El cañón de Añisclo, excavado por el río Vellos, es un tajo formidable de 27 km de longitud y la joya del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Su parte baja, entre Escalona, en el valle del Cinca, y San Urbez (900 m), es recorrida por una estrecha carretera enormemente escénica, que nos deja en el punto de partida del sendero que remonta el cañón. Es este un larguísimo recorrido excursionista del máximo interés, que nos permite adentrarnos en terreno salvaje e ir descubriendo pozas maravillosas según ascendemos hasta la Fuenblanca, a 1700 m de altitud, desde donde podremos culminar la subida hasta el collado de Añisclo (2450 m) o llegar al Refugio de Góriz por el GR11. La parte baja del sendero está muy concurrida, pero según devoramos kilómetros la selección natural hace su trabajo y podremos disfrutar en (casi) completa soledad.

Plano de la excursión.

Pero aquí no toca hablar de esta interesante excursión por el fondo del cañón, sino de una por encima. Muy por encima, más de mil metros. Para coronar la principal montaña que domina el cañón de Añisclo en su margen izquierda, y cuyas paredes vertiginosas, nido de buitres y quebrantahuesos, dejan boquiabiertos a los turistas. Se trata de los Sestrales, el Alto (2101 m) y el Bajo (2075 m), que junto con la Punta Mondoto (1957) en el lado opuesto, encuadran el tramo más abrupto de este monumental tajo en la roca, cincelado por las aguas del Vellos.

Vista 3D de la excursión.

Existe, de hecho, un sendero que desde San Urbez escala por las paredes, sin oponer dificultades técnicas reseñables, para ganar la cresta y coronar sucesivamente ambos Sestrales. Si queremos culminar una excursión tan sublime como exigente podremos descender hacia el Norte por cómodas paraderas para llegar al refugio de San Vicenda y descender al sendero del fondo del cañón, varios kilómetros aguas arriba de San Urbez. Mientras que la forma más cómoda de llegar a este impresionante mirador es, precisamente, usando este camino de descenso desde un cómodo punto de partida, el collado de la Plana Canal, a 1750 m de altitud.

Desvío a la pista de la Plana Canal, en la carretera de Puértolas a Bestué.

Para llegar a este punto en vehículo deberemos tomar en Escalona, sobre la carretera de Aínsa a Francia, el desvío a Puértolas (7,6 km, no hay que entrar en el pueblo). Desde aquí seguimos subiendo y hasta una bifurcación (8,1 km) donde tomaremos a la izquierda hacia Bestué (a la derecha iríamos a Escuaín). Al poco encontraremos un desvío a la derecha (9,6 km) por una pista cementada que enseguida se vuelve de grava y tierra. Alterna tramos en bastante buen estado con otros donde afloran rocas y hay agujeros que exigen ir con mucho cuidado si se conduce un vehículo bajo. Atraviesa un área ganadera y traza una gran curva según flanquea la ancha muralla del Castillo Mayor, la montaña que por su vertiente contraria domina la garganta de Escuaín. De sus laderas bajan torrentes que en caso de crecida pueden oponer serias dificultades. Finalmente, tras 9 km de conducción (18,6 km desde el cruce de Escalona) alcanzamos un área de aparcamiento junto a una rotonda para facilitar el giro y una barrera que impide el paso a vehículos no autorizados. Este es el límite del Parque Nacional. Al otro lado pastan vacas, ovejas y caballos. Pocos metros más allá se encuentra el refugio ganadero de Plana Canal y a 4 km siguiendo la pista el de San Vicenda.

Vista hacia la primera cota del día, el Tozal de la Fueva.

En esta ocasión iba en plan dominguerada total, incluyendo sandalias de trekking y mochila ligera. Navegación a vista, como en los buenos tiempos, todo hacia el sur. El horizonte desde el aparcamiento está dominado por una cima redondeada, que luego resultará llamarse Tozal de la Fueva, de 1885 m. Pues qué duda cabe, hay que pasar por ahí y allá vamos. Tras bajar a una hondonada acometemos la pendiente herbosa, bastante inclinada por cierto.

El Cañón de Añisclo se insinúa detrás de las montañas verdes. Se aprecia la pista, ya de uso exclusivo ganadero, y el Refugio de Plana Cantal.

El día ha salido inestable y las nubes cubren los tresmiles de Ordesa, por encima del cañón de Añisclo, cuyas profundidades apenas se insinúan desde esta posición. Hay una traza embarrada que seguimos a ratos. Vamos desplazándonos hacia la derecha, buscando las mejores vistas. En esta inmensidad ganadera, las praderas llegan hasta el borde del abismo.

Una curiosa «dentellada» en el borde del acantilado, atrae la mirada.

Las nubes vienen y van. El otoño se anuncia ya próximo, y no negaré que agradezco el tiempo fresco. En pleno verano el Sol aquí pega duro.

Y a veces llegamos a distinguir las paredes de la vertiente opuesta.

Impresiona contemplar cómo los bucólicos prados de montaña, donde pastan vacas y ovejas, se cortan en seco por encima de los abismos. Los quebrantahuesos se perfilan contra el cielo encapotado.

Los reyes de estos parajes.

Volvemos hacia la izquierda para coronar la cota, señalizada con un poste. Hacia el otro lado, un senderillo desciende a un collado cercano y nos permite entrever la continuación de nuestra ruta.

El sendero que desciende desde el Tozal de la Fueva hacia el colladito. El promontorio en primer plano puede pasarse por la cresta o bordeándolo por la derecha. Desde el otro lado, remontaremos el monte que aparece detrás.
Vista de la cima que remontaremos pronto, de 1950 m de altura.

Llegados a este collado de la Mallata Fueva (1789 m) observo que existe un camino que va directo hacia el aparcamiento, bordeando el Tozal de la Fueva por su lado oriental. Vaya por Dios, nos hemos regalado un poco de desnivel extra, la montaña es así. Eso que nos ahorramos a la vuelta. Mirando hacia adelante, las emociones se acumulan. Un nutrido rebaño de vacas pirenaicas pasta por encima de nosotros, junto al camino que crestea por la diminuta cota, y me es «sugerido» que casi mejor evitarlas. Vale, hay una traza que la bordea por la derecha, y además es prácticamente llana, así que vamos directos al collado siguiente, al pie de un cuestón bastante respetable.

La pendiente no bromea aquí.

«¿Y dices que son cuatrocientos metros de desnivel?»

«Sí, sí, nos queda poquito ya»

Quién me manda hablar…

La traza sube ahora por terreno herboso salpicado de piedras, pero sencillo. Jirones de niebla se desplazan veloces por encima de nosotros y a nuestra izquierda, ocultando la cumbre del Sestral Alto. Llegados a un hombro la pendiente cede algo y yo sigo tirando hacia arriba, hasta alcanzar el punto más elevado (1950 m, 2,4 km), 1 h 20 min después de la salida. La vista hacia la parte alta del cañón de Añisclo es muy hermosa. Las Tres Sorores siguen envueltas en nubes.

El alto cañón de Añisclo, desde lo alto de la cota a 1951 m.

Al escudriñar el camino que nos queda por delante me doy cuenta de que he vuelto a añadir metros de desnivel «innecesariamente». Debemos descender a un nuevo collado a donde llega un senderito que parece bordear la montaña que acabamos de escalar. Para llegar hasta allí hay que bajar atravesando un terreno kárstico algo complicado, con más roca que hierba, no muy apropiado para mis sandalias. Pero en diez minutos estamos, sin haberme dejado ninguna uña por el camino. Este lugar se llama Forqueta del Reguero, a 1880 m. Estamos al fondo de un entrante del cañón, y gozamos una vista muy cercana de sus paredes.

La verticalidad de las paredes que tajan la ladera de la cima que recién ascendimos.
Salto al vacío.

«Mira, ya es todo derecho hacia arriba. Son poco más de doscientos metros de desnivel».

El camino sube, primero bordeando la ceja del cañón hasta las inmediaciones de una cima apenas marcada, el Puntón Royo, de unos 2000 m de altura, y luego todo derecho por la ladera de hierbas altas hasta la cima.

Ruta desde la Forqueta del Reguero a la cima. Se indica la bajada desde la cota a 1951 m, durante la ida, y el sendero que la bordea, utilizado a la vuelta. Foto tomada durante el descenso.

En unos 15 minutos llegamos a las inmediaciones del Puntón Royo, donde nuevamente nos asomamos a los abismos.

La foto no llega a transmitir la sensación de profundidad que se tiene desde aquí.

La hierba chamuscada por el verano que declina nos acompaña durante los últimos minutos, mientras la niebla apenas nos permite intuir la cumbre ya próxima. Finalmente alcanzamos una depresión casi al borde del cortado, y entre las brumas adivinamos a nuestra izquierda la silueta del Sestral Bajo.

El Sestral Bajo.

Nuestro sendero gira a la derecha y ya con pendiente muy suave, culmina en una cima sorprendentemente anónima, marcada por un modesto hito. Pocos metros más allá la montaña se precipita hacia las profundidades.

Durante los últimos metros caminamos al borde del precipicio.
El hito cimero.

Cima del Sestral Alto (2101 m, 4 km), 2 h 10 min de camino. El dramatismo de los precipicios que adivinamos frente a nosotros contrasta con un plateau cimero sembrado de boñigas. No me lo esperaba, la verdad, pero no me constan noticias de vacas despeñadas en el Cañón de Añisclo, lo que demuestra que estos animalitos saben dónde no poner las patas. El problema es que ahora somos nosotros los que necesitamos encontrar un lugar para comer, es ya la una y media, y tenemos que ir a sentarnos en uno donde las vacas no hayan dejado huella…

El Sestral Bajo desde nuestro «comedor».

Así que nos acercamos peligrosamente al borde del acantilado y nos acomodamos a pocos metros del vacío para disfrutar de nuestro almuerzo. Objetivo número 1, que la mochila no termine en el cauce del Vellos, 1100 m más abajo. Perfecto, parece que lo logramos. Con el culo bien prieto y pegado a tierra, contemplamos el panorama mientras reponemos fuerzas. Ha merecido la pena llegar hasta aquí. Muy abajo diviso parajes bien conocidos, pero no sólo se trata de la vista en sí. Los buitres vuelan… por debajo de nosotros. Precioso, sí. Acojonante, también.

El vacío a nuestros pies.

Visto que el tiempo no tiene visos de aclararse y que las nubes nos siguen acompañando decidimos tras media horita que vamos tirando para abajo. Segundo gran objetivo, levantarse sin que una bajada de tensión súbita te haga perder inoportunamente el equilibrio… Y como habréis adivinado, también esto lo conseguimos. Volvemos a pasar por la cumbre y decidimos bajar más ceñidos al borde del cañón que a la subida, siguiendo una tenue traza.

Iniciando el descenso.

El ambiente tiene algo de película de Werner Herzog, entre Aguirre y Nosferatu. La soledad absoluta contribuye no poco a esta impresión. Una montaña «baja», una excursión «fácil», pueden sorprender con estampas de una intensidad poco común.

De vuelta en el sendero de subida. Al fondo se distingue todo el trazado de la pista vehicular usada en la aproximación, al pie del Castillo Mayor, el punto de partida y las dos cotas que hemos superado.

Terminamos por retomar el sendero que trajimos de subida. Resulta que la vista durante este camino de retorno tiene tanta o más amplitud que a la ida. El Puntón Royo, ahí abajo, nos marca el punto en que deberemos ceñir la curva que traza el acantilado.

Acercándonos nuevamente al borde del cañón.

Al pie de este promontorio nos detenemos nuevamente para disfrutar de la vista de la montaña que acabamos de subir.

El sendero pasando por Puntón Royo.
De ahí venimos.

La bajada hasta la Forqueta del Reguero es rápida y fácil. Desde aquí tomamos el sendero que rodea la cima de cota 1950 m, y en leve ascenso nos deposita a la mitad de la arista que habíamos remontado íntegramente a la ida. Rapidito, que nos queda poco. En este tramo, el más inclinado de la excursión, tenemos casi que bajar frenando.

Bajando hacia el promontorio «de las vacas». A la izquierda, el Tozal de la Fueva y el sendero que pasa por su cima. En bajada lo bordearemos por la derecha.
La Peña Montañesa, al otro lado del Valle del Cinca.

Las vacas ya se fueron, pero de todas maneras repetimos el flanqueo de la ida para llegar nuevamente al collado de la Mallata Fueva. Desde aquí tomamos el sendero que flanquea el Tozal, que no volveremos a subir. Hay algún tramo abrupto y ligeramente expuesto, pero pasamos sin mayor complicación para finalmente dar vista a las praderas de la Plana Canal. Ahora que estamos de vuelta, el tiempo parece querer mejorar y en lo alto de los Sestrales se despeja el panorama.

Vista atrás desde el caminito que flanquea el Tozal de La Fueva. Se distingue perfectamente toda la ruta de hoy.

Encontramos todo lleno de vacas y caballos con sus crías, y debemos atravesar la zona con cuidado para no espantarlos. Los pastores se afanan en sus tareas y un 4×4 baja al valle. Aquí la montaña todavía está viva, afortunadamente, pese a la intensa despoblación padecida por el Alto Aragón. En 4 h 20 min estamos de vuelta en el coche después de una bonita excursión a ritmo tranquilo.

Ya casi de vuelta en el coche. El ganado pasta en las inmediaciones de la pista. Se distingue bien la rotonda y la barrera que cierra el acceso a no autorizados.
Altimetría de la excursión.

Datos técnicos:

Longitud: 7,5 km i/v

Desnivel: 600 md+

Dificultad: Fácil, sin ninguna dificultad técnica. Atención con niebla en las inmediaciones del borde del cañón.

Equipo: De trekking. Bastones útiles. Algo de comida y ropa antiviento. Zapatillas con buena suela o botas.

Traza GPS: https://www.wikiloc.com/hiking-trails/sestral-alto-180566377

2 respuestas a “Sestral Alto (2103 m), el guardián de Añisclo.”

  1. Preciosa excursión y detallada reseña como siempre Víctor.

    Creo que el enlace a la ruta en Wikiloc no es el correcto. Saludos

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    1. Gracias Javier! Y bien visto lo del link, ya está corregido.

      Un saludo

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