En el Valle de Aosta, la región más pequeña de Italia, encontramos concentrados los gigantes de los Alpes: Monte Bianco, Monte Rosa, Cervino, Gran Paradiso y todos sus satélites. Nada menos que 34 cuatromiles, que albergan además muchas de las mejores vías clásicas del alpinismo europeo. En este contexto, montañas que en cualquier otro lugar sobresaldrían pueden pasar casi del todo inadvertidas. Así, los cordales laterales que se desprenden del eje de la cadena están trufados de cimas bien individualizadas, con carácter, donde la dureza de los picos salvajes se combina con la dulzura de la montaña humanizada, con sus aldeas, sus pastores, sus granjas, sus refugios… La montaña viva, la que nos inspira y da de comer, la que moldea la cultura y el latido de los pueblos, sus mitos y sus lenguas. Desgraciadamente hoy se enfrenta a un enemigo formidable, la fealdad que mata, la montaña industrializada de los infames molinillos y placas solares que aniquilan la belleza y la memoria. Que llamen a eso energía «verde» es de un cinismo notable. Y es esta una batalla desigual que hay que pelear, como Quijotes de los tiempos modernos.

Volviendo al tema de los cordales laterales y sus montañas secretas, uno de ellos es el que separa los valles del Lys y de Ayas, las cabeceras del macizo del Monte Rosa. Este avanza una hilera de poderosas cumbres de más de 3000 m desde la cima del Castor hasta las inmediaciones del gran valle central, por donde discurre la autopista A5. Más o menos en su punto medio, antes de empezar a perder altura, se yergue la adusta silueta del Corno Vitello (3057 m), cuya cima ofrece un magnífico panorama. Así que aprovechando una visita de un viejo amigo, decido que ha llegado el momento de dejarse caer por allí.

Octubre de 2010, la montaña empieza a mostrar sus mejores colores. Salimos de Milán bien temprano, la autopista está limpia y no tardamos en alcanzar la salida de Verrès en la A5. Desde aquí empezamos a remontar el Valle de Ayas, menos frecuentado y mejor preservado que sus vecinos de Valtournenche y Lys, con sus megaestaciones de esquí y sobreabundancia de remontes. Aquí todo es más a pequeña escala, con instalaciones familiares que limitan los daños al paisaje. Una de estas se encuentra en Brusson, unos 16 km desde Verrès, y es precisamente aquí que nos dirigimos. Una carreterilla secundaria hacia la derecha nos conduce a la pequeña localidad de Estoul, que ofrece abundante aparcamiento gracias al turismo de esquí. Nosotros tenemos que superar el centro urbano para proseguir por el asfalto menos de medio kilómetro hasta dar con un gran aparcamiento a la izquierda de la carretera. Es justo desde aquí que parte nuestra ruta.

Las nubes bajas cubren el paisaje, dando un aire aún más otoñal al bosque donde los alerces ya han empezado a amarillear. Comenzamos a andar por una pista que parte hacia la izquierda, siguiendo las indicaciones hacia el refugio ARP. En apenas 200 m se alcanza un cruce donde giramos a derechas. Pasamos a través de un bosque de alerces. Poco después llegamos a otra bifurcación donde ignoramos la pista que parte a la derecha, siguiendo rectos; está bien indicado con las marcas amarillas del sendero nº5 y letreros señalando Rifugio ARP. La pista se inclina, se convierte en sendero e intercepta la pista que va al Alpe Fontaine. La seguimos hacia la izquierda, damos vista a los remontes de Palasinaz y giramos a la derecha por otra pista que remonta la pendiente herbosa, zigzaguea y pasa por el diminuto núcleo de Chavannes (2107 m). Después no hay más que seguir por esta ancha carretera sin asfaltar, que va girando a la derecha para entrar en el valle de Palasinaz; no hay pérdida, siempre siguiendo las indicaciones del sendero nº5 hacia el refugio. El paisaje es realmente bucólico y los artefactos metálicos tienen un impacto visual limitado.


En un nuevo cruce dejamos a la derecha la pista que sube al Lago Literan. Seguimos envueltos en brumas, pero la montaña luce esplendorosa. Alerces y rododendros ofrecen lo mejor de una vivísima paleta de colores. Posiblemente hayamos capturado ese reducido intervalo de apenas un par de semanas en el que el colorido otoñal alcanza su apogeo.

No tardamos en llegar a un cruce importante, bien señalizado, donde el sendero 5 se divide en variantes. Tanto siguiendo el valle por la derecha como subiendo hacia la izquierda (indicado Alpe Palasinaz) podemos llegar al Refugio ARP. Nosotros elegimos la primera opción, más breve y por donde transita la pista de servicio del refugio.

La pista va a buscar la muralla del cordal principal y luego, trazando varias curvas cerradas, la flanquea girando al NW en dirección al refugio. Lo alcanzamos después de hora y media de camino. Es un mamotreto que por su aspecto se asemeja más a un cuartel o un seminario, sensación acrecentada por la niebla y el silencio. A 2450 m hemos hecho ya la mitad del desnivel, y es a partir de aquí que la ruta adquiere un sabor netamente montañero.

El sendero, señalizado 5A hacia el collado y los Lagos de Valfredda y 5B hasta el Corno Vitello, parte hacia la derecha, atacando la pendiente herbosa con decisión. Pocos minutos después, salimos finalmente de las nubes y nos saluda un sol espléndido. Al fondo, hacia Occidente, surgiendo como islas de un mar blanco, aparecen altas montañas nevadas.


Rápidamente llegamos al primer lago de Valfredda, pequeño pero hermoso. Cerca de la orilla crecen abundantes plantas acuáticas, pero allí donde gana profundidad las aguas son límpidas, reflejando las laderas que lo circundan como un espejo.

El lago se bordea por la izquierda y el sendero prosigue por un vallecito herboso, subiendo hacia la derecha para alcanzar la cubeta donde se ubica el Lago Superior, a 2576 m. Estamos justo debajo de la poderosa muralla de la Punta Valfredda (2933 m). Para divisar nuestro objetivo, en cambio, deberemos subir a la cresta herbosa que sigue a su izquierda.

El sendero sigue hacia la izquierda, remontando la ladera, y gira luego a la derecha, trazando una diagonal y algunos zigzags para alcanzar la mencionada cresta en un pequeño collado (2778 m).

Desde este punto el sendero, bien balizado con hitos y señales amarillas, sigue remontando la cresta, donde la roca va ganando terreno a la hierba. Dejamos a la derecha la traza señalizada (5A) que va hacia el Passo Valfredda y alcanzamos un resalte de la cresta por terreno detrítico.

Desde este punto el sendero gira hacia la izquierda y desciende durante unos metros por la pedrera para volver a subir, flanqueando una torre de roca descompuesta, hacia la base de la cuenca detrítica terminal. Desde aquí la traza remonta la inclinada pendiente, zigzagueando por terreno inestable hasta una especie de pequeña enforcadura en las inmediaciones de la cima, a la que accedemos por una amplia cresta de roca suelta.

Llegamos a la cumbre, marcada por una cruz de madera y un gran hito, a las once y media. El panorama está a la altura de lo esperado. Hacia el Norte la puntiaguda silueta de la Testa Grigia (3317 m), cuyo nombre hace honor a sus tonos oscuros, eclipsa parcialmente la visión de la cadena prncipal de los Peninos, desde el Cervino al Monte Rosa, pasando por los Breithorn, el Castor y el Lyskamm, semicubiertos por las nubes. Un rosario de maravillosos cuatromiles…


Hacia el sur y el oeste la inversión térmica todavía recubre los valles con un sudario blanco, del que surgen islas de formas afiladas. El sol de otoño reverbera oblicuamente sobre su superficie, inundando el horizonte de una claridad cegadora que impide distinguir los gigantes nevados que se intuyen en la lejanía. Allí están el Mont Blanc, el Grand Combin y el Gran Paradiso, aunque no los veamos…


Nos pasamos una horita entera en la cima, disfrutando de este espléndido día de otoño en los Alpes. Después, sólo queda descender con calma, saboreando la montaña a cada paso.

La niebla se va disipando según el día se vuelve tarde, con sus últimos jirones que se aferran a las laderas. Una vez llegados al Refugio ARP decidimos descender por la vía alternativa, que nos devolverá al cruce de caminos mencionado más arriba. Flanqueamos un área pantanosa a la derecha del refugio buscando el sendero que se dirige al Alpe Palasinaz, y que sigue durante un tramo el Torrente Messuère. Este forma unas curiosas cascaditas.

Según llegamos a las granjas el sendero se ensancha y acaba convirtiéndose en pista. Retomamos la pista de subida unos 3 km escasos después del refugio. Desde aquí resta un descenso confortable que nos permite contemplar con calma el paisaje que la niebla nos había ocultado unas horas antes.

En definitiva, es esta una ruta que ofrece una experiencia de Alta Montaña, con un nivel de compromiso muy razonable, al alcance de montañeros y caminantes expertos. A pesar de ser relativamente conocida, no es una montaña masificada. En otoño ofrece su mejor cara, con el estallido de colores en el bosque y una luz que acentúa su belleza. Se puede ir en cualquier época, aunque en invierno habrá que tener en cuenta a los esquiadores al principio de la caminata, y llevar material apropiado (piolet, crampones, botas de alpinismo y abrigo).
Datos técnicos:
Longitud: 18 km i/v
Desnivel: 1200 md+
Dificultad: Sencillo para montañeros habituados a rutas duras, en terreno severo. Según la escala italiana, EE (Escursionista Experto). No existen verdaderas dificultades técnicas.
Equipo: De trekking. Bastones útiles. Botas, o buenas zapatillas de trail running. Ropa de abrigo.
Traza GPS: https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/corno-vitello-da-estoul-178574357



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