Una vez establecidos en Putre comenzaría nuestra fase de aclimatación propiamente dicha. No habría necesidad de establecer ningún campamento base, lo que simplificaría mucho la logística. El plan sería hacer ascensiones en el día, intercalando uno de descanso entre montaña y montaña. Los 3500 m de altitud de Putre constituían un buen compromiso entre aclimatación y recuperación fisiológica, y dejaban al alcance de la mano un amplio elenco de montañas.

Como primera auténtica toma de contacto con la montaña habíamos decidido ir a por un «cuatromil» alto. Y el elegido sería el «Cerro Milagro Oriental». Vaya por delante que el nombre de este pico, por lo demás bien individualizado, es arbitrario. Me lo he inventado. Y es que a menudo en los Andes chilenos la toponimia es muy confusa, variando de mapa a mapa. Parece ser que lo más fiable es la cartografía militar , pero no disponíamos de tales mapas. En Internet las bases cartográficas no dan nombre a esta cumbre, pero sí a una más baja, de 4632 m de altitud, situada al Oeste sobre el mismo cordal, justo encima de las Termas de Jurasi. Esto es así en la base de datos de Peak Visor, y en OSM. Sin embargo en algunas rutas descritas en Wikiloc se llama Cerro Milagro a una cota de unos 4820 m situada a 5 km al ENE, en la cabecera derecha del valle del río Jurasi. Así que nuestro plan original comprendía la vuelta integral del valle pasando por «el otro» Cerro Milagro. Sin embargo se reveló demasiado ambicioso y dimos por terminada la excursión en esta cumbre que llamaremos «Cerro Milagro Oriental», por ser la más alta del cordal sur del valle de Jurasi y encontrarse al Este del Cerro Milagro-Sausamuna.

A lo dicho, después de pasar la noche en nuestro flamante bungalow y desayunar en el pequeño comedor ubicado junto a la recepción, nos dirigimos a las vecinas Termas de Jurasi, a poco más de 10 km de Putre.

Basta coger la A-147 para enlazar con la cercana carretera internacional 11-CH y recorrer 3,7 km en dirección Bolivia hasta encontrar un cruce donde tomamos una carreterilla a la derecha que en poco más de 2 km nos deposita en el amplio aparcamiento junto a la caseta de control de entrada a las termas, a 4000 m de altitud.

Preparamos las mochilas y buscamos al enccargado de las termas para avisarle de que debemos pasar por allí y que a la vuelta nos daremos un baño y abonaremos el precio de la entrada (baratito). No hay ningún problema, son apenas pasadas las diez y somos los primeros visitantes de la jornada. Es todo muy relajado. Parece que le caemos bien a Tyson, el perrillo de la casa. Entramos en las instalaciones y vamos buscando el «camino», para acabar bajando al lecho del río.

Una vez alcanzado el río intentamos no mojarnos mucho las botas. Hay sedimetos azufrados, de color amarillento, que justifican las cualidades medicinales de estas aguas, pero que no prometen nada bueno para el calzado técnico… Sabemos que tenemos que salirnos hacia la derecha, superando la pendiente terrosa que nos separa de la ladera de la montaña.

Pronto encontramos una traza que nos permite salir de la garganta que estamos recorriendo y dar con una especie de «sendero» que se dirige hacia un valle lateral que remonta la montaña hacia el sur. En su parte superior se encuentra la cresta que debemos alcanzar.

El terreno es cómodo, de gravilla, y una cobertura arbustiva importante, dominada por la paja brava (Festuca orthophylla) y la tola (Baccharis incarum). El camino nos lleva hacia el lecho de un torrente seco, que conforma un vallecillo lateral cuya cabecera se encuentra en la cresta a la que nos dirigimos.

El camino como tal está poco claro, pero se puede ir más o menos por cualquier lado. Nos movemos hacia la derecha, alejándonos del fondo del valle. La pendiente no es particularmente dura, pero la altitud se nota. Los bastones ayudan, piano, piano, vamos hacia arriba. Quien menos parece sufrir es Tyson, que va meneando la cola. A nuestras espaldas el paisaje se va abriendo y los Nevados de Putre (5750 m) se muestran majestuosos. Es una montaña magnífica, muy cercana a nuestro campo base, y poco frecuentada. No iremos allí en esta ocasión, pero queda apuntado para la próxima.

En media hora superamos el hombro que veníamos remontando y alcanzamos un rellano donde encontramos trazas de sendero. Estamos a 4200 m de altitud, y muy satisfechos del ritmo que llevamos.

Aquí vamos girando un poco a la izquierda, dirección SSE, siguiendo el sendero, que discurre casi llano antes de afrontar un breve tramo de zigzags por terreno más pendiente e incómodo.

Una vez superado seguimos por la cómoda traza, con pendiente siempre llevadera, por una poco marcada cresta, encaminándonos hacia la cumbre rocosa que distinguíamos desde el punto de partida. A nuestra derecha, por encima de nosotros, el sector del cordal que culmina en el Cerro Milagro-Sausamuna.

Según ganamos altura. comienzan a hacer su aparición los primeros cojines de yaretas (Azorella compacta), que pese a su aspecto musgoso, es una planta vascular altamente adaptada al clima duro y ventoso del altiplano. Aunque el grupo se mueve bien, la factibilidad de dar la vuelta completa al alto valle del Jurasi empieza a esfumarse. Llegaremos hasta donde podamos y nos daremos la vuelta. Por de pronto hay que escalar la proa rocosa que tenemos frente a nosotros. Justo antes de llegar a ella alcanzamos el borde de una curiosa estructura geológica, una especie de gran dolina (¿un antiquísimo cráter?) recubierta de vegetación, que debemos flanquear por la izquierda. Aprovechando que el camino de nuevo llanea un poco haremos aquí una parada más larga y comeremos algo. Son las doce menos diez y estamos casi a 4500 m.



Tras casi una hora de pausa hay que ponerse de nuevo en marcha. Algunos hitos ayudan a no perder el camino. Lo que nos espera no parece muy largo, pero definitivamente es duro. Terreno bien inclinado y de roca suelta, resbaladiza. Llegamos a la base del promontorio y tomo la delantera, escoltado por Tyson…

La roca, en diversos tonos de ocre, es típicamente volcánica. Encaro por donde puedo, a veces zigzagueando, a veces tirando recto. Algunos en el grupo empiezan a pasarlo mal.

Finalmente la pedrera va dejando paso a terreno más firme y alcanzamos la fortaleza rocosa superior, a unos 4730 m. Es una cresta que se salva con un ligero flanqueo por la izquierda, hasta llegar a un colladito que la separa de lo que parece, ahora sí, el punto más alto del cordal.

El cielo se ha cubierto. Ya veníamos viendo entrar las nubes desde el Este desde hacía un buen rato, pero la posibilidad de una tormenta es preocupante, aunque no se escuchan truenos por el momento. El cono inconfundible del Parinacota, visible a lo lejos, queda oculto por la lluvia. Esto podía pasar y lo sabíamos, y es que el «invierno altiplánico» está dando ya los primeros avisos. La parte buena es que, apenas pasada la una de la tarde, evitamos el exceso de luz del Sol cayendo vertical y podemos apreciar mucho mejor el singular espectáculo que se ofrece a nuestros ojos. Frente a nosotros, las montañas se visten de una exótica librea, un bandeado de franjas de color entre el rojizo, el ocre y el amarillo, producto de la actividad hidrotermal asociada al magma del subsuelo.

Después de reagruparnos, nos dedicamos a disfrutar del paisaje y picar algo, antes de atacar la última cuesta que en diez minutos nos conduce a la cumbre. A todo esto, Tyson ha llegado hasta aquí sin problemas. Hemos coronado cima seis bípedos y un cuadrúpedo.

El altímetro marca 4801 m. Es la una y media y aquí nos quedamos. Disfrutamos haciendo fotos mientras los Nevados de Putre se cubren también de lluvia. Hacia el Oeste, donde está el mar, el cielo permanece azul.




Emprendemos el descenso al cabo de diez minutos. Queremos alejarnos del cresterío cuanto antes en caso de que se nos eche encima el marrón, así que vamos ligeritos. Volvemos al collado, atravesamos la crestita y afrontamos la pedrera, que en bajada es mucho más fácil. Es en este momento que nos empieza a nevar. Nieve en el desierto. Es hermoso. Sobre los Nevados de Putre ya ha empezado a cuajar.


A las dos y cuarto ya estamos de vuelta en el lugar donde habíamos almorzado. Hemos bajado muy veloces, la sensación de peligro es menor y nos paramos un poco para disfrutar con calma de la belleza de la montaña con tiempo tempestuoso. Y para dedicar una sesión fotográfica a Tyson.


Pocos minutos y adelante… qué corto se nos hace el camino ahora. Muy pronto, a las tres menos veinte, estamos de vuelta en las inmediaciones de nuestro primer punto de parada durante la subida. El Sol ha vuelto a salir y nos detenemos nuevamente para comer y beber un poco. Ahora sí, compartimos el agua con Tyson, que estaba sediento el pobrecillo.

Para regresar al punto de partida, en vez de girar a la derecha para volver por donde vinimos, seguimos en dirección NNW, en muy suave bajada, siguiendo trazas de sendero. A unos 4180 m vamos girando a la derecha para internarnos en una ladera empinada cubierta de densa vegetación, y enfilamos directamente a las termas. Cuando llegamos a su altura nos topamos con una pared de unos cinco metros de altura que nos impide acceder al cauce del río. Para ello tenemos que dar un rodeo e ir a buscar el paso unas decenas de metros hacia la derecha, ya muy próximos al punto por donde cruzamos a la ida.

Ya sólo nos resta caminar unos metros aguas abajo para encontrar el punto de acceso a las termas, a donde llegamos a las tres y media. Hasta aquí ha llegado el «trabajo» de hoy. Nos sobra el tiempo para disfrutar de un buen baño y luego bajar a Putre con toda la calma del mundo. Además somos afortunados, ya que no hay nadie más y podemos disfrutar de las variadas piscinas termales en exclusividad. ¡Qué mejor manera de culminar una dura caminata!

Como resumen, esta ascensión resultó ideal para inaugurar la fase de aclimatación, por la considerable altitud, simplicidad técnica y moderada exigencia física, en términos de desnivel y kilometraje. Y además se trata de un pico no exento de valor montañero, bien individualizado y con un desnivel crudo (obviando por supuesto la naturaleza del terreno) que llega a superar el de las vías normales de algunos cuatromiles alpinos, como el Breithorn, Monch o Jungfrau. Es importante afrontar esta montaña con un mínimo de aclimatación previa, y tener a mano ácido acetilsalicílico y acetazolamida (EdemoxR) para eventuales síntomas de mal de montaña.

Datos técnicos:
Longitud: 9 km i/v
Desnivel: 800 md+
Dificultad: F. Sin dificultad técnica relevante.
Equipo: De trekking. Bastones útiles. Botas de montaña y ropa de abrigo. En la estación seca es muy raro que llueva/nieve, y los vientos son por lo general flojos, pero hay que llevar un mínimo de impedimenta. Como en toda esta zona, la cobertura telefónica no está en absoluto garantizada. Llevar un SPOT, teléfono satelital o equivalente, e informar de nuestra actividad al encargado de las termas. Estas montañas son muy solitarias y no podemos ni remotamente esperar una frecuentación similar a la que encontraríamos en Europa.
Traza GPS: https://www.wikiloc.com/hiking-trails/cerro-milagro-oriental-179877085



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