El valle de Aosta, en el extremo noroeste de Italia, alberga las mayores y mas prestigiosas cimas de los Alpes. Compartidas con Francia o Suiza, pero aquí encontramos el Mont Blanc, el Monte Rosa, El Cervino, el Lyskamm o las Grandes Jorasses. Fuera del eje principal de la cadena, tenemos el Gran Paradiso, el único cuatromil situado íntegramente en territorio italiano. Y entre todos estos gigantes, existe una «modesta» montaña que reina en el centro exacto de esta región y que se eleva verticalmente nada menos que tresmil metros sobre la capital. Aosta, antigua ciudad romana situada en el fondo del valle del Dora Baltea, el afluente del Po que vertebra toda la región, está a 583 m sobre el nivel del mar. El Monte Emilius, a 3559. Por poner un ejemplo, es una diferencia de altura superior a la existente entre Courmayeur y el Diente del Gigante, o las Jorasses. Por ello este pico merece un puesto entre los tresmiles de prestigio en los Alpes Occidentales, junto a otros como el Monviso, el Leone, el Rutor o el Rocciamelone.

La ruta normal de esta montaña parte de Pila, a 1800 m, la estación de esquí de Aosta, a la que se accede por una cómoda carretera, aunque existe una telecabina que comunica directamente ambas localidades. Se puede empezar a caminar desde el aparcamiento o bien tomar el telesilla del Chamolé, que permite ahorrarse 500 m de desnivel. En cualquiera de los casos, existe un sendero bien balizado, el nº 14, que conduce sin pérdida hasta la cumbre, en lo que es un trazado excursionista largo, de gran desnivel y por terreno exigente, pero sin complicaciones técnicas. El Refugio Arbolle, a 2500 m, ofrece la posibilidad de pernoctar y dividir esta fatigosa ascensión (unos 1900 m de desnivel) en dos días.

En agosto de 2008 me encontraba en buena forma. Acababa de volver del Alphubel y por fin había conseguido llevar a término los 100 km de la marcha Hiru Haundiak. Era pues el momento de aprovechar una largo día de verano para rendir visita al Emilius, añadiendo de paso la Punta Valletta (3090 m, Vallettaz en lengua valdostana), un panorámico tresmil en el extremo de la cresta que cierra el Valle de Arbolle por el sur, en posición opuesta al Emilius. Esto añadiría 400 m de desnivel adicionales, pero permitiendo descubrir panoramas diferentes y disfrutar de una completísima jornada montañera.

Dicho y hecho. Una vez más en ruta desde Milán, de madrugada y por terreno conocido, la A8, luego la A4, y una vez llegado a Aosta cojo la empinada carretera que conduce a Pila y el gigantesco aparcamiento de la estación de esquí, donde dejo el coche con las primeras luces, poco antes de las siete. Todo tranquilo a esta hora…

La primera parte de la excursión es la más insulsa. Hay que alcanzar la estación superior del telesilla de Chamolé. La forma más expeditiva de salvar este tramo es utilizar el remonte, pero yo decido recorrerlo a pie. Hay abundante señalética, varios senderos parten de aquí, y existen opciones diversas. Para ir derechos al Emilius lo más práctico es tomar el 19A, que discurre a la izquierda del telesilla y va a buscar el Lago de Chamolé, desde el cual se puede proseguir sin necesidad de pasar por la mencionada estación. Esta sería la ruta que seguiría en bajada, horas más tarde. Yo decido seguir por el 19B, y permanecer en la traza bajo el telesilla, la vía más breve y empinada (existen alternativas que parten a la derecha de este sendero y dan un rodeo por el bosque, llegando al mismo sitio).

Ya desde el principio se va avanzando lo que será una constante a lo largo del día, panoramas soberbios y amplísimos sobre los colosos de los Alpes. Por de pronto se manifiestan el Grand Combin y el Mont Blanc, impresionante, tocado por la aurora de rosáceos dedos, que diría el clásico. Inevitable detenerse y tomar fotos.

La subida es dura pero menos antiestética de cuanto cabría esperar de una «cicatriz de servicio» de una estación de esquí. No hay pedreras, sino una franja cubierta de césped y flanqueada por abetales. En una hora llego a la estación superior, con un bar aún cerrado a esta hora.

Desde aquí, a 2300 m, ya puedo afrontar lo serio. Así que prosigo por el sendero 19B, yendo a buscar la derecha de la cresta que baja desde la Testa Nera, a donde debo dirigirme para alcanzar más tarde la Punta Valletta. Ignoro por tanto las indicaciones hacia el lago Chamolé y el refugio, en la ruta directa hacia el Emilius.

La Punta Valletta aún se esconde detrás de las primeras estribaciones de la cresta, el camino es cómodo e inicialmente transcurre por terreno herboso. El día anterior ha nevado, a pesar de encontrarnos en pleno agosto, y las alturas están blancas.

Y según subo, el paisaje se abre. Aparece la Grivola (3969 m), una de las montañas más hermosas de los Alpes, pese a no alcanzar la cifra mágica de los 4000 m.

Poco antes de las nueve alcanzo el hombro herboso en las inmediaciones de la cima de la Testa Nera, desde donde diviso los dos objetivos del día. El inesperado vestido blanco de las montañas les confiere un encanto particular.


A lo tonto, ya he salvado un desnivel de 1000 m, en dos horas. Voy bien de tiempo. Este es un punto importante ya que aquí tendré que regresar para proseguir hacia el Emilius. Ahora me toca remontar la cresta NW de la Punta Valletta, pasando por el modesto promontorio del Monte Belleface (2968 m).

El sendero, nunca difícil, se va estrechando según recorre la cresta, pasando a veces a la vertiente de Pila. El terreno se torna pedregoso, con gravas sueltas y bloques de mayor tamaño. A las 9.20 alcanzo la cima del Belleface, donde hago una breve parada, el cansancio se hace notar.


La cresta se afila y el terreno, un tanto descompuesto, requiere un mínimo de atención y soltura. Esta no es una montaña para principiantes.

Son las 9.50 cuando finalmente alcanzo la cumbre de la Punta Valletta. Casi tres horas y 1300 m de desnivel. Sé que todavía me queda mucho, pero ya he hecho más de la mitad. Firmo en el libro de cumbre y escribo «tiempo perfecto». Fresco y soleado, no se puede pedir más.

El panorama está a la altura de lo esperado. Todos, todos los gigantes al alcance de la mano. Gran Paradiso, Grivola, Mont Blanc, Jorasses, Grand Combin, Dent Blanche, Dent d’Herens, Cervino, hasta el Dom y el Alphubel. Es brutal. Sólo el Monte Rosa queda oculto por la mole del Emilius, en primer plano. Desde aquí distingo toda la ruta que deberé seguir por el valle de Arbolle, hasta alcanzar el collado Tre Cappuccini, que separa el pequeño pico homónimo del Emilius, cuya cumbre se alcanza siguiendo la cresta Sur.





Me asomo a la arista SW, por donde llega la fácil ferrata del sendero «Panorama». Si sólo se quiere hacer la Punta Valletta la ruta más interesante es sin duda el anillo que partiendo del telesilla toma el sendero 22 para alcanzar el collado Tsa Sèche, a 2815 m, y desde aquí hacer cumbre por la ferrata, para descender por los senderos 19B ó 19A.

Por desgracia, hay que descender. El camino es muy largo hoy. Deshago la ruta de ida hasta la Testa Nera (2821), y hago cumbre «oficialmente», a las 11.10.

Aquí hay un poste de señalización que indica la ruta hacia el Colle Chamolé (2658 m), hacia donde debo dirigirme para descender después al Refugio, donde dará inicio la segunda subida del día. Encuentro también a otros excursionistas; hoy he sido de los que más han madrugado y hasta este momento he podido disfrutar de la montaña en exclusiva para mí solo.

La bajada es empinada pero sin complicación, y así a las doce menos diez me planto en este lugar idílico. No tengo tiempo de detenerme y disfrutar de la cocina del refugio, ni de tumbarme al sol en la orilla del lago. Estos son privilegios reservados a quien divide la ascensión en dos días, y que por tanto me pierdo. Para la próxima vez…


El cartel de senderos indica 3 horas y media hasta la cumbre del Emilius. Para subir a la Punta Valletta había mejorado considerablemente los tiempos, pero algo me decía que para el Emilius este nos sería el caso… y efectivamente no lo fue. Por de pronto me pongo en marcha, el sendero sube agradablemente por la orilla derecha del torrente que alimenta el lago. Al cabo de aproximadamente 1 km se deja a la derecha el cruce hacia el Colle Garin y se prosigue derechos por un valle detrítico, formado por una antigua morrena.

La pendiente aumenta al tiempo que el ambiente gana en severidad. El camino procede escalonadamente y la nieve hace su aparición.

Intuyo la cubeta glaciar del lago detrás de la loma que estoy remontando, y efectivamente, ahí lo tenemos. Son la una y diez, he recorrido algo más de 3 km desde el refugio. El lago Gelato, a casi 3000 m de altura, es un lugar sugerente y hermoso. Los hay más grandes, los hay más profundos, los hay más bellos, sí, pero aquí el ambiente de alta montaña es auténtico. No soy el único que disfruta de este paraje. Algunos ya vuelven de la cumbre, otros simplemente han venido para disfrutar de este lugar, recóndito y austero.

Llegar arriba del todo va a doler lo suyo. Quedan casi 600 m de desnivel por terreno incómodo, pedregoso, con numerosos bloques sueltos. La nieve impone precauciones adicionales y un progreso más lento. Una vez superado por el sur el lago Gelato hay un tramo de fuerte pendiente, tras el cual hay que que ignorar la traza que parte a la derecha hacia el colle de Arbolle, más bajo y situado a la derecha del Pico Tre Cappuccini. Como curiosidad, este sendero atraviesa un diminuto glaciar relicto, el del Lac Gelé. Aquí cerca hay otro lago minúsculo, el Cappello, apenas una charca de fusión.

Tras una dura subida, alcanzo finalmente, a las dos de la tarde, los 3242 m del Passo dei Tre Cappuccini, con los tres característicos espolones rocosos que han inspirado su nombre. El sendero los bordea por su lado occidental, girando a la izquierda para atacar la cresta sur del Emilius. Existiría otro senderillo que baja por la vertiente opuesta a buscar los lagos Jacquin, Long y Laures para descender a la localidad de Brissogne, en el valle de la Dora Baltea, al este de Aosta. Pienso que esta vía sería la más extrema, físicamente hablando, para ascender a esta montaña; el refugio Menabreaz, no guardado, a 2546 m a orillas del lago Laures, permite repartir los esfuerzos. Me detengo a contemplar los nuevos valles que se abren ante mis ojos. Ahora ya puedo distinguir las montañas del macizo del Monte Rosa, desde el Breithorn hasta la Pirámide Vincent, hasta este momento tapadas por la mole del Emilius.


Me coloco el casco para afrontar el último tramo. Resoplando y ayudándome de las manos de vez en cuando son casi las tres y media cuando finalmente alcanzo la tan ansiada cumbre. El panorama es excepcional, aunque apuntan los primeros indicios de un nuevo cambio de tiempo. Distingo cumbres bien conocidas, Breithorn, Castor y Pollux, y los «pequeños cuatromiles» del Monte Rosa italiano.


Una gran estatua de la Madonna señorea en lo más alto. La ciudad de Aosta se ve increíblemente próxima, «sólo» tresmil metros más abajo.


También aquí llega una ferrata, bastante más larga y difícil que la de la Punta Valletta, que parte desde el refugio Federigo, al que se accede desde el Lago Chamolé. Pasa por el collado Carrel entre la Becca di Nona y el Emilius, recorriendo luego su magnífica arista oeste hasta la cumbre.

Es una gozada estar aquí arriba, y siento una inmensa satisfacción por haber culminado esta soberbia cabalgada de largo aliento. Estoy solo , ya es bastante tarde, aunque dispogo de un margen aceptable de tiempo. Pero finalmente, no queda más remedio que partir. Deshago el camino hasta el collado con precaución, y cuando llego al Lago Cappello hago un breve alto . Son las cinco y lo más complicado ya está a mis espaldas. Ya sólo queda ahora disfrutar del descenso.

Caminar cuesta abajo, por terreno sencillo, en un valle maravilloso, con la suave luz de la tarde y la satisfacción del objetivo cumplido produce una sensación placentera, voluptuosa. La breve subida al Colle Chamolé, después del Refugio, pesa en las piernas, pero dura poco, y más abajo espera el bonito Lago Chamolé, desde el cual no queda más que una facilísima caminata hasta el coche, al que llego trece horas después. Otras tres de coche y de vuelta a casa, a cenar y dormir a pierna suelta.

Datos de la actividad
Longitud: 23 km
Desnivel: 2500 m
Dificultad: F+. Crestas que requieren atención, y con cierta exposición.
Equipamiento: Botas de montaña y bastones. Piolet y crampones según época. Casco útil.
Traza GPS aquí.




Deja un comentario