan ansiado Ibón Superior de Gías (2645 m), dos horas después de haber salido del Refugio. Este ibón sí que tiene agua, y desde aquí el Gourgs Blancs (3129 m), uno de los picos más prestigiosos y menos frecuentados de entre los grandes, aparece en todo su esplendor. A la izquierda el mogote rocoso del Pico de Gías impresiona, mientras que a la derecha destaca la cresta del Seil de la Baquo.

El Ibón Superior de Gías, y detrás el Pico de Gías, el Puerto de Gías, el Gourgs Blancs y el Jean Arlaud, el Puerto de Oô y la cresta del Seil de la Baquo. Foto Bartolomé Martos.
El Pico Gías domminante, a su derecha el Clarabide Oriental apenas parece un hombro de la cresta. En el lado izquierdo, Gourgs Blancs y Jean Arlaud. Foto Bartolomé Martos.

En las orillas del lago hay muy buenos espacios de vivac; los mejores, en su orilla occidental, los encontramos ya ocupados, pero la orilla sur, más herbosa, está totalmente libre. Aquí nos colocamos, yo vivaqueo, algunos otros han subido la tienda hasta aquí, pero estando un poco elevados disfrutamos de una vista inigualable y de los rayos del sol hasta bien tarde.

Nuestro «hotel» para esta noche.

Después de la larga caminata con toda la impedimenta a las espaldas, gozamos de una tarde de lujo, alguno incluso se atreve a zambullirse en las heladas aguas del lago. Las vistas hacia las montañas y valles son soberbias. Tenemos un simpático compañero de vivac, una comadreja que se aprovecha del mi descuido al dejar la bolsa de la comida abierta y consigue robarme media longaniza de fuet mientras yo estaba pendiente de otras cosas. Pero no pasa nada, tengo más que suficiente para cenar en condiciones, antes de meterme en el saco y disfrutar de la noche al raso.

Segundo día: ascensión a los picos y regreso.

Ruta desde el Ibón a los Picos de Clarabide y Gías (Google Earth).

El domingo 29 de Agosto clarea tan espléndido como cabía esperar. Desayunamos con calma y la agradable sensación de que nos espera un día disfrutón, sin grandes fatigas y con la promesa de magníficos panoramas. Menos de 400 m de desnivel nos separan del punto más alto de la jornada.

El Ibón de buena mañana, y el Puerto de Gías perfilado detrás. El sendero lo rodea por la izquierda, salva la barrera rocosa y contornea los espolones que bajan del Gourgs Blands y el Pico de Gías.

Salimos sobre las ocho de la mañana, con buena luz, y comenzamos con el laborioso rodeo del lago por su orilla oeste, entre bloques. Al final hay que seguir sorteando grandes rocas, buscando la mejor ruta para salir un poco más arriba, donde el camino, mejor definido, atraviesa un terreno de pedriza, resbaladizo a veces pero más cómodo.

Zona rocosa un poco por encima del lago.

A medio camino hacia el Puerto de Gías sale el sol.

La pendiente es considerable pero el puerto no está lejos.
Desde el camino hacia el Puerto el Pico Gías tiene un aspecto diferente. A la derecha del pico se aprecia el sendero que enlaza con Clarabides y la canal herbosa que al regreso nos permitirá descender sin necesidad de volver al Puerto de Gías.

Y finalmente a las 8.50 alcanzamos los 2925 m del Puerto de Gías. Desde aquí damos vista a la sombría vertiente norte, y a nuestra izquierda el Clarabide Oriental está a apenas quince minutos.

En el Puerto de Gías, con el Clarabide Oriental justo sobre nosotros.

Tras una breve parada retomamos la subida, por terreno áspero pero sencillo. Alcanzamos un hombro y tras una serie de zigzags el sendero alcanza los 3012 m del Clarabide Oriental, el primer tresmil del día. Son las 9.10. Las vistas son tan grandiosas como cabía esperar, y pese a la simplicidad de la ruta que nos ha traído hasta aquí hay que tener ojo al asomarse a la vertiente francesa, sumamente vertical, cayendo a plomo sobre los lagos de Clarabide. El Posets y sus largas crestas atraen la vista irremediablemente, pero entre las brumas se adivinan montañas más lejanas, Bachimala, Neouvielle, Monte Perdido, Maladetas, y hacia el norte las llanuras de Occitania.

Panorama hacia la vertiente francesa, con los lagos de Clarabide a nuestros pies. Foto Bartolomé Martos.
Foto de cima en el Clarabide Oriental.
El Pico de Gías desde el Clarabide Oriental. Se aprecia el sendero del collado de Gías y la traza que desciende directamente hacia el Ibón de Gias. También se distingue perfectamente la chimenea de la vía normal, una línea oblicua izquierda-derecha que sale a la cresta a la derecha de la cima.

Desde la cima oriental alcanzar los 3020 m de la central, el único tresmil principal de los Carabides, es tarea banal, unos diez minutos escasos por el sendero que discurre por el lado español, a la izquierda de la cresta. Muy llamativamente, observamos una clara transición en la geologia del terreno. Pasamos del granito a los esquistos, de tono marcadamente más oscuro.

El Clarabide Central y detrás, más bajo, el Occidental, desde la cumbre Oriental.

Desde la cima principal se goza de la mejor perspectiva del segundo pico de la cadena, desplegando las poderosas aristas de Veteranos y Bardamina.

El Posets (3375 m), majestuoso, elevándose 1500 m desde el valle de Estós.
Cumbre del Clarabide Central, nuestro punto más alto del día.

Desde aquí el último tramo de cresta nos conduce al Pico Occidental de Clarabide, el más bajo y discreto de los tres.

El Pico Occidental desde la cima principal.

De nuevo bastan menos de diez minutos entre cumbre y cumbre, pero este tramo tiene algo más de «picante». Encontramos puntos con cierta exposición, y la cresta exige a veces apoyar las manos. Alguno del grupo tiene vértigo y pasa con más cautela, pero llegamos al último Clarabide sin problemas.

En la última cuesta hacia el Clarabide Occidental. Se aprecia la cresta que hemos recorrido, y a la derecha, la silueta inconfundible del Pico de Gías.
Por si quedaba alguna duda.

Bueno, pues ya sólo nos queda uno, pero es el más airoso y difícil de los cuatro tresmiles del día. Tenemos que deshacer el camino hasta las inmediaciones del Pico Central para encontrar el bien marcado sendero, que por terreno cómodo, nos conduce hacia nuestra derecha, a la bien marcada brecha de Gías, a 2970 m. Disfrutamos de la montaña como pocas veces, todo es perfecto, el tiempo, los paisajes, e grupo… Nos queda eso sí una pequeña incertidumbre. De la chimenea del Pico Gías hemos leído que técnicamente no es gran cosa, pero la pared rocosa sobre nosotros es imponente. Preguntamos a unos franceses que acaban de bajar, nos dicen que fácil, sin problema. Remontamos la breve pendiente hasta la base de la pared y dejamos las mochilas aquí, medio escondidas. La chimenea parte bien clara a nuestra derecha, y sube oblicuamente. No hay dificultad, hay que dar algún paso largo, pero el agarre de la caliza es bueno. La segunda parte es más enhiesta (I+) y obligará a ir con cuidado en la bajada, pero la superamos con agilidad; la exposición es muy moderada además. Rápidamente salimos al tramo de cresta, donde nos vuelve a dar el sol. No hay más que recorrerla hacia la izquierda, con cuidado, hasta su final en la cumbre, a 3011 m. Son las 10.10, hemos sido veloces, habiendo tardado sólo una hora desde la cumbre del Clarabide Oriental. El escaso espacio nos permite, empero, acomodarnos al sol durante un buen rato, sacarnos la foto de rigor y relajarnos. Desde aquí disfrutamos de la mejor vista sobre la cresta de Clarabides así como de la del Gourgs Blancs y sus satélites.

Desde la cumbre del Gías. En primer plano, su expuesta cresta cimera. Detrás la cresta de los Clarabides, con el Occidental en el extremo izquierdo, el Central, el más grande, y el Oriental, el más airoso. Más atrás, los Pirineos franceses hasta las llanuras de Occitania. Foto Bartolomé Martos.
Vista completa del Gourgs Blancs, con su cima principal a la derecha y delante de ella, la antecima W, la Torre Armengaud (3114 m) y la cima Lourde-Rocheblave (3104 m), a partir de la cual la cresta fronteriza baja al Puerto de Gías y el Pico E de Clarabide. Detrás, a la izquierda, se adivina el Camboué (3043 m) y la cresta hacia el Saint-Saud (3003 m). El Jean Arlaud (3065 m) está tras el Gourgs Blancs, a la derecha. Tras el puerto de Oô se alza el Seil de la Baquo (3097 m), y detrás, lejos, el macizo del Perdiguero (3222m).
Haciendo equilibrios en la cima.

Volvemos sobre nuestros pasos, recorriendo la cresta y la chimenea, y recuperamos nuestras mochilas. Descendemos hacia el collado y abandonamos el sendero principal girando 90º a la derecha por una pendiente traza que nos devuelve directos al valle, sin necesidad de regresar al Puerto de Gías. La primera parte es sencilla, pero pronto entramos en terreno con abundante piedra suelta que sin ser realmente peligroso obliga a pisar con atención.

Vista del acceso al Pico Gías desde los Clarabides y descenso directo al Ibón de Gías (Google Earth)
Bajando desde el Pico Gías, caos rocoso.

Finalmente alcanzamos el sendero que hemos seguido durante la subida al Puerto de Gías. Decidimos llegar a nuestro vivac rodeando el lago por el noreste, en vez por la orilla occidental, por lo que nos vamos desviando hacia la izquierda, siguiendo algunos hitos dispersos.

Bajando hacia el Ibón de Gías, nos dirigimos hacia la franja herbosa en su orilla izquierda.

El rodeo del lago por este lado acaba siendo más laborioso de lo esperado, y son las 11.40 cuando estamos de vuelta en nuestro vivac. Recogemos el material y comenzamos nuestro largo regreso. Bajar hasta el Refugio de Estós nos lleva casi tanto como nos costó ayer el recorrido inverso en subida.

Ahí vamos, ya se divisa el refugio. A la derecha del camino está la acequia, casi sin agua. Foto Bartolomé Martos.

Uns cervezas para celebrar el objetivo cumplido, y nos ponemos de nuevo en marcha. Quedan nueve largos kilómetros, que acaban por hacerse monótonos. Las ganas de llegar a los coches nos hacen ir veloces, y pocos minutos después de las cuatro ya podemos descargar nuestros mochilones, cambiarnos de ropa y celebrar una salida fatigosa pero muy satisfactoria.

Sigo pensando que, disponiendo sólo de dos días, nuestra estrategia de vivaquear en el Ibón de Gías para abreviar el tiempo de subida el día de cumbre es la más acertada. Es ciertamente posible pernoctar en el Refugio de Estós, yendo más ligeros y con un primer día muy cómodo. Eso sí, esto exige salir muy temprano la mañana siguiente para no ir justos de tiempo y poder estar de vuelta en el coche a una hora razonable. Hay buenos emplazamientos de vivac entre el refugio y el Ibón, pero en mi opinión ésta es la opción menos eficiente.

Datos de la actividad

Longitud: 30,2 km

Desnivel: 2021 m

Dificultad: F+ (I+ en roca en la subida al Gías)

Equipamiento: Botas de montaña y bastones. Una cuerda auxiliar de 30 m puede ser útil para asegurar a los más impresionables en la chimenea del pico Gías. A inicios de estación el vadeo de torrente de Oô puede resultar problemático.

Traza GPS (Wikiloc) aquí.

Perfil altimétrico de la excursión.

ACTUALIZACION DICIEMBRE 2022: Según el Ayuntamiento de Benasque, hay planes para que el aparcamiento de Estós deje de ser libre a lo largo de 2023. Sería obligatorio efectuar una pre-reserva por Internet, abonando una tarifa «simbólica».

Una respuesta a “Picos de Clarabide y Gías, Pirineo profundo.”

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